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Derek Parfit, filósofo, ya lo dijo en 1984: «Lo que hace que una vida sea mejor no siempre coincide con lo que nos hace sentir bien en el momento»

Igual es mmento de asumir que el camino hacia una vida plena no siempre coincide con el de la satisfacción inmediata

Derek Parfit, filósofo, ya lo dijo en 1984: «Lo que hace que una vida sea mejor no siempre coincide con lo que nos hace sentir bien en el momento»

Derek Parfit | Inteligencia artificial

En una época marcada por la inmediatez y la búsqueda constante de gratificación, la reflexión del filósofo Derek Parfit resuena con una vigencia sorprendente. «Lo que hace que una vida sea mejor no siempre coincide con lo que nos hace sentir bien en el momento», escribió en 1984 en su obra fundamental Reasons and Persons. Más de cuatro décadas después, esa afirmación no solo mantiene su peso filosófico, sino que interpela directamente a una sociedad dominada por el placer inmediato y la lógica del consumo rápido.

Parfit, considerado uno de los pensadores más influyentes de la ética contemporánea, dedicó buena parte de su obra a cuestionar las intuiciones comunes sobre el bienestar, la identidad personal y la racionalidad. En Reasons and Persons, plantea una distinción clave entre aquello que produce satisfacción instantánea y aquello que, a largo plazo, contribuye a una vida verdaderamente valiosa. No se trata de una negación del placer, sino de una advertencia: la felicidad momentánea puede ser, en muchos casos, un espejismo.

La era de la gratificación instantánea

El contexto actual parece confirmar su diagnóstico. Las redes sociales, las plataformas de entretenimiento y el consumo digital han elevado la gratificación inmediata a norma cultural. Cada notificación, cada «me gusta», cada contenido efímero ofrece pequeñas dosis de placer que, acumuladas, generan la ilusión de bienestar. Sin embargo, investigaciones como las realizadas por la American Psychological Association y estudios publicados en revistas como el Journal of Social and Clinical Psychology han señalado que esta dinámica puede derivar en una sensación de vacío o insatisfacción persistente, especialmente en relación con el uso intensivo de redes sociales.

Reasons and Persons

En la misma línea, la psiquiatra española Marian Rojas Estapé ha advertido en múltiples intervenciones y publicaciones sobre el peligro del placer inmediato, al que vincula con una mayor dificultad para sostener la atención, regular las emociones y construir objetivos a largo plazo, subrayando que la búsqueda constante de gratificación rápida puede generar un efecto de «hambre emocional» que nunca termina de satisfacerse. Parfit anticipó este dilema desde la filosofía moral, mucho antes de que existieran los algoritmos que hoy moldean nuestra atención.

Sentirse bien no es lo mismo que vivir bien

La clave de su planteamiento radica en separar dos conceptos que a menudo se confunden: sentirse bien y vivir bien. El primero responde a estados emocionales pasajeros, condicionados por estímulos inmediatos, desde las redes sociales, la comida o el sexo. El segundo, en cambio, implica una evaluación más amplia, que incluye proyectos a largo plazo, relaciones significativas y coherencia con ciertos valores. En este sentido, la vida buena no siempre es la más placentera en cada instante, sino aquella que, vista en perspectiva, posee un sentido más profundo.

Decisiones incómodas pero necesarias

Este enfoque conecta con debates clásicos de la filosofía, desde el hedonismo hasta las teorías del bienestar basadas en preferencias o en la realización personal. Sin embargo, la aportación de Parfit introduce un matiz decisivo: la posibilidad de que nuestras intuiciones sobre lo que nos conviene estén, en ocasiones, equivocadas. Es decir, podemos desear cosas que no mejoran realmente nuestra vida, o evitar esfuerzos que, a largo plazo, serían beneficiosos.

La implicación práctica de esta idea es incómoda, pero relevante. Elegir lo que «nos hace bien» puede requerir renunciar a lo que «nos apetece» en el momento. Desde hábitos de salud hasta decisiones profesionales o afectivas, la tensión entre placer inmediato y bienestar duradero atraviesa múltiples dimensiones de la vida cotidiana. Parfit no ofrece una receta sencilla, pero sí una herramienta conceptual para repensar nuestras elecciones.

En un entorno donde la cultura del «ahora» parece imponerse, recuperar esta mirada resulta especialmente pertinente. No se trata de demonizar el placer, sino de situarlo en un marco más amplio. Como sugiere Parfit, una vida mejor no se mide únicamente por la suma de momentos agradables, sino por la calidad y coherencia del conjunto.

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