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Miguel Ángel Martínez (68), médico, sobre el uso del móvil: «Está demostrado que ha bajado el coeficiente intelectual por dormir menos y hacer scroll por las noches»

El experto subraya que el descanso tendría que ocupar un lugar central tanto en la educación como en el entorno familiar

Miguel Ángel Martínez (68), médico, sobre el uso del móvil: «Está demostrado que ha bajado el coeficiente intelectual por dormir menos y hacer scroll por las noches»

Miguel Ángel Martínez | Instagram

El uso excesivo del teléfono móvil, especialmente durante las horas nocturnas, ya está teniendo consecuencias visibles entre adolescentes y universitarios. Así lo advierte el médico Miguel Ángel Martínez, quien asegura que la reducción de las horas de sueño provocada por las redes sociales y el consumo constante de contenidos digitales está afectando directamente a la memoria, la concentración y el rendimiento académico.

«El coeficiente intelectual medio ha empezado a bajar desde 2006 y 2007 porque la gente duerme menos horas y pasa gran parte de la noche mirando el móvil», sostiene el especialista. Según explica, cada vez son más los jóvenes que sacrifican horas de descanso por permanecer conectados hasta altas horas consumiendo vídeos, redes sociales o contenido viral.

Martínez considera que esta situación ya se está reflejando en el ámbito educativo. «En muchas universidades están bajando el nivel porque, si no, tendrían que suspender a mucha gente», afirma. A su juicio, el problema no reside únicamente en la dificultad de los estudios, sino en una pérdida progresiva de la capacidad de atención y aprendizaje entre las nuevas generaciones.

Dormir menos afecta a la memoria y al aprendizaje

El médico insiste en que el sueño tiene una función esencial en el funcionamiento cerebral, especialmente durante la adolescencia y la juventud. Según explica, mientras dormimos el cerebro consolida los conocimientos adquiridos durante el día, convirtiendo la memoria a corto plazo en memoria a largo plazo.

«Esas horas de sueño son fundamentales para que el cerebro archive y fije todo lo aprendido», señala. Por eso, advierte de que dormir cinco horas en lugar de ocho puede tener consecuencias importantes en la capacidad de retención y comprensión. Martínez sostiene que muchos jóvenes llegan agotados a clase después de pasar buena parte de la noche haciendo scroll en redes sociales. «La mayoría de adolescentes se queda mirando contenidos hasta la madrugada y luego no descansa lo suficiente», explica.

Para describir esta dinámica, el especialista recurre incluso a una referencia literaria de Don Quijote de la Mancha: «Como decía el Quijote, pasan las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio». Una comparación con la que ilustra cómo el cansancio acumulado termina afectando al rendimiento diario y a la capacidad de concentración.

Adolescentes con teléfonos móviles

El debate sobre el acceso temprano al teléfono móvil

El médico también pone el foco en la temprana edad a la que muchos menores reciben su primer teléfono «Muchos padres están comprando móviles de forma irresponsable a niños de 12 y 13 años», afirma. En su opinión, el problema no es únicamente el dispositivo, sino la ausencia de límites y supervisión en el uso que hacen de él.

Según explica, muchos adolescentes se llevan el teléfono móvil al dormitorio y permanecen conectados hasta altas horas de la noche, una rutina que altera gravemente los ciclos de sueño. Además, recuerda que la luz de las pantallas dificulta la producción de melatonina, la hormona encargada de regular el descanso.

En los últimos años, distintos estudios científicos han alertado sobre la relación entre el abuso de pantallas y el deterioro del rendimiento académico. La falta de sueño no solo afecta a la memoria, sino también a la capacidad de razonamiento, la atención sostenida y la gestión emocional.

Las declaraciones de Martínez coinciden con una preocupación cada vez más extendida entre profesores, médicos y psicólogos, que alertan del impacto que las redes sociales están teniendo en la salud mental y cognitiva de los jóvenes. El especialista insiste en que el descanso debería convertirse en una prioridad dentro de la educación y la vida familiar. «Dormir bien no es perder el tiempo, es una necesidad biológica para que el cerebro funcione correctamente», concluye.

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