The Objective
Marcos Ondarra

El que pueda mamar, que mame

«Volverán las oscuras golondrinas, que los ‘pedretes’ seguirán piando: piando contra la prensa libre, contra la Justicia, los agentes de investigación y la democracia»

Opinión
El que pueda mamar, que mame

Javier Ruiz en 'Mañaneros 360'. | TVE

De un tiempo a esta parte, ante cada noticia crítica o acción judicial contra el Gobierno de Pedro Sánchez, la Brunete Pedrete rescata las palabras de José María Aznar, «el que pueda hacer que haga», en llamamiento a una firme oposición, para deslizar que periodistas, jueces y/o agentes de la UCO y de la UDEF estarían perpetrando un golpe de Estado blando, utilizando tácticas como el lawfare (guerra judicial) o campañas mediáticas de desinformación. La estrategia está ya algo manida, pero volverán las oscuras golondrinas, que los pedretes seguirán piando: piando contra la prensa libre, contra la Justicia, las acusaciones populares, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y la democracia, en definitiva.

Esta ha vuelto a ser, sorpresa, la respuesta a la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, fundamentada en un auto de 85 páginas que, como ha explicado la abogada Guadalupe Sánchez, goza de indicios «muy sólidos», y que ha cerrado la boca al mismísimo Gabriel Rufián cuando se lo ha(n) leído. Pero la motorizada mediática, que sería incapaz de interpretar un texto legal aunque se les ilustrara con viñetas y bocadillos, ha concluido que es todo muy burdo, y que ya están los fachas con toga tratando de derrocar a un gobierno democrático.

Les explico el ciclo del bulo: se atribuye la imputación a una querella interpuesta por algún seudosindicato de «ultraderecha» —sintagma absurdo y vacío—, basado en «recortes de prensa» (como comenzó el Watergate y tantos otros escándalos de corrupción), y utilizado por magistrados malvados que tienen la abyecta intención de combatir la corrupción de los suyos. A partir de ahí, desfilan catedráticos en Prostitucional para cacarear una conclusión prestablecida: lawfare.

Hay una consigna no escrita (o sí, vete tú a saber) que dice que «el que pueda mamar, que mame». Lo vimos con el masaje tailandés con felación a dos manos que Jordi Évole realizó en prime time al ex fiscal general del Estado, en un programa que, en otra época, se hubiera emitido con dos rombos, y lo vimos con RTVE, que, en un homenaje a Goodbye Lenin, dedicó programas enteros a una agresión a Begoña Gómez por parte de Vito Quiles que no se produjo, el día en que Víctor de Aldama cantaba la Traviata en el Supremo. La democracia está en peligro, pero no porque nos gobierne una supuesta organización criminal, sino porque un reportero persiga a la tetraprocesada para hacerle unas preguntas y termine recibiendo un charoleón.

«No descarto que en los próximos días circulen artículos sobre el número de DNIs que posee el juez Calama, un supuesto intento de magnicidio por parte de la UDEF o alguna agresión falsa que justifique horas de cabestrillo en TVE»

Con la imputación de Zapatero ha sucedido un poco lo mismo, claro. Hemos oído y leído que el auto «es un disparate», que «es muy burdo», «una cacería con guion escrito» que pretende que nadie «se atreva a hacer política en el futuro si no está alineado con la derecha». Hay quien arguye que algunas ratas se han tirado del barco, como advertí hace ya un año, pero todavía quedan los sospechosos habituales.

Son los que en 2024 firmaron un manifiesto contra el «golpismo judicial y mediático» por informaciones que apuntaban a personajes que están condenados o al borde de la condena. Uno podía pensar que los antecedentes les harían ser más comedidos, pero, al contrario, ahora van a calzón quitado. Con la chorra fuera, que dice Manuel Llamas.

Visto lo visto, es más que probable que en los próximos días veamos publicados artículos sobre el número de DNIs que tiene el juez José Luis Calama o sobre un intento de magnicidio por parte de la UDEF, así como una agresión falsa que justifique un nuevo teatrillo del cabestrillo y hasta la presentación a bombo y platillo de una nueva herramienta contra el hodio. Con hache y con cargo al contribuyente.

La macchina del fango, como la entendía Umberto Eco, se dirigía contra magistrados que investigan la corrupción (como en la época de Tangentopoli, el marco histórico del libro): la idea es que, si no puedes atacar directamente a un juez, lo embarras con fango para que pierda credibilidad ante la opinión pública. Esto es, te inventas que tiene dos DNI o que ha escrito un profuso auto de 85 páginas en base a una entrevista de dos minutos en Horizonte, de Iker Jiménez. Y ya estaría.

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