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Tal Ben-Shahar, escritor y profesor en Harvard: «Para saber qué tan feliz y fuerte es una persona, no mires su cuenta bancaria sino la calidad de sus relaciones»

Más allá del salario o la imagen pública,Shahar propone medir la riqueza en función de nuestros vínculos más íntimos

Tal Ben-Shahar, escritor y profesor en Harvard: «Para saber qué tan feliz y fuerte es una persona, no mires su cuenta bancaria sino la calidad de sus relaciones»

Tal Ben-Shahar, | Instagram

Durante años, la felicidad se asoció con el éxito económico, el reconocimiento profesional o la acumulación de bienes materiales. Sin embargo, para el profesor y escritor Tal Ben-Shahar, una de las voces más influyentes de la psicología positiva contemporánea, el verdadero indicador del bienestar es mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más profundo: la calidad de nuestras relaciones personales.

El académico, conocido por impartir uno de los cursos más populares de la Harvard University, resume esta idea en una frase que ha ganado relevancia en tiempos marcados por la hiperconectividad y el aislamiento emocional: «Para saber qué tan feliz y fuerte es una persona, no mires su cuenta bancaria sino la calidad de sus relaciones».

Las relaciones como base de la felicidad

Su planteamiento no es casual. A lo largo de su carrera, Ben-Shahar ha investigado cómo las conexiones humanas influyen directamente en la salud mental, la resiliencia y la percepción de satisfacción vital. En su libro superventas Happier: Learn the Secrets to Daily Joy and Lasting Fulfillment, el autor dedica varios capítulos a explicar que «las relaciones son la moneda definitiva de la felicidad».

Happier: Learn the Secrets to Daily Joy and Lasting Fulfillment

Según el experto, el dinero puede proporcionar comodidad y experiencias placenteras, pero sus efectos emocionales suelen ser temporales. En cambio, el apoyo emocional que ofrecen los vínculos cercanos actúa como un amortiguador frente al estrés, la ansiedad o las dificultades cotidianas. La diferencia, explica, está en la duración y la profundidad del impacto.

Ben-Shahar sostiene que las personas emocionalmente más fuertes no son necesariamente las que nunca atraviesan problemas, sino aquellas que cuentan con una red afectiva capaz de sostenerlas en momentos de vulnerabilidad. Amigos, pareja, familia o incluso compañeros de trabajo pueden convertirse en pilares fundamentales cuando aparecen la incertidumbre o el fracaso.

Esta visión coincide con numerosas investigaciones científicas sobre bienestar. Uno de los estudios más citados es el desarrollado durante décadas por la Harvard Study of Adult Development, considerado el análisis más largo sobre felicidad humana realizado hasta la fecha. Sus conclusiones apuntan a que las relaciones cercanas y de confianza son un factor mucho más determinante para la salud física y emocional que el nivel de ingresos o la fama.

El fenómeno resulta especialmente significativo en una época marcada por las redes sociales y la productividad constante. Aunque la tecnología permite mantener contacto permanente, cada vez más expertos alertan de que muchas personas experimentan una sensación creciente de soledad. Ben-Shahar diferencia entre estar rodeado de gente y sentirse verdaderamente acompañado. Para él, la felicidad no depende de la cantidad de contactos, sino de la autenticidad de los vínculos.

El peligro de medir el éxito solo en dinero

En Happier: Learn the Secrets to Daily Joy and Lasting Fulfillment, el profesor también subraya la importancia de dedicar tiempo a cultivar esas relaciones. Escuchar de manera activa, mostrar gratitud, compartir momentos cotidianos o expresar afecto son hábitos que, según afirma, fortalecen el bienestar emocional de forma más efectiva que muchos logros externos.

La idea desafía el modelo de éxito tradicional que durante décadas priorizó el rendimiento profesional por encima de la vida personal. Ben-Shahar no rechaza la ambición ni el progreso económico, pero insiste en que ambos pierden valor cuando se alcanzan a costa del aislamiento o el desgaste emocional.

De hecho, el autor advierte de que muchas personas descubren demasiado tarde que descuidaron los vínculos más importantes mientras perseguían metas materiales. «La felicidad, sostiene, no se encuentra al final del camino, sino en la manera en que compartimos el trayecto con los demás».

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