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Nuria Roure, doctora en medicina del sueño: «El error más común que genera ansiedad e impide quedarse dormido es, precisamente, querer buscar el sueño»

Una idea que señala una paradoja, cuanto más se busca el descanso, más se dificulta

Nuria Roure, doctora en medicina del sueño: «El error más común que genera ansiedad e impide quedarse dormido es, precisamente, querer buscar el sueño»

Nuria Roure | Instagram

Dormir bien no es una habilidad consciente ni una tarea que pueda programarse, sino un proceso fisiológico que, según los especialistas en medicina del sueño, se ve alterado precisamente cuando intentamos controlarlo demasiado. Así lo explicó la doctora en medicina del sueño Nuria Roure durante su participación en el programa BBVA Aprendemos Juntos, donde abordó uno de los errores más frecuentes en quienes sufren insomnio.

Roure lo resumió con una idea contundente «El error más común que genera ansiedad e impide quedarse dormido es, precisamente, querer buscar el sueño». Una afirmación que pone el foco en un comportamiento paradójico, cuanto más se persigue el descanso, más se aleja.

La diferencia entre quien duerme bien y quien no

La especialista describe una diferencia clara entre quienes duermen bien y quienes no lo consiguen. «Una persona con buen descanso suele responder de forma casi automática cuando se le pregunta por su rutina nocturna. Apenas puede identificar acciones concretas, simplemente se acuesta y se duerme. En cambio, en quienes padecen insomnio aparece una relación completamente distinta con la noche, cargada de anticipación, control y preocupación» afirma.

Según explicó durante la charla, la persona que duerme mal empieza a activar su ansiedad incluso antes de acostarse. A medida que avanza la tarde, surgen pensamientos anticipatorios sobre cómo será la noche. Esa inquietud no se detiene al llegar a la cama, sino que se intensifica. «El intento de controlar el sueño se convierte entonces en un esfuerzo mental constante, revisar sensaciones, calcular tiempos, buscar estrategias para dormirse antes» añade.

Según Roure, ese estado de hipervigilancia rompe uno de los principios básicos del sueño, la relajación no dirigida. El organismo necesita soltar el control para entrar en fases de descanso profundo, pero la mente, en estos casos, permanece en modo alerta.

La importancia de dormir bien

El reloj como detonante de ansiedad

Uno de los momentos más reveladores que describe Roure ocurre durante los despertares nocturnos. Es habitual abrir los ojos en mitad de la noche y mirar el reloj. Sin embargo, la interpretación de ese gesto cambia radicalmente según la relación que cada persona tenga con el sueño.

Para alguien que duerme bien, ver que son las tres de la madrugada puede incluso generar alivio, todavía quedan horas de descanso. En cambio, para quien sufre insomnio, ese mismo dato se convierte en un detonante de ansiedad.

Empiezan entonces los cálculos mentales, cuánto ha dormido ya, cuánto le falta, qué consecuencias tendrá al día siguiente la falta de descanso. Aparecen pensamientos anticipatorios sobre el rendimiento laboral, el cansancio o la capacidad de concentración. Esa cadena de ideas refuerza el estado de activación, justo lo contrario de lo necesario para conciliar el sueño.

La trampa de intentar controlar el sueño

Roure insistió en que este mecanismo es clave para entender por qué el insomnio se cronifica. No se trata únicamente de no dormir, sino de lo que ocurre alrededor del intento de dormir. La obsesión por lograrlo genera un estado de ansiedad que bloquea los sistemas naturales del sueño.

En este contexto, la especialista subraya una paradoja central, cuando más buscamos el sueño, menos lo encontramos. La explicación reside en que el descanso no responde a la voluntad directa, sino a condiciones de seguridad y relajación que el cerebro interpreta de forma automática. Convertirlo en una meta activa altera ese proceso.

Lo que coinciden otros expertos en medicina del sueño

Esta idea no es aislada dentro de la literatura científica. El neurocientífico Matthew Walker, autor de Why We Sleep, ha señalado en múltiples investigaciones que el sueño no puede forzarse y que el intento consciente de dormir suele activar sistemas de alerta en el cerebro, precisamente los contrarios a los que facilitan el descanso.

Why We Sleep

Desde la psicología clínica, el especialista Charles Morin, referente internacional en el tratamiento del insomnio, ha descrito un fenómeno similar al que denomina hiperactivación cognitiva. Según su enfoque, las personas con insomnio mantienen un nivel elevado de vigilancia mental durante la noche, alimentado por la preocupación constante por no dormir, lo que perpetúa el problema.

La intervención de Nuria Roure en BBVA Aprendemos Juntos y la coincidencia con otros expertos internacionales apuntan a una misma conclusión, el insomnio no solo se alimenta de la falta de sueño, sino del intento constante de controlarlo. Dormir, en este sentido, no es una acción que se persigue, sino un proceso que aparece cuando se reduce la vigilancia sobre él.

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