The Objective
Marcos Ondarra

Cómo expulsar definitivamente a Vito Quiles del Congreso

«Si los periodistas parlamentarios quieren acabar con los ‘agitadores ultras’ solo deben comenzar a hacer preguntas incómodas, así les dejarán sin trabajo»

Opinión
Cómo expulsar definitivamente a Vito Quiles del Congreso

El periodista Vito Quiles (i) y el secretario general del Partido Popular, Miguel Tellado (d), a su salida de una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados. | Gustavo Valiente (EP)

La gran lacra del periodismo parlamentario no son los «agitadores ultras» (sintagma absurdo para referirse a los reporteros tocapelotas de toda la vida), sino los palmeros y las pal(o)meras aglutinados en la Asociación de Periodistas Pedretes (APP). Estos últimos, los guardianes de las esencias periodísticas, ostentan el honor de haber premiado por su relación con la prensa a José Luis Ábalos, mientras que Vito Quiles, el joven reportero que «denigra la profesión», ha sido el único que le ha hecho las preguntas pertinentes que los appesebrados no han tenido a bien hacerle en estos últimos cinco años.

Y ahí está todo. Podríamos ponernos dignos con las formas en la Cámara Baja si los políticos predicaran con el ejemplo y, sobre todo, si todos los periodistas acreditados cumplieran con el fondo de su trabajo; si, con las exquisitas formas que reivindican, hicieran las preguntas pertinentes a los políticos y se plantaran cuando se las deniegan a otros colegas. Siempre será mejor que el periodismo peque por exceso que por defecto. Los agitadores ultras no son los periodistas que merecemos, pero sí los que necesitamos cuando el resto se dedica a pastelear con Mertxe Aizpurua y a birrear con Gabriel Rufián en horario laboral.

Hace mucho que no voy por el Congreso, por salud mental y porque mi labor periodística no lo requiere, pero la última vez que pululé por esos pasillos vi cosas que vosotros no creeríais, que diría el replicante de Blade Runner, como a Antonio Maestre transverberar cuando Yolanda Díaz le pasaba la mano por el lomo o a las grupis preguntar a Óscar Puente por el último concierto de Taylor Swift, y esto por parte de quienes negaron el saludo a Ketty Garat y hablaron por encima de ella. Sé de buena mano, en definitiva, que el desprecio a los colegas que no se han bajado la APP es directamente proporcional al mamoneo que se gastan con los políticos quienes sí se han acreditado en el palmerismo.

Las acusaciones contra Vito, un chaval al que le han hecho mobbing desde el primer día, son ridículas: grabar en «zonas restringidas» y un supuesto boicot a las ruedas de prensa. Quienes denuncian esto último no dicen que ese boicot ha sido inducido por el PSOE y sus socios parlamentarios, que se niegan sistemáticamente a concederles el turno de preguntas porque no les reconocen como periodistas. Ese es el marco que han comprado, y que han permitido que se plasme en el Reglamento: en lo sucesivo, los políticos son quienes quitan y ponen la etiqueta de periodista. Los lobos cuidando de las ovejas, que balan de emoción tras haber entregado las llaves de la granja.

«Del mismo modo que Desokupa existe porque la ley protege al infractor, los ‘agitadores ultras’ están en el Congreso porque los periodistas parlamentarios hace tiempo que dejaron de fiscalizar al poder»

¿Qué se creen Antonio Maestre o los reporteros de Canal Red que sucederá cuando Vox gobierne? Esto no va de Vito Quiles, ni de Bertrand Ndongo, sino de la libertad de prensa. La prueba del algodón es que el Gobierno de España, la verdadera máquina del fango, ha salido a celebrar esta decisión, porque «señalar no es informar» y demás consignas vacías para mentes con las neuronas en cabestrillo.

El periodismo se basa precisamente en señalar: señalar la corrupción, las mentiras y los excesos del poder. Les concedo, eso sí, que no consiste en señalar si se refieren a señalar a periodistas, jueces y agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, precisamente los únicos contrapesos de ese poder que han dejado de fiscalizar. Pero en eso intuyo que no estaremos de acuerdo.

Del mismo modo que Desokupa existe porque la ley protege al infractor, los «agitadores ultras» aparecen en el Congreso de los Diputados porque los periodistas parlamentarios hace tiempo (al menos, desde que gobierna Pedro Sánchez) que dejaron de fiscalizar al poder político.

Para acabar con los «agitadores ultras», los periodistas parlamentarios deberían empezar por no aceptar que los jefes de prensa repartan a su antojo los turnos de preguntas, y hacerlas un poquito más incisivas. De ese modo, dejarían en fuera de juego a Vito Quiles y cía. en el Congreso. Pero quieren expulsarlos precisamente porque retratan su dejación.

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