Alicia González, psicóloga, sobre los límites en pareja: «La atracción de un tercero puede ser inevitable, pero lo que define tu relación es la acción que tomas con ella»
Las parejas duraderas se construyen con decisiones coohernetes y conscientes, no solo con emociones intensas

Alicia González | Instagram
La idea del amor romántico nos ha hecho creer durante años que, cuando encontramos a «la persona correcta», dejamos automáticamente de sentir interés por los demás. Sin embargo, la realidad emocional es bastante más compleja. Sentir atracción por otra persona mientras se está en una relación estable no significa necesariamente que el amor haya terminado. Según explica la psicóloga Alicia González, lo importante no es tanto la aparición de esa atracción, sino cómo se gestiona. Al final la atracción de un tercero puede ser inevitable, pero lo que define tu relación es la acción que tomas con ella. Una reflexión que pone el foco en los límites, el autocontrol y la responsabilidad afectiva dentro de la pareja.
¿Por qué una persona nueva siempre parece mejor?
Uno de los grandes conflictos aparece cuando alguien irrumpe en nuestra vida aportando una emoción que creíamos olvidada. Y es que esa sensación de novedad, intensidad y adrenalina puede resultar especialmente seductora cuando se lleva mucho tiempo en una relación.
Según Alicia González, la explicación es sencilla: la persona nueva siempre juega con ventaja. «La persona nueva siempre va a salir ganando, sobre todo si llevo mucho tiempo en mi relación, porque me va a aportar una intensidad que ya no tengo en mi pareja», explica.
La rutina, la convivencia y la estabilidad reducen inevitablemente el componente de novedad que sí aparece en los comienzos. Por eso, comparar una relación consolidada con la emoción inicial de alguien nuevo suele ser injusto. No se trata de que una conexión sea mejor que la otra, sino de que generan emociones diferentes.

La atracción no significa que hayas dejado de querer a tu pareja
Para la psicóloga, uno de los mayores errores es interpretar esa atracción como una señal inequívoca de desamor. Muchas personas, al sentirse atraídas por alguien ajeno a la relación, piensan automáticamente que ya no quieren a su pareja. Y ahí comienza el conflicto emocional.
Sin embargo, Alicia insiste en normalizar algo profundamente humano: podemos amar a nuestra pareja y, al mismo tiempo, sentir atracción por otra persona. «Si no acepto eso y aparece alguien que me atrae, pensaré que ya no quiero a mi pareja, cuando en realidad son cosas normales que pasan a los seres humanos», señala. Aceptar esa realidad permite gestionar mejor las emociones sin dramatizar ni convertir una atracción puntual en una crisis de pareja inmediata.
El verdadero límite está en las decisiones: autocontrol
La clave, según la especialista, no está en reprimir lo que se siente, sino en decidir conscientemente qué hacer con ello. Y ahí entra en juego el autocontrol. Alicia pone un ejemplo muy concreto: si detectas que alguien está despertando emociones que podrían poner en riesgo tu relación, lo más inteligente es evitar alimentar ese vínculo.
«Si Juan me invita a desayunar y me he dado cuenta de que es demasiado simpático conmigo, no voy a ir a desayunar con Juan porque no quiero ponerme en una situación que pueda hacer daño a mi pareja», explica. El mensaje es claro: poner límites también implica actuar en contra de lo que apetece en el momento. No porque exista maldad o falta de amor, sino precisamente porque se quiere proteger la relación.
Evitar el juego emocional
Otro de los errores frecuentes, según la psicóloga, es verbalizar constantemente la tensión emocional con esa tercera persona. Comentarios como «cuando estoy contigo me pasan cosas» o «prefiero no acercarme demasiado a ti» solo intensifican el vínculo y convierten la situación en una especie de historia prohibida. «Eso convierte un poco la relación en Romeo y Julieta», afirma Alicia González.
En lugar de romantizar la tensión, la especialista recomienda tomar distancia sin necesidad de dramatizar ni explicar en exceso. Mantener cierta prudencia emocional ayuda a no alimentar fantasías que después pueden resultar difíciles de gestionar.
En una cultura donde muchas veces se prioriza el impulso inmediato, la psicóloga reivindica una idea incómoda pero necesaria: querer a alguien también implica renunciar a determinadas situaciones. Eso no significa dejar de sentir, sino actuar con coherencia respecto a la relación que se quiere construir. «Si tú quieres seguir con tu pareja, tienes que tener autocontrol», resume. Porque, al final, las relaciones duraderas no se sostienen únicamente sobre emociones intensas, sino sobre decisiones conscientes tomadas incluso en momentos de duda o tentación.
