The Objective
Antonio Caño

Todo lo que cae con ZP

«Desde el Grupo de Puebla hasta Pedro Sánchez, todo lo que se sostenía bajo el halo de Zapatero está ahora en peligro»

Opinión
Todo lo que cae con ZP

Ilustración de Alejandra Svriz.

Muchos de los que defienden sus contratos con Análisis Relevante y su relación comercial con Julio Martínez, incluido él mismo en alguna ocasión, sostienen que Zapatero no tiene por qué ser el único expresidente al que no se permite ganar dinero. Tengo la impresión de que es una alusión a Felipe González, lo cual demuestra una enorme torpeza, puesto que González, que dejó el Gobierno con 54 años, se ha limitado después a ganar el dinero que se paga por el consejo de uno de los políticos con mejor reputación del país y, desde luego, sin conexiones con ninguna dictadura latinoamericana.

Tal vez no se refería a González o no sólo a él, pero es razonable pensarlo porque los celos hacia su antecesor socialista en la presidencia del Gobierno —a veces transformados en odio— explican gran parte de la conducta de Zapatero, incluidos muchos de sus principales errores, como el de Venezuela. No podía tener mayor motivación Zapatero por involucrarse en la política de ese país que la de contrarrestar y, a ser posible, oscurecer el protagonismo que González ha tenido siempre como crítico de los atropellos del chavismo, aunque es posible que, con el paso del tiempo, el interés de Zapatero en Venezuela se fuese haciendo algo más material.

Venezuela fue, en todo caso, el asunto con el que Zapatero consiguió notoriedad internacional en una época en la que su nombre era casi impronunciable en España, hasta en el propio PSOE. Venezuela lo convirtió en una estrella de esa izquierda populista que se dio a conocer como el Grupo de Puebla. Visita tras visita a Caracas, fue adquiriendo un perfil izquierdista que no se correspondía en absoluto con las medidas de rigor económico y recortes sociales que había tomado como presidente del Gobierno, pero que le permitió granjearse las simpatías de quienes valoran más la propaganda que los hechos, como Pablo Iglesias, que contribuyó mucho a subir a Zapatero a los altares de la extrema izquierda. Todavía hoy habla de él como un santo laico.

Todo eso cae de alguna forma con Zapatero porque hay que confiar en que Zapatero no caiga solo, sino que arrastre en su derrumbe a toda la farsa que se montó en torno a él. Y no hablo únicamente de Iglesias y la izquierda de Puebla. Sorprendentemente, quien recibió al nacer el apodo de «Bambi» —y no sólo por su apariencia de inocencia y mansedumbre— ha gozado de una enorme influencia en la política española en los últimos años, en los que se le atribuyen una erudición y visión estratégica desconocidas hasta ahora. No es exagerado decir que se había convertido en el expresidente con más poder del país.

Zapatero ha sido últimamente, por ejemplo, el referente intelectual del Grupo Prisa, que lo elevó a esa posición tras el golpe de timón de 2018, precisamente para remarcar la orientación izquierdista de sus medios de comunicación y su alejamiento —aquí está de nuevo— de Felipe González. Desde que Miguel Barroso, que había sido secretario de Estado de Comunicación con Zapatero y uno de sus más estrechos colaboradores, ejerció como uno de los principales cargos de Prisa, González no volvió a aparecer en El País, que, en cambio, recogió de forma prolija el pensamiento de ZP.

«El poder que fue ganando en Prisa se produjo de forma paralela al que iba adquiriendo en el PSOE de Sánchez»

Como es natural, el poder que fue ganando en Prisa se produjo de forma paralela al que iba adquiriendo en el PSOE de Sánchez. Aunque fue en el origen uno de los más feroces antisanchistas y uno de los más ardorosos susanistas, también fue el primero que rectificó en cuanto comprobó que Sánchez había conseguido imponerse. De la noche a la mañana, se convirtió en el principal baluarte de Sánchez, al que ayudó en sus negociaciones con los líderes de Podemos y con los independentistas catalanes, pues con todos ellos gozaba Zapatero de unas simpatías que todavía no se había ganado Sánchez.

A cambio, Sánchez lo encumbró como inspirador y guía del sanchismo, el Mao de su doctrina. Descolgó metafóricamente el retrato de González de las agrupaciones socialistas y mandó colocar en su lugar el de ZP. Todo grotesco y esperpéntico, pero, al parecer, de fácil consumo para la militancia. Desde entonces, socialistas y podemitas de distintas marcas hablan de Zapatero como un mesías, el profeta de la verdadera izquierda. Su verbo se convirtió en palabra divina y su obra se ponía como ejemplo de la dignidad y la honradez de la izquierda.

Todo esto también se cae con Zapatero. Toda la leyenda de rectitud moral e integridad de principios construida a su alrededor, cae con él. La mentira que un sector de la izquierda puso en circulación para acabar con la socialdemocracia y justificar el comportamiento de Sánchez también cae con él. La falsa versión de la historia que niega la reconciliación nacional, el pasado del PSOE y oculta el fracaso con el que acabó la gestión de Zapatero, también se desmorona con él. No caerá China, eso no, por mucho que este proceso judicial llegue a probar alguna actividad de lobista para ese país.

Se ha dicho muchas veces que Sánchez es obra de ZP. Yo no estoy seguro de que no sea al revés. Ambos, en todo caso, se han retroalimentado y el primero ha perfeccionado vilezas que ya se vislumbraban en el segundo. Por tanto, sería deseable que, por último, Sánchez también caiga con él. 

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