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Pilar Sordo (60), psicóloga y escritora: «La felicidad no tiene que nada ver con la alegría ni con una emoción, sino con la ausencia de ruido y la serenidad»

LA experta da a entender que estar en paz con uno mismo vale más que estar permanentemente eufóricos

Pilar Sordo (60), psicóloga y escritora: «La felicidad no tiene que nada ver con la alegría ni con una emoción, sino con la ausencia de ruido y la serenidad»

Pilar Sordo | Instagram

A los 60 años, Pilar Sordo sigue defendiendo una idea que, en tiempos de hiperproductividad y optimismo obligatorio, resulta casi contracultural: la felicidad no consiste en estar alegre todo el tiempo. Para la psicóloga y escritora, uno de los grandes errores contemporáneos ha sido asociar la felicidad con la euforia permanente, como si vivir plenamente implicara mantenerse siempre contento, sonriente y motivado.

«La decisión de ser feliz es algo que se toma instante por instante», sostiene. Y esa afirmación cobra todavía más sentido cuando se atraviesan momentos difíciles, pérdidas, duelos o etapas de incertidumbre. Según explica, durante años se nos convenció de que la felicidad estaba directamente relacionada con la alegría, y eso generó una presión social agotadora. «Conectamos la felicidad con estar contentos y entonces creemos que solo vamos a ser felices si estamos contentos, y eso no es así», reflexiona.

La presión social de estar siempre bien

Esa búsqueda constante de satisfacción inmediata, de experiencias positivas y validación externa termina, según Sordo, alimentando un «vértigo social muy peligroso». La obligación de mostrarse bien, exitoso y permanentemente feliz ha derivado en una sociedad incapaz de tolerar la tristeza, el cansancio o el silencio. En un contexto dominado por la velocidad, las redes sociales y la necesidad de aparentar bienestar, la autora reivindica precisamente lo contrario: la pausa.

Para la especialista, la alegría es una emoción maravillosa, pero transitoria. Aparece y desaparece, como cualquier estado emocional. «Yo no puedo estar contenta siempre, pero sí puedo ser feliz todo el tiempo», afirma. Y en esa frase resume buena parte de su pensamiento. Porque, desde su punto de vista, la felicidad no depende de una emoción concreta ni de la ausencia de problemas, sino de un estado más profundo de equilibrio interior.

Ser feliz también en los momentos difíciles

Por eso insiste en que una persona puede estar triste y seguir siendo feliz. Puede atravesar un duelo, sentirse vulnerable o vivir una etapa compleja sin perder esa sensación íntima de plenitud. La felicidad, explica, no elimina el dolor humano, sino que permite habitarlo de otra manera.

Lejos del ruido exterior, Sordo sitúa la felicidad en un territorio mucho más silencioso. «Tiene más que ver con el silencio que con el ruido», asegura. No habla de un silencio literal, sino emocional. De la capacidad de encontrar calma en medio del caos, de respirar profundo y sentir que, pese a las dificultades, existe armonía entre el cuerpo, la mente y las emociones.

La serenidad frente a la cultura de la euforia

Su visión conecta con una creciente corriente de pensamiento que cuestiona la cultura de la positividad extrema. Cada vez más expertos en salud mental como Buena Ventura del charco, psicóloga sanitario, profesor universitario y autor del libro Hasta los cojones del pensmaiento positivo, alertan de los riesgos de negar emociones consideradas incómodas, como la tristeza o la frustración. Frente a esa tendencia, Sordo reivindica la serenidad como una forma mucho más realista y saludable de bienestar.

Hasta los cojones del pensmaiento positivo

La felicidad, en su discurso, no es un destino grandioso ni una meta espectacular. Tampoco una vida perfecta. Es, más bien, una construcción cotidiana. Una decisión consciente que se toma cada día, incluso cuando las circunstancias no acompañan. «Me parece que es una decisión, es algo que yo decido todos los días», concluye.

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