The Objective
Santi González

De Puente a Puente

«Puente pedía explicaciones a Moreno en el hemiciclo, mientras la bancada del PP pedía su dimisión. La culpa fue del 112. O del chachachá, vayan ustedes a saber»

Opinión
De Puente a Puente

Ilustración de Alejandra Svriz

Ayer era miércoles y, por ello, se celebraba en el Congreso de los Diputados la semanal sesión de control al Gobierno. Ayer también se manifestaron frente al Congreso víctimas del accidente de Adamuz, que dejó 46 fallecidos y 292 heridos. Entre los manifestantes se encontraba María Eugenia Tebar, una víctima que acudió en silla de ruedas y que perdió a su marido aquel 18 de enero en que se produjo el accidente. El matrimonio viajaba en el Aryo de Málaga a Madrid, después de pasar un fin de semana en la ciudad andaluza. El marido falleció en el acto y ella quedó malherida, con la pelvis rota por tres lugares. Sus reivindicaciones son sencillas: pide al Gobierno que dé la cara, que diga la verdad, que deje de esconder pruebas y que pida perdón a las víctimas. Ninguna de las dos circunstancias contó con la presencia en la Cámara de Pedro Sánchez, que se encontraba en China junto a su casi procesada esposa. Por cuatro delitos, presuntos, que no se me olvide lo de presuntos.

No tienen costumbre. El senador Hiram Johnson sentenció durante la Primera Guerra Mundial que la primera víctima de la guerra es la verdad. En España no tenemos ninguna guerra, salvo que demos a la palabra un significado metafórico, pero, analógicamente, deberíamos decir que la primera víctima del sanchismo es la verdad. El fundador del régimen mintió al plagiar una tesis doctoral que no hizo, mintió al falsificar unas primarias que no ganó, mintió al basar su moción de censura contra Rajoy en una sentencia preparada ad hoc por su cuate José Ricardo de Prada, que incluyó graciosamente en la sentencia un par de párrafos en los que atribuía al Partido Popular la financiación ilegal que permitió al virtuoso Ábalos levantar el discurso de la necesaria regeneración de la vida pública española.

Algún tiempo después, la Sala Segunda del Tribunal Supremo, presidida por Manuel Marchena, corrigió por unanimidad dicha sentencia, anulando los dos párrafos del juez De Prada. Mintió con la ocultación de que él mismo había sido beneficiario del negocio de explotación de carne humana que tenía su suegro, Sabiniano, y que le permitió a él y a su mujer vivir en algunos de sus domicilios antes de trasladarse a la Moncloa. Era una verdad evidente para todo el mundo, aunque no se hizo oficial hasta que el jefe de la oposición le hizo la tremenda pregunta en el Congreso: «¿Pero de qué prostíbulos ha vivido usted?», lo que le calificaba como partícipe a título lucrativo de los negocios que su suegro compartía con sus tíos políticos, los hermanos de Sabiniano. La pregunta de Feijóo, si tiene una respuesta concreta, haría del presidente del Gobierno un proxeneta, según la definición única del Diccionario de la Real Academia: «Persona que obtiene beneficios de la prostitución de otra persona».

A partir de todos estos precedentes, las mentiras se encadenaron solas, una detrás de otra: la cátedra de Begoña Gómez, que no podría haber sido alumna del máster que impartía por falta de titulación; su intervención en negocios con empresarios que se beneficiaron de ayudas millonarias acordadas por el Gobierno que preside su marido. Y de ahí para abajo, todo se puso a tono. El ministro de Transportes, Óscar Puente, un tipo que atesora en proporciones muy armónicas el sectarismo agresivo y la zafiedad, no dijo una sola verdad en sus comparecencias para explicar el accidente de Adamuz. Otra cosa que no vimos venir fue que un ministro del Gobierno de España pudiera llamar El Ojete a este medio, creyendo que con ello revelaba ingenio.

Hemos visto a las víctimas, bajo varias docenas de paraguas, enarbolando una pancarta en la que se reclamaba «Memoria, verdad y justicia». Tenía razón María Eugenia Tebar en su emplazamiento a Puente. Ni Óscar Puente ni su «puto amo» acudieron al funeral que se celebró en el Palacio de los Deportes Carolina Marín de Huelva. Después hemos sabido que un informe de la UCO afirmaba que «la vía estaba rota desde 22 horas antes del accidente y que el sistema no alertó de esta rotura porque no estaba preparado para ello por la falta de fiabilidad». Puente puso en marcha el bulo de que se había producido un robo de cable de cobre en la línea de alta velocidad, lo que apuntaba a un posible sabotaje para bloquear la circulación.

La Guardia Civil fotografió a funcionarios del Ministerio de Transportes que se saltaron el precinto policial para llevarse trozos de la vía sin conocimiento de la juez. Un responsable de ADIF contó a la Guardia Civil que retiró material del accidente en plena madrugada porque así se lo transmitió un alto cargo de Transportes, de manera verbal, no escrita y sin respaldo legal. Otro cargo de ADIF, un jefe de mantenimiento, admitió a la UCO que no hubo auscultación ultrasónica en Adamuz desde 2023 o 2024. Por último, el cambio de versión del ministro, que tras el accidente afirmó que los servicios sanitarios llegaron en el «menor tiempo posible» y el martes, tras el Consejo, apuntó a una posible «negligencia» de la gestión del Ejecutivo.

Puente pedía explicaciones a Moreno Bonilla en el hemiciclo, mientras la bancada del PP pedía unánime su dimisión. La culpa fue del 112. O del chachachá, vayan ustedes a saber. Corre mucha agua bajo el Puente.

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