Farsantes por la democracia
«Vamos, señora Sheinbaum, no venga a predicarnos democracia cuando usted y los suyos son los primeros que la vulneran»

Imagen generada con IA.
Hay muchas maneras de distraer la atención de los ciudadanos, en España y en otros países del mundo. Una de ellas ha sido la IV Reunión en Defensa de la Democracia, también llamada por algunos Cumbre Progresista por la Democracia, celebrada el fin de semana pasado en Barcelona.
No voy a hablarles sobre el conjunto de las jornadas, solo haré unas reflexiones sobre lo que se desprende de los términos democracia y progresismo en el discurso de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, junto con Lula, la principal jefa de Estado invitada por Pedro Sánchez al evento. Mi reacción al escucharla no ha sido de sorpresa, conozco México, sino de estupor ante tanta mentira.
Me ha recordado los discursos de Jordi Pujol en sus mejores tiempos, cuando se inventaba una historia de Cataluña, resaltando determinados pasajes, convenientemente deformados, y ocultando otros muchos que no le interesaba destacar. De ahí salía un relato totalmente falseado que demostraba cómo los antiguos catalanes habían sido un gran país en otros tiempos, pero la malvada España les había impedido seguir siéndolo, aunque tras tantos ataques indignos el pueblo catalán había resistido y al final vencería… si le votaban a él, por supuesto. En fin, demagogia y victimismo en estado puro, nacionalismo a tope en plan droga dura.
Sheinbaum hace más o menos lo mismo, adaptando naturalmente lo que haya que adaptar porque las circunstancias son distintas. Un gran elogio de su pueblo a través de una historia falseada y de una realidad actual que se debe ocultar.
Con el ritornello de «yo vengo de un pueblo», va desgranando las grandes cualidades, el heroísmo y la grandiosidad de este gran pueblo del que ella viene; los populismos siempre usan la misma palabra. Y ahí, sobre estas cualidades, caben todos los adjetivos: un pueblo trabajador, creativo, generoso, pacifista, solidario, humano… y fíjense —«ahí está el detalle», que decía el gran Cantinflas, el mejor pensador crítico de México, un ilustrado francés del siglo XVIII en el México del siglo XX—, cuyo origen está en las culturas de los pueblos originarios, es decir, los que poblaban aquellas tierras antes de la llegada de los españoles.
«Desde el siglo XVI al principio del XIX, en México, por lo visto, no sucedió nada importante, nada digno de ser mencionado»
De estos, por cierto, no habla: 300 años caen en el olvido. Desde el siglo XVI al principio del XIX, en México, por lo visto, no sucedió nada importante, nada digno de ser mencionado, nada que influya en la actualidad, no hubo progreso alguno, ni ciudades, ni iglesias, casas, mansiones, universidades, hospitales, tierras cultivadas, comercio, artesanía, industria… Nada. Esto «no conviene» mencionarlo, también lo decía Pujol, això no convé…
Pero a principios del XIX, un enorme territorio dependiente de España al que se denominó México se desligó de la metrópoli y se independizó. Ahí la presidenta invocó nombres de personalidades ilustres: Hidalgo, Morelos, Vicario, Josefa Ortiz, más adelante el gran Benito Juárez… Pero Sheinbaum no mencionó que en esta época EEUU arrebató a México lo que hoy son los estados de California, Texas, Nuevo México, Nevada, Utah y buena parte de Arizona, Colorado, Oklahoma, Kansas y Wyoming. En total, el 55% de lo que hasta entonces era México. Menos aún hizo alusión a que hubo pactos con EEUU para exterminar a los indígenas de estos territorios. Això tampoc convé... Y es que todos los nacionalistas son igualitos, mienten más que hablan.
Pero sigue la presidenta con sus cánticos patrióticos: «Una historia milenaria que no es pasado», que las culturas originarias transmiten «valores espirituales profundos», «estoy orgullosa de mi pueblo, de mi historia…» Bla, bla, bla… En el siglo XX es obligatorio referirse, naturalmente, a la Revolución, a Madero, Zapata, Villa, Carranza… después muchos vacíos —sólo una mención a Lázaro Cárdenas, que acogió a los exiliados republicanos españoles—, una referencia a Frida Kahlo, silencio sobre los muralistas, los escritores, los pensadores… para llegar a 2018 (a López Obrador) y a 2024 (a ella, simplemente a ella). Un buen repaso histórico nacionalista y sectario. La utilización de la historia para justificar la acción política: lo de siempre, agotador, pero lo de siempre.
«Una defensa de la democracia, en abstracto claro, con palabras vacías»
Y añadir Sheinbaum —la primera presidenta mujer, ello da una superioridad moral incalculable, eso señala un camino, según dijo— una defensa de la democracia, en abstracto, claro, con palabras vacías. Porque si tuviéramos que ir a la realidad democrática del México actual, deberíamos hablar de cosas muy desagradables: por ejemplo, del narcotráfico, que viene de lejos, claro, no tiene plena responsabilidad en ello la actual presidente, pero tampoco propone mejoras, sino lo contrario. Deberíamos hablar de la inseguridad pública, de la corrupción, la enorme corrupción. Y de tantas otras cosas que también vienen de lejos.
Pero de una que es nueva, absolutamente nueva, cuya responsabilidad es atribuible en exclusiva a López Obrador y a Sheinbaum, que atenta frontalmente contra el Estado de derecho y que facilitará sin duda que narcotraficantes, corruptos y demás delincuentes campen a sus anchas, más todavía que hasta ahora: la elección popular de los jueces, es decir, que los jueces dependan de los partidos o, lo que es lo mismo, acabar con la independencia judicial, la división de poderes y, en definitiva, con la democracia.
Vamos, señora Sheinbaum, no venga a predicarnos democracia cuando usted y los suyos son los primeros que la vulneran, peor todavía, que cambian las leyes para facilitar que los delincuentes la vulneren. ¿Es que son ustedes quienes quieren delinquir? Cuando cosas parecidas hicieron Orbán en Hungría o los hermanos Kaczyński en Polonia, lo atribuíamos a que eran de extrema derecha. Pero usted, y los demás que han participado en este foro, se proclaman de izquierdas, progresistas y luchadores por la democracia. A mí, sinceramente, tras tanta parafernalia, me parecen pura y simplemente unos farsantes.