Ana Ibáñez, neurocientífica: «Salir de un círculo vicioso negativo cuando estás hundido es posible si pones un límite de tiempo a lo que sientes»
No consiste en evitar emociones, sino en entrenar la mente para entender que ningún estado es para siempre

Ana Ibáñes | Instagram
La neurocientífica Ana Ibáñez lo tiene claro: una de las claves para salir de un círculo vicioso emocional consiste en enseñarle al cerebro que aquello que estamos viviendo no será eterno. Cuando atravesamos una etapa de estrés, ansiedad o tristeza profunda, la mente tiende a interpretar el malestar como un estado permanente. Y ahí, precisamente, empieza el problema.
«Nuestro cerebro no entiende de tiempos», explica la experta duranre una entrevista. Para él, cuando una situación nos duele o nos desgasta, esa sensación parece infinita. Es una reacción automática que tiene mucho que ver con la supervivencia y con la manera en la que el cerebro procesa las emociones negativas. El resultado es que acabamos atrapados en una especie de «agujero negro» mental del que cuesta salir.
¿Qué ocurre en el cerebro cuando estamos deprimidos?
La ciencia tiene una explicación para ello. Cuando una persona está deprimida, desmotivada o con niveles muy bajos de energía, el córtex prefrontal, la región cerebral encargada de la reflexión, la toma de decisiones y la capacidad de relativizar, pierde eficacia. En otras palabras, dejamos de tener perspectiva. «Cuando el córtex prefrontal no está activado porque no tiene suficiente energía, te hundes y piensas que esa situación puede durar indefinidamente», señala Ibáñez.
Es entonces cuando el cerebro entra en un bucle negativo. La persona siente que no podrá salir de ese estado, pierde motivación y, al no actuar, refuerza todavía más la sensación de bloqueo. Según la neurocientífica, romper esa dinámica requiere una acción consciente: poner un límite temporal al sufrimiento.
Poner fecha al sufrimiento ayuda a recuperar el control
Puede parecer un gesto sencillo, pero tiene un enorme impacto psicológico. Decirse a uno mismo «esto es una etapa», «esto acabará» o «ya he pasado otras veces por algo parecido y luego cambió» ayuda a recuperar perspectiva y reduce la sensación de amenaza constante.
«La idea de poner un límite en el tiempo de aquello que estamos sintiendo es algo que tenemos que hacer nosotros de forma consciente porque nuestro cerebro no lo va a hacer», afirma Ibáñes. La experta insiste en que el cerebro necesita referencias temporales para no caer en la sensación de agotamiento perpetuo.
Cuando la mente entiende que existe un final, disminuye la percepción de peligro y aumenta la capacidad para sostener el esfuerzo emocional. Y esa estrategia no solo sirve para afrontar momentos de tristeza o ansiedad, también se aplica en contextos de máxima exigencia, como el deporte de élite.
La técnica que también utilizan los deportistas de élite
Ibáñez trabaja con deportistas de alto rendimiento y asegura que esta técnica es fundamental para evitar el agotamiento mental. Pone como ejemplo a los tenistas profesionales que comienzan la temporada y se preparan para grandes competiciones como el Open de Australia. Y es que ante un calendario lleno de entrenamientos, viajes y presión competitiva, el cerebro puede interpretar el esfuerzo como interminable. Y ahí aparece el riesgo de saturación.
«Si ellos se dejaran llevar por el infinito del esfuerzo no serían capaces», explica. Por eso, el trabajo mental consiste en dividir el esfuerzo en fases concretas y enseñarle al cerebro que también habrá descanso. «Siempre hablamos de cuál es el periodo en el que vamos a ir a tope, pero también visualizamos cuándo va a llegar el descanso», añade.
La razón es sencilla: cuando el cerebro percibe que el esfuerzo no tiene fin, empieza a rebelarse. El cansancio aumenta, la motivación cae y aparecen señales de agotamiento físico y emocional. «Si no lo hacemos, el cerebro se mete en un esfuerzo continuo y entonces se vuelve más rebelde, te dice: ‘me estás quemando’».
Ese mecanismo no ocurre solo en el deporte. También aparece en el trabajo, en los problemas personales o en épocas de incertidumbre. Muchas veces el verdadero desgaste no proviene únicamente de la dificultad de la situación, sino de la sensación de que nunca acabará.

Por eso, una de las preguntas más importantes que podemos hacernos en momentos de estrés es: «¿Esto tiene fecha de finalización?». Según la experta, poner una fecha concreta ayuda al cerebro a tolerar mejor el esfuerzo y la presión. Saber cuándo termina un proyecto complicado, cuándo llegará un descanso o incluso visualizar cómo nos sentiremos después, reduce la percepción de amenaza.
Recordar que nada es permanente
La neurociencia demuestra que el cerebro necesita certezas para sentirse seguro. Aunque no podamos controlar todo lo que ocurre a nuestro alrededor, sí podemos darle una estructura temporal a aquello que estamos viviendo. Y eso cambia por completo la manera en la que procesamos el malestar
La propuesta de Ana Ibáñez no pasa por negar las emociones negativas ni por intentar mantener una actitud positiva constante. Se trata, más bien, de entrenar la mente para recordar que ningún estado emocional es permanente. Porque incluso en los momentos más oscuros, el cerebro necesita escuchar algo esencial: esto también pasará.
