APP, a pedir perdón
«El Tribunal Supremo juzgará a José Luis Ábalos, pero la Historia hará lo propio con los periodistas pedretes, acreditados en el Parlamento y en el servilismo»

Ketty Garat, periodista de THE OBJECTIVE.
En 2022, la Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP) le concedió el premio a «Mejor relación con la prensa» a José Luis Ábalos. El exministro se había querellado contra Ketty Garat, que pasaba en aquel momento por un embarazo de riesgo, y fue citada a declarar a los ocho meses de gestación. Eso no impidió que los periodistas parlamentarios, acreditados en el servilismo y en el feminismo de boquilla, le dieran el premio al putero, que se enfrenta ahora a 24 años de prisión por las informaciones de la periodista.
En ese episodio, que anida en Todos los hombres de Sánchez, está todo, todo lo que está mal en este oficio comatoso que es el periodismo, vivo aún por gente como Ketty, en donde la gallardía te granjea penas de telediario, y la docilidad te da acceso a actos con canapés y tertulias de cámara de eco muy bien remuneradas con cargo al contribuyente.
El capítulo que Ketty dedica al gremio no tiene desperdicio, aunque revuelva la bilis de los honrados, porque documenta quiénes estuvieron en el lado incorrecto de la Historia (perdón por la mayúscula), entre los que se encuentran palmeras, pedretes y sicofantes, y ahí no podía faltar Risto Mejide. El muy chuloputas se cree Kapuściński, pero Ketty recuerda aquella infame entrevista en la que Ábalos estaba cómodo, demasiado cómodo, como si estuviera con una pilingui de las que Aldama le proporcionaba y Mejide, con sus impuestos, le pagaba. Acaso porque no fue una entrevista, sino un masaje tailandés con final feliz.
Entre las perlas que Ábalos soltó ante la aquiescencia de Mejide («siempre fui escrupuloso; lo mío me lo pago») destaca una que se comenta sola:
—¿Alguna vez has pagado por sexo?
—Yo, afortunadamente, no he necesitado recurrir a eso y, entre otras cosas, te diré: no me produce ninguna satisfacción saber que están por mí solo por dinero… He sido muy corresponsable en todas las relaciones, pero en todo… Y he ayudado a mucha gente, pero de ahí a un sexo tarifado, no me gusta.
«Los periodistas que menospreciaron a Ketty Garat en tertulias, le retiraron el saludo en el Congreso, le ignoraron en los corrillos y hablaron por encima de ella cada vez que empezaba una frase, son los que llaman ‘acosador’ a Vito Quiles»
Aquella entrevista figura ya en los anales de la infamia televisiva, como todos aquellos programas que Risto Mejide dedicó a Ketty Garat, a la que, entre broma y broma, y entre las risas de sus pelotilleros, le negó hasta la condición de basura: «La basura tiene una característica que tú no tienes: la basura no miente ni engaña». Dice Ketty que esos ataques no se hubieran producido hacia un hombre, y no lo sé, pero sí tengo claro que no se hubieran producido hacia una mujer progresista.
Por el libro circulan colegas de todo pelaje, de izquierda a derecha, de pequeñas y grandes cabeceras, que salieron en tromba a matar al mensajero. Esos periodistas le menospreciaron en las tertulias, le retiraron el saludo en el Congreso, le ignoraron en los corrillos y hablaron por encima de ella cada vez que empezaba una frase. Paradójicamente, son los mismos que ahora tildan de «acosador» a Vito Quiles por hacer el trabajo, con formas más o menos criticables, que ellos llevan sin hacer desde que cataron las mieles de la subvención.
Muchos de ellos forman parte de la Asociación de Periodistas Parlamentarios, la APP, que haría bien en relanzarse como Asociación de Periodistas Pedretes o Agrupación de Palmeros de Pedro, o directamente pedir perdón, entregar las plumas y disolverse. Nadie, si acaso Mertxe Aizpurua o Patxi López, lo lamentaría.
Estos días, mientras los verdaderos «agitadores ultras» señalan a los magistrados de la Sala Segunda, al estilo Egin, los periodistas pedretes, acreditados en el servilismo, se rasgan las vestiduras porque Vito Quiles persigue a Begoña Gómez, la tetraprocesada, para hacerle una pregunta sin respuesta posible. Será el Tribunal Supremo quien juzgue a José Luis Ábalos, pero la Historia hará lo propio con todos ellos.