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Marian Rojas (42), psiquiatra: «Lo que más contribuye a envejecer de forma saludable son las relaciones sociales de calidad; la soledad se asocia con enfermedad»

Vivir más no basta si no se vive mejor. Y, para lograrlo, las amistades son uno de los ingredientes más valiosos

Marian Rojas (42), psiquiatra: «Lo que más contribuye a envejecer de forma saludable son las relaciones sociales de calidad; la soledad se asocia con enfermedad»

Marian Rojas | Instagram

La longevidad ya no se mide solo en años, también en calidad de vida. Dormir bien, hacer ejercicio y seguir una alimentación equilibrada siguen siendo pilares fundamentales para llegar a la madurez en buenas condiciones, pero cada vez más expertos coinciden en señalar otro factor decisivo, el vínculo con los demás. La psiquiatra Marian Rojas Estapé lo resume con claridad: «Lo que más contribuye a envejecer de forma saludable son las relaciones sociales de calidad; la soledad se asocia con enfermedad».

La especialista, una de las voces más influyentes en bienestar emocional y salud mental en España, insiste desde hace años en la importancia de cuidar la mente con la misma atención que el cuerpo. En un contexto marcado por el estrés crónico, la hiperconexión digital y el aislamiento emocional, sus palabras cobran todavía más relevancia.

La soledad afecta tanto a la salud mental como física

Numerosos estudios científicos respaldan esta idea. La soledad prolongada no solo afecta al estado anímico, también tiene consecuencias físicas. Una de las investigaciones más citadas es el metaanálisis elaborado en 2015 por la psicóloga Julianne Holt-Lunstad, de la Universidad Brigham Young, publicado en la revista Perspectives on Psychological Science. El trabajo analizó datos de más de 3,4 millones de personas y concluyó que el aislamiento social, la soledad y vivir solo aumentan significativamente el riesgo de mortalidad prematura.

Diversas investigaciones también han relacionado el aislamiento social con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo, ansiedad y depresión. De hecho, algunos expertos comparan el impacto de la soledad crónica con hábitos nocivos como el tabaquismo o el sedentarismo.

Amistades

La clave, según Rojas, no está en acumular contactos, sino en construir relaciones profundas, auténticas e íntimas. Tener personas con las que compartir preocupaciones, sentirse escuchado y mantener un entorno afectivo estable actúa como un potente regulador emocional y ayuda a que la persona se sienta protegidas. Y es que el cerebro humano, diseñado para la conexión social, responde de forma positiva a esos vínculos, reduciendo los niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés.

El papel de las relaciones de calidad en el envejecimiento saludable

Envejecer de manera saludable implica también conservar la sensación de pertenencia. Mantener amistades, participar en actividades comunitarias o reforzar los lazos familiares ayuda a preservar funciones cognitivas y emocionales. Las personas mayores con una vida social activa suelen mostrar mejores índices de bienestar psicológico y una mayor autonomía.

La psiquiatra española también advierte del riesgo de normalizar una vida acelerada y superficial. Y es que en una sociedad donde las agendas están saturadas y las interacciones muchas veces se limitan a mensajes rápidos o redes sociales, la conexión emocional real puede quedar relegada. Sin embargo, compartir tiempo de calidad, conversar sin prisas o sentirse acompañado continúa siendo una necesidad biológica y emocional.

Otro aspecto importante es que la soledad no siempre depende de estar físicamente solo. Muchas personas pueden sentirse aisladas incluso rodeadas de gente. Por eso, el concepto de «relaciones de calidad» resulta esencial. La diferencia la marca el apoyo emocional, la confianza y la posibilidad de mostrarse vulnerable sin miedo al juicio.

Los expertos en salud mental como Robert Waldinger, responsable del estudio sobre felicidad más largo del mundo realizado por la Universidad de Harvard, también destacan que cuidar las relaciones requiere dedicación. Igual que se entrena el cuerpo, los vínculos necesitan atención, escucha y presencia. Recuperar hábitos tan sencillos como llamar a un amigo, organizar encuentros familiares o participar en actividades compartidas puede tener un impacto significativo en el bienestar a largo plazo.

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