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Fernando Savater desmonta la búsqueda de la felicidad constante: «El goce de la vida consiste en abandonar el placer para volverlo a gozar»

El filósofo español defiende que el verdadero placer solo existe cuando aprendemos a dosificarlo

Fernando Savater desmonta la búsqueda de la felicidad constante: «El goce de la vida consiste en abandonar el placer para volverlo a gozar»

Fernando Savater | TO

La búsqueda de la felicidad constante es un drama de nuestra sociedad. Las redes sociales, la publicidad e incluso la forma en la que hablamos del éxito nos hacen creer que disfrutar constantemente y sentirnos dichosos 24/7 debería ser lo normal. Pero no es así. Al menos así lo asegura el filósofo y escritor español Fernando Savater, conocido por sus obras sobre ética y educación, quien defiende que el placer continuo acaba perdiendo valor y que la felicidad no puede mantenerse de forma permanente.

El placer continuo deja de ser placer y se convierte en costumbre

Esta idea la traslada Savater, columnista en THE OBJECTIVE, especialmente en El jardín de las dudas, la novela publicada en 1993 en la que el escritor recupera pensamientos de Voltaire, uno de los filósofos más importantes de la Ilustración francesa del siglo XVIII, famoso por defender la libertad, la razón y el pensamiento crítico.

A partir de frases como «el goce de la vida consiste en abandonar el placer para volverlo a gozar», Savater reflexiona sobre cómo el ser humano necesita pausas, límites y momentos de espera para poder disfrutar realmente de las cosas. El filósofo aboga por una visión más realista de la felicidad, entendida no como un estado constante sino como momentos, los cuales aprendemos a valorar, precisamente, porque no duran para siempre.

La felicidad, para Fernando Savater

Fernando Savater suele insistir en que buscar «ser feliz todo el tiempo» es un error, ya que la felicidad permanente no solo es imposible, sino que además puede arruinar la capacidad de disfrute. «Un gran secreto del goce de la vida consiste en abandonar los placeres, manteniendo de esta manera la posibilidad de volver a encontrarlos», escribe Voltaire y recoge Savater en la mencionada novela, El jardín de las dudas, que fue finalista del Premio Planeta en 1993.

La felicidad no es un estado continuo; si lo fuera, dejaríamos de percibirla

El filósofo afirma que cuando el placer se consume o se disfruta sin pausa, acaba perdiendo intensidad y se convierte en costumbre. Por eso, alejarse temporalmente de aquello que disfrutamos no significa renunciar a ello, sino mantener vivo el deseo y la capacidad de volver a emocionarnos. De alguna manera, es precisamente la espera, la ausencia y la posibilidad de recuperarlo lo que hace que el placer conserve su valor.

Las reflexiones de Fernando Savater sobre la felicidad y la buena vida
Las reflexiones de Fernando Savater sobre la felicidad y la buena vida. Contacto

El disfrute deja de tener sentido cuando se convierte en rutina

Fernando Savater recupera esta reflexión de Voltaire porque encaja perfectamente con una de las ideas centrales de su pensamiento: el disfrute deja de tener sentido cuando se transforma en rutina permanente. Para el filósofo, vivir bien no consiste en estar continuamente satisfecho o entretenido, sino en conservar la capacidad de desear, esperar y volver a entusiasmarse con las cosas.

Quien pretende ser feliz a todas horas termina incapacitado para disfrutar

A lo largo de sus ensayos, artículos y entrevistas, Savater ha insistido varias veces en esta visión de la felicidad. Una de sus reflexiones más conocidas resume muy bien esa idea: «La felicidad no es un estado continuo; si lo fuera, dejaríamos de percibirla». Es decir, el ser humano solo puede reconocer el placer a través del contraste. Igual que no valoraríamos el silencio si nunca hubiera existido el ruido, tampoco podríamos apreciar la alegría si no existieran momentos de aburrimiento, espera, frustración o incluso tristeza.

Contra la obsesión por la felicidad permanente

«Quien pretende ser feliz a todas horas termina incapacitado para disfrutar», escribe Savater, quien critica la obsesión actual con la búsqueda del bienestar constante. Las terapias, la autoayuda, la presión por sentirse realizado siempre, la necesidad de optimizar cada experiencia… Todo esto, según él, acaba provocando lo contrario a la felicidad, pues desemboca, en la mayoría de los casos, en ansiedad, frustración, cansancio y una sensación de vacío permanente.

La vida buena no consiste en evitar todo sufrimiento, sino en encontrar motivos para que merezca la pena vivir

«El placer continuo deja de ser placer y se convierte en costumbre», añade Savater. Un pensamiento que conecta con Epicuro, quien defendía la importancia de disfrutar con mesura, ya que el exceso destruye la sensibilidad.

El filósofo Fernando Savater y sus reflexiones sobre la buena vida y la felicidad
Fernando Savater. TO

Por eso Savater apuesta más por las buenas conversaciones, la lectura, los grandes amigos, el deseo y el amor, el humor y, sobre todo, la curiosidad intelectual que conduce a querer saber más. Todas ellas son, según el filósofo, experiencias vitales para el ser humano que han de ser disfrutadas con calma (y sin excesos) para que conserven su valor.

La felicidad no es una obligación social

En varias entrevistas, Savater ha criticado la idea actual de convertir la felicidad en casi una obligación social: «La vida buena no consiste en evitar todo sufrimiento, sino en encontrar motivos para que merezca la pena vivir». Lo que el ensayista rechaza no es la felicidad en sí, sino la idea infantil y errónea de que uno puede sentirse dichoso siempre.

Para él, el aburrimiento tiene su función, la espera intensifica el deseo, la ausencia hace valiosa la presencia y la renuncia parcial (hacer pausas) permite seguir disfrutando. En el fondo, cuando Savater recupera la famosa frase de Voltaire, está defendiendo algo simple pero que, en muchas ocasiones, se nos olvida: que el placer necesita respiración, y que si nunca se interrumpe, el propio placer acaba siempre desapareciendo.

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