The Objective
Santi González

El cerco se estrecha

«Tantas cosas en España y el presidente tan lejos de los acontecimientos terrenales que lo cercan y tan cerca del Papa; es decir, tan cerca de Dios»

Opinión
El cerco se estrecha

Ilustración de Alejandra Svriz

Podría parecer una paradoja que a Pedro Sánchez le haya pillado en el Vaticano, visitando al Papa, el cerco evidente y ominoso a todo lo que le toca de cerca en Madrid: la UCO haciendo un registro en la sede de Ferraz, en la casa de Santos Cerdán en Milagro, en la del abogado Pérez Dolset en Móstoles y en el despacho de Gaspar Zarrías en Madrid.

Hay un registro aún más notable: el de la Dirección General de la Guardia Civil. La Guardia Civil registrando a la Guardia Civil. ¿Dónde se ha visto algo semejante?

La causa es el interés del juez Pedraz por averiguar si hubo presiones por parte de la directora general para frenar las investigaciones de la UCO sobre el entorno de Pedro Sánchez.

La directora general del instituto armado es Mercedes González, periodista, que ha ocupado el cargo en dos etapas. La primera, entre marzo y junio de 2023, cuando Grande-Marlaska la nombró directora general tras la dimisión de María Gámez en oscuras circunstancias, al ser imputado su marido en una derivada de los ERE de Andalucía por blanqueo de capitales, prevaricación y malversación.

Dimitió para presentarse a las elecciones generales de julio de 2023 y por la compra de cuatro pisos pagados al contado. Marlaska no explicó las razones de su salida, pero dijo que era la mejor directora general que había tenido la Guardia Civil en sus 178 años de historia. Naturalmente, era la primera mujer en ocupar el cargo.

La sucedió Mercedes González, todavía en el puesto. Esta es periodista y con eso está dicho casi todo. El ministro del Interior dirá, cuando llegue el momento, que es la segunda mejor directora general de la Benemérita en toda su historia. Y será verdad.

Tantas cosas aquí en España y el presidente del Gobierno tan lejos de los acontecimientos terrenales que lo cercan y tan cerca del Papa; es decir, tan cerca de Dios.

Mientras tanto, el cerco se estrecha con el juicio que este lunes comienza en la Audiencia Provincial de Badajoz contra David Sánchez y su presunto cómplice Miguel Ángel Gallardo.

Este asunto interpela directamente al presidente por haber tenido de okupa en la Moncloa a su hermano durante varios meses, mientras dejó aparcada en el recinto su autocaravana durante dos años, que los cuerpos de seguridad de la Moncloa se encargaban de arrancar ocasionalmente por cuestiones de mantenimiento.

Es inminente la comparecencia de Begoña Gómez ante el juez Peinado, bajo apercibimiento de ser conducida por la fuerza pública si intentara esquivar la citación nuevamente.

También está muy próxima la sentencia del Supremo sobre Ábalos y Cerdán y, como decíamos al comienzo, la UCO ha registrado el despacho madrileño de Gaspar Zarrías, un personaje con una biografía singular.

En ella destaca su votación de la Ley del IRPF en el Senado, cuando las cámaras fotográficas lo sorprendieron votando en su propio escaño y también por sus compañeros ausentes, utilizando manos y pies. Era el 10 de mayo de 1991 y el joven Zarrías podría haber proclamado con lenguaje infantil: «Voto por mí y por todos mis compañeros».

Pues bien, Leire Díez, la fontanera, estaba a sueldo de Gaspar Zarrías cuando reunía información para el PSOE contra la UCO, jueces y fiscales. Claro que de casta le viene al galgo el ser rabilargo.

En su biografía destaca el martirologio construido alrededor de su abuelo, Gaspar Zarrías Moya, fusilado durante la dictadura. Román Orozco lo contaba así en El País: «Gaspar Zarrías Moya fue fusilado hace 70 años en la cárcel de Andújar. Su nieto, Gaspar Zarrías Arévalo, está siendo verbalmente fusilado ahora». Las metáforas no las carga el diablo sino, a veces, los malos periodistas.

El Zarrías fusilado de verdad, el abuelo, era alcalde republicano de Cazalilla, algo que habría podido bastar en 1940, pero hubo más motivos. Una hija suya mantenía una relación con un falangista, Juan Godoy, que estaba a punto de ser fusilado en zona republicana junto a su hermano Francisco. Según este relato, Zarrías facilitó la huida de ambos y designó a dos sustitutos, Mateo Cristino y Aurelio Villamor, para que fueran ejecutados en su lugar el 27 de diciembre de 1936.

Gaspar Zarrías abuelo tuvo mala suerte: las nuevas autoridades nombraron alcalde a Miguel Cristino, hijo del hombre al que hizo fusilar en lugar de su yerno falangista. Fue fusilado en la cárcel de Andújar, como escribió Orozco, el 28 de mayo de 1940.

Su nieto, el votante múltiple, todavía protagonizó otro episodio. El 13 de abril de 2010 fue el único miembro del Gobierno —entonces secretario de Estado— que asistió al acto convocado en la Universidad Complutense por CCOO y UGT en defensa de Baltasar Garzón por haber instruido una causa sobre las fosas del franquismo.

El PP pidió su dimisión por asistir a un acto en el que uno de los participantes, el fiscal jubilado Carlos Jiménez Villarejo, afirmó que «los magistrados del Tribunal Supremo se han constituido en un instrumento del fascismo español». Era un precursor. 16 años después, sostiene el autor, ministros del PSOE en ejercicio mantienen posiciones similares.

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