Luis Rojas Marcos (82), psiquiatra sevillano: «La autoestima puede entenderse como el sistema inmunológico de la conciencia personal y emocional»
Tener claro quiénes somos nos permite apoyarnos en nuestras fortalezas cuando la vida nos enfrenta a dificultades

Concepto de autoestima | Canva pro
Luis Rojas Marcos, a sus 82 años, mantiene intacta la claridad con la que lleva décadas explicando uno de los pilares invisibles del bienestar humano. El psiquiatra sevillano, reconocido por su trayectoria tanto en España como en Estados Unidos, resume su visión con una imagen poderosa: «La autoestima puede entenderse como el sistema inmunológico de la conciencia personal y emocional». La metáfora no es casual. Igual que el cuerpo necesita defensas para sobrevivir a virus y bacterias, la mente requiere un equilibrio interno que le permita resistir los golpes inevitables de la vida.
En un contexto social marcado por la incertidumbre, la sobreexposición digital y la comparación constante, la idea de la autoestima como escudo psicológico cobra una relevancia renovada. Rojas Marcos insiste en que no se trata de una cualidad superficial ni de una moda ligada al discurso de la autoayuda, sino de un mecanismo profundo que condiciona la forma en la que las personas interpretan lo que les ocurre. No es lo mismo enfrentarse a una adversidad con una percepción sólida de uno mismo que hacerlo desde la fragilidad.
Una fuerza secreta frente a la adversidad
Esta perspectiva se desarrolla con especial detalle en su obra más conocida sobre el tema, La autoestima. Nuestra fuerza secreta. En ella, el psiquiatra plantea que la autoestima actúa como un sistema de protección psicológica frente a la adversidad. Es decir, no evita que los problemas aparezcan, pero sí modula la manera en la que afectan. Una persona con una autoestima equilibrada no está exenta de sufrir, pero cuenta con más herramientas para procesar la frustración, el fracaso o la pérdida.

El origen de este «sistema inmunológico emocional» no es único ni lineal. Según Rojas Marcos, está profundamente influido por la infancia, la personalidad y las experiencias vitales. La infancia, en particular, juega un papel determinante. Las primeras relaciones, especialmente con figuras de apego, configuran una base sobre la que se construye la percepción de valía personal. Un entorno afectivo estable, donde el reconocimiento y los límites están equilibrados, favorece el desarrollo de una autoestima más resistente.
Infancia, personalidad y experiencias
Sin embargo, el psiquiatra también subraya que la autoestima no es un destino fijo. Las experiencias a lo largo de la vida pueden fortalecerla o debilitarla. Un éxito profesional, una relación significativa o incluso un proceso terapéutico pueden contribuir a reconstruir una percepción dañada. Del mismo modo, situaciones prolongadas de estrés, rechazo o fracaso pueden erosionarla si no se gestionan adecuadamente. En una línea similar se sitúa el psicólogo canadiense Nathaniel Branden, uno de los grandes referentes en el estudio de la autoestima, quien defendió que esta se construye de forma activa a través de la experiencia y la conducta consciente, y no como un rasgo inmutable e inamovible.
En este punto, la personalidad actúa como un filtro. Hay individuos con una mayor tendencia a la autocrítica o al perfeccionismo, lo que puede hacer más vulnerable su autoestima. Otros, en cambio, presentan una disposición más flexible, capaz de integrar errores sin convertirlos en una amenaza para su identidad. Para Rojas Marcos, entender estas diferencias es clave para evitar simplificaciones y discursos culpabilizadores.
Autoestima y resiliencia
Uno de los aspectos más interesantes de su enfoque es la relación entre autoestima y resiliencia. El psiquiatra defiende que una autoestima sólida no implica una visión inflada o irreal de uno mismo, sino una aceptación equilibrada de fortalezas y limitaciones. Esta aceptación permite afrontar los desafíos sin caer en el derrotismo ni en la negación. En otras palabras, no se trata de sentirse superior, sino de sentirse suficientemente válido.
En la actualidad, este planteamiento choca con una cultura que a menudo confunde autoestima con aprobación externa. Las redes sociales han amplificado la necesidad de reconocimiento inmediato, convirtiendo la validación en un indicador erróneo del valor personal. Rojas Marcos advierte de este riesgo: cuando la autoestima depende exclusivamente de factores externos, se vuelve inestable y vulnerable a cualquier cambio.
Frente a este escenario, el psiquiatra propone recuperar una mirada más interna. La autoestima, insiste, se construye a partir de la coherencia entre lo que uno piensa, siente y hace. No es una emoción pasajera, sino una estructura que se consolida con el tiempo. Cuidarla implica prestar atención al diálogo interno, revisar las expectativas y aprender a interpretar los errores como parte del proceso vital.
