Luis Zamora, nutricionista: «Comer rápido, dormir poco y tener estrés te está engordando tanto o más como la propia comida que tomas»
El especialista, además, indica que se pueden hacer dietas equilibradas con menos comidas

Hombre comiendo pizza | Pexels
Comer de más y engordar pueden parecer dos realidades aparejadas. Sin embargo, a menudo infravaloramos una realidad paralela que importa más de lo que parece. No siempre es una cuestión de cantidad, sino también de cómo se hace y de, como hemos contado a menudo en THE OBJECTIVE, del círculo virtuoso que nuestro organismo persigue para que todo nos siente bien. O, en su defecto, del círculo vicioso que acaba suponiendo que todo nos siente mal.
Comer, la forma en la que lo hacemos y el sueño están bastante más relacionados de lo que parece. Puede que nos parezca ilógico, pero en conjunto tienen mucho que decir en la forma en la que ganamos peso. No es magia negra ni vudú, sino una realidad largamente constatada por la ciencia. De hecho, hay estudios que corroboran que las personas que comen más rápido, tendrían el doble de posibilidades de ser obesas que las que comen despacio.
Evidentemente, lo que se come importa de manera primordial. Una dieta rica en vegetales y con pocas calorías, por rápido que se ingiera, no elevaría nuestro peso de la misma forma que si nos alimentamos a base de grasas. La perogrullada conviene ponerla sobre la mesa, quizá nunca mejor dicho, porque engordar o coger peso es una cuestión de fondo y de forma.
Y así lo considera el nutricionista Luis Zamora, quien explica en sus redes sociales la vinculación de la ganancia de peso con otros factores como dormir mal o la salud mental. De hecho, insiste en que «un descanso insuficiente y el estrés son dos de los factores que más influyen en el aumento de peso», algo de sobra comprobado.
El sueño, un factor clave para entender cómo engordamos
Dormir o, mejor dicho, la duración del sueño y la forma en la que se descansa, influye en cómo reacciona nuestro organismo a coger kilos de más. Hay literatura científica que avala una realidad simétrica: se puede engordar tanto por dormir poco como por dormir demasiado.

Luis Zamora, además, advertía que «incluso comiendo lo mismo dos personas, en función de lo que duermen, el peso corporal es diferente». No es un tema menor. Sobre todo, porque viene vinculado a nuestras queridas hormonas. En especial las que tienen que hacer de termostato en este complejo mundo de la saciedad.
«Cuando dormimos poco, las hormonas que controlan el hambre, como la grelina, o la saciedad, como la leptina, se desajustan», indicaba el nutricionista. Cuando eso sucede, «tienes más hambre y menos sensación de saciedad, con lo cual también nos va a llevar a comer más de lo que necesitamos».
Dos caras de una misma moneda que tienen otro reflejo en esa abundancia. Para ello, también debemos entender que el eje intestino-cerebro está conectado. En cierto modo, cuando comemos, el intestino empieza a mandar información al cerebro, pero no es automática. Al comer, vamos llenándonos, pero esa señal no es automática, sino que el cerebro la va captando poco a poco, para comprobar nuestra saciedad. Pero si comemos muy rápido, la señal tarda en producirse y nos damos el gran atracón.
Luis Zamora lo sintetizaba así: «Desde que la comida llega al estómago, hasta que el estómago da la señal al cerebro de saciedad, pasan 20 minutos». Una auténtica eternidad si engullimos en vez de comer, pero «si comes despacio, sin distracciones y masticando, no comerías tanto». Por eso cree que «si tú en esos 20 minutos estás comiendo súper rápido, vas a comer dos y tres veces más de lo que a lo mejor comerías si lo haces despacio».
Comer mal, dormir y engordar: tres hermanas mal avenidas
En ejemplos con poca disciplina alimenticia, lo más probable que suceda es que al intentar saltarnos comida para corregir ingestas. Lo alertaba el propio Zamora, desmitificando primero aquello de hay que hacer cinco comidas al día, ejemplificando que «ya sabemos que eso no es así» y que, sobre todo, «se pueden hacer dietas equilibradas con menos comidas», pero también «con más comidas».

No obstante, indicaba que «tiene todas las papeletas aquella persona que se salta una comida» para la ganancia de peso. De tal modo, alertaba de esa realidad compensatoria. Ponía por caso «lo típico de ‘no ceno’ para que, cuando llegue la siguiente, tengas tanto hambre que comas el doble o el triple».
Motivo por el que puntualizaba que «cuando tienes mucho hambre, no piensas». Algo que nos suena de sobra, evidentemente. «Por eso siempre se dice, no vayas con hambre a la compra, porque compras todo… O no vayas a un restaurante con muchísimo hambre, porque vas a coger la carta, te va a gustar todo y vas a pedir muchísimo», catalogaba. Una realidad compleja de llevar a cabo, pero plausible. Por eso, hay que recordar que no solo importa lo que comemos, sino también cómo lo hacemos o nuestra buena relación con la cama.
