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Epicteto, filósofo griego, a sus 80 años: «Todo en la vida tiene dos asas, una por la que puede ser llevado y otra por la que no»

En esa pequeña pausa se juega buena parte de lo que somos capaces de construir con lo que la vida impone

Epicteto, filósofo griego, a sus 80 años: «Todo en la vida tiene dos asas, una por la que puede ser llevado y otra por la que no»

Epicteto | Inteligencia artificial

Hay frases que sobreviven siglos porque siguen explicando con precisión conflictos profundamente humanos. Una de ellas pertenece a Epicteto, filósofo griego del siglo I, cuya visión estoica continúa resonando hoy, especialmente en tiempos de incertidumbre emocional, ansiedad y sobreexposición al conflicto. Su reflexión es aparentemente sencilla, pero contiene una poderosa enseñanza sobre la manera en la que interpretamos la realidad: «Todo tiene dos asas, una por la que puede ser llevado y otra por la que no».

La frase aparece en el Enquiridión, una recopilación de enseñanzas prácticas del filósofo. Y es que Epicteto lo ejemplificaba así: si un hermano actúa de forma injusta, no conviene agarrar la situación por el «asa» de la injusticia, porque eso solo alimentará el resentimiento. En cambio, propone tomarla desde otra perspectiva: la de que es un hermano, alguien con quien existe un vínculo y una historia compartida. Solo así, decía, la situación puede «ser llevada».

La enseñanza no consiste en negar el dolor o justificar lo injustificable. Tampoco invita a resignarse. Lo que plantea es algo mucho más complejo y útil: elegir desde qué lugar mental enfrentamos aquello que nos ocurre.

El significado de «las dos asas», según Epicteto

La idea central de Epicteto conecta con uno de los principios fundamentales del estoicismo: no siempre podemos controlar lo que sucede, pero sí la interpretación que hacemos de ello. Y esa interpretación condiciona nuestra experiencia emocional. Dos personas pueden atravesar exactamente la misma situación y vivirla de forma completamente distinta.

Una puede quedarse atrapada en la frustración y la sensación de agravio; otra puede convertir esa misma experiencia en aprendizaje, transformación o incluso oportunidad. No se trata de optimismo ingenuo. El estoicismo nunca prometió vidas fáciles. Lo que propone es una forma más inteligente de sostener las dificultades.

La historia del periodista estadounidense William Seabrook ilustra con crudeza el impacto real de esta filosofía. Famoso cronista y escritor, Seabrook sufrió un alcoholismo severo que terminó llevándolo, en 1933, a ingresar en un hospital psiquiátrico, uno de los pocos lugares donde entonces podía tratarse una adicción.

En sus memorias, Asilo, relató el enorme conflicto que supuso ese proceso. Durante las primeras semanas mantuvo conductas autodestructivas, discutía con el personal y rechazaba las normas del centro. No mejoraba y estuvo a punto de ser expulsado. Todo cambió cuando encontró la cita de Epicteto sobre las dos asas. «Agarrré la otra asa y seguí adelante», escribió más tarde.

Asilo

A partir de ese momento dejó de ver el hospital como un castigo y empezó a contemplarlo como una oportunidad de recuperación. La transformación fue profunda. Incluso describió la sobriedad como una experiencia reveladora: «De pronto descubrí que estar sobrio era maravilloso, extraño y hermoso… Fue como si hubiera retirado un velo». La historia de Seabrook no demuestra que cambiar la perspectiva resuelva automáticamente todos los problemas. Pero sí evidencia algo importante: insistir en mirar la realidad desde el ángulo que solo genera sufrimiento rara vez produce resultados distintos.

Lo que dicen hoy los expertos sobre el poder de cambiar la mirada

Durante una charla de BBVA Aprendemos Juntos, el médico y divulgador Mario Alonso Puig recuperó una reflexión atribuida a Albert Einstein que conecta directamente con la idea de Epicteto. Según explicaba, la pregunta más importante que una persona puede hacerse es esta: «¿Vivo en un universo hostil o en un universo amigable?».

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Mario Alonso Puig, cirujano, conferenciante y escritor, formula la pregunta que, depende de nuestra respuesta, puede afectar directamente a cómo vivimos la vida: “¿Vivo en un universo hostil o en un universo amigable?”. #Vida #Psicologia #MarioAlonsoPuig #Felicidad #Aprendemosjuntos

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La cuestión, aparentemente filosófica, tiene consecuencias prácticas enormes. Porque la respuesta condiciona la forma de interpretar lo que ocurre alrededor. Quien percibe el mundo como un lugar hostil tenderá a ver amenazas constantes, obstáculos y desconfianza. Quien lo percibe como un espacio amigable, aun reconociendo las dificultades, será más capaz de detectar oportunidades, aprendizaje y posibilidades de crecimiento. Mario Alonso Puig sostiene que esa mirada influye directamente en cómo vivimos la vida, en las decisiones que tomamos y en nuestra capacidad para afrontar los desafíos. En el fondo, la reflexión vuelve al mismo punto: todo depende del asa que elegimos.

La perspectiva condiciona la manera de vivir

La enseñanza de Epicteto no pertenece únicamente al terreno filosófico. Hoy aparece de forma recurrente en la psicología moderna, especialmente en terapias centradas en la reinterpretación cognitiva, es decir, en la capacidad de modificar la manera en la que pensamos sobre una situación para reducir el sufrimiento que produce.

No significa negar los problemas ni fingir felicidad permanente. Significa preguntarse si existe otra manera de sostener aquello que pesa. Quizá una decepción pueda verse también como un límite necesario. Quizá un fracaso profesional esconda una redirección. Quizá una discusión no tenga que convertirse inevitablemente en ruptura.

Epicteto no prometía soluciones mágicas. Solo advertía de algo profundamente humano: muchas veces sufrimos no solo por lo que ocurre, sino por la forma en la que decidimos agarrarlo. Y entonces surge la pregunta inevitable: si el asa que hemos estado utilizando no funciona, ¿por qué seguir sosteniéndola?

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