The Objective
Antonio Caño

Sobre Hernán Cortés y Díaz Ayuso

«La relación entre las naciones debe permanecer y ser fructífera al margen de los cambios de Gobierno que en cada una de ellas se produzcan»

Opinión
Sobre Hernán Cortés y Díaz Ayuso

Ilustración generada con IA.

La política exterior, más que ninguna acción de un estadista, tiene que estar orientada a la defensa del interés general y debe ser ejecutada con prudencia, calculando no solo el beneficio inmediato, sino las consecuencias a largo plazo. La relación entre las naciones debe permanecer y ser fructífera al margen de los cambios de Gobierno que en cada una de ellas se produzcan. El uso de la política exterior para satisfacer intereses políticos propios y de corto plazo es uno de los peores daños que un gobernante puede causar a una sociedad.

En ese sentido, la política que Isabel Díaz Ayuso ha desarrollado estos días con México es idéntica a la que Pedro Sánchez nos había mostrado antes con Argentina, Israel o Estados Unidos. Ambos actúan en el exterior pensando en su propio beneficio, en el refuerzo de su imagen personal y en busca de un mayor respaldo electoral. Ninguno tiene en cuenta el perjuicio que esa conducta irresponsable causa a las relaciones entre los países, que en ocasiones cuesta años poder reconducir.

De entrada, tengo dudas de que el presidente de una comunidad autónoma deba tener una política exterior. Mucho menos una política exterior autónoma, descoordinada y, frecuentemente, disidente de la del Gobierno de la nación. Eso vale para Cataluña, que lleva años gastando nuestro presupuesto en embajadas y viajes para promocionar la idea de un territorio distinto al español. Y vale también para Ayuso, que ha viajado más de 20 veces al extranjero desde que es presidenta de Madrid, incluido media docena de viajes a Estados Unidos.

No dudo de que alguno de esos viajes pueda estar justificado por la promoción de la región que gobierna, pero, por lo general, buscan más bien proyección personal y tienen escaso impacto en los países que visita: suele reunirse con figuras con las que sería más sencillo verse en Madrid y acaba haciendo declaraciones a periodistas españoles sobre asuntos relativos a la actualidad española.

La reciente visita a México ha superado todos los límites de la extravagancia y la irresponsabilidad. Viví varios años en México a finales de los años ochenta, lo he visitado muchas veces después y tengo la suerte de contar con amigos con esa nacionalidad, incluidos algunos políticos del pasado. Creo conocer algunas de las sensibilidades de esa nación, que, como todas, va lidiando con su conflictivo pasado lo mejor que puede. La conquista por los españoles y el papel de Hernán Cortés es, desde luego, parte central de ese pasado y ha sido siempre motivo de debate y polémica. Los mejores historiadores y académicos han estudiado su figura y han encontrado, como siempre que se hace ese ejercicio de forma rigurosa, claros y oscuros. Entre los estudiosos de Cortés destaca la obra del profesor José Luis Martínez, a la que me remito para opinar sobre el personaje.

Aunque no es historiadora, parece que Ayuso tiene su propio punto de vista sobre Cortés y lo ha expresado, en mi opinión de forma muy descortés, en su viaje a México. Uno puede estar a favor o en contra de la conquista española y sus efectos en México. Lo que no puede hacer un gobernante responsable es ir a un país a tocarle las narices con un asunto que despierta controversia y división, mucho más en este tiempo de fuerte polarización política. Estoy seguro de que muchos de los que han apoyado la audacia de Ayuso al defender a Cortés en México se hubieran subido por las paredes si la presidenta mexicana se hubiera desplazado, pongamos a Granada, para vapulear a los Reyes Católicos.

La obra de Cortés probablemente merece ser defendida, pero en el contexto adecuado, con los argumentos correctos y el propósito adecuado, que no puede ser otro que el de estudiar ese periodo de la historia para iluminar el presente. De ninguna otra forma puede usarse el pasado más que como un elemento de aprendizaje para mejorar el futuro. La historia es irremediable y, por tanto, reproducir batallas que ya fueron libradas solo sirve para desatar el odio y la confrontación estéril. Déjese de guerras culturales y ocúpese de facilitar la vida de los madrileños, que es su única misión.

«La conquista por los españoles y el papel de Hernán Cortés es, desde luego, parte central de ese pasado y ha sido siempre motivo de debate y polémica»

Mencionaba antes a la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, que disputa el trono del populismo a Ayuso y que, por tanto, ha aprovechado esta oportunidad que le ha brindado su colega para hacer ella misma política doméstica. Sheinbaum ha utilizado a Hernán Cortés en su particular batalla contra la derecha y lo ha convertido en un símbolo imperialista. Disparate contra disparate, como es natural.

El PRI, de donde procede la actual presidenta y origen del sistema político mexicano, era fundamentalmente una maquinaria de poder sin ideología, como el PSOE de Sánchez, más o menos. Ese vacío se llenó durante décadas con un impostado nacionalismo que incluía la exaltación de los héroes de la revolución y la independencia y los viejos mitos indígenas, así como la repulsa oficial de los conquistadores. La cosa siempre quedó en un plano más o menos teórico porque lo cierto es que los mexicanos, en su mayoría, aprecian a los españoles y tienen una magnífica impresión de nuestro país y de su capital. Tanto que, como todo el mundo sabe, el chotis más famoso fue compuesto en México por un mexicano que ni siquiera conocía Madrid.

Ese es el terreno en el que los políticos responsables deben actuar: el de las simpatías mutuas, las causas comunes y el entendimiento. Ahí seguro que se encontrarán intereses compartidos y negocios que beneficien a todos. Pero no la pelea de gallos que Ayuso ha provocado con su visita. Por el amor que siento por ese país tan maltratado por su propia clase política, me gustaría pedir a la clase política española, que últimamente tan inclinada parece, en la izquierda —Pablo Iglesias y su Canal Red— y la derecha, a pescar en el río revuelto de México, que se vaya elegantemente a la chingada.

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