Carta de Andalucía
«Los resultados del domingo no llevarán a Sánchez a una reflexión profunda ni a una inevitable dimisión, como llevarían a cualquier gobernante decente»

Imagen generada con inteligencia artificial.
Juan Manuel Moreno Bonilla fue derrotado el domingo por sus propios resultados electorales, pero sobre todo por las encuestas a pie de urna que lo arrasaron, con unas predicciones que apuntaban a superar los 58 escaños que había conseguido en 2022. Perdió cinco y se quedó dos por debajo de la mayoría absoluta. Hay que reconocerle al candidato popular y presidente andaluz una actitud prudente al asegurar a su público que no estaba todo el pescado vendido y exhortar a la prudencia a sus votantes. María Jesús Montero, en cambio, sacaba pecho durante la jornada de reflexión, advirtiendo que «mañana seré presidente de la Junta de Andalucía». Bien se conoce que a esta criatura no la había llamado el Señor por los caminos de la prudencia ni de la profecía.
Alcanzó Mª Jesús Montero los peores resultados del PSOE en toda su historia, peores aún que los conseguidos por Juan Espadas, que eran los peores hasta ayer. No eran tan malos como los que se había buscado la candidata, después de haber llamado «accidente laboral» a la muerte de dos guardias civiles en persecución del narco, dos años después del asesinato de otros dos agentes.
La candidata, que se apoyó en José Luis Rodríguez Zapatero para la campaña, cuyo partido se negó a reconocer a la Guardia Civil y la Policía Nacional como profesiones de riesgo, que hizo escapadas sexuales con el tío al que había nombrado presidente de la SEPI y que fue detenido después en compañía de la fontanera Leire Díez. Pues bien, con todo lo anterior, a pesar de las 46 víctimas del tren en Adamuz, de la corrupción generalizada en el partido y el Gobierno, de los tríos de putas con los que se autohomenajeaba José Luis Ábalos, hubo el domingo 947.713 andaluces que votaron socialista.
La pobre Yolanda Díaz calificó de fracaso mayúsculo el resultado del PP, cuando su lista, encabezada como candidato por el tristísimo Antonio Maíllo, había conseguido a duras penas mantener el mismo número de escaños, cinco, aunque perdió 1,4 puntos y 21.000 votos con una participación altísima y mientras su competencia de Adelante Andalucía, en la extrema izquierda, multiplicaba por cuatro sus resultados del 22, pasando de dos a ocho parlamentarios.
Los resultados abocan a pactos a los dos únicos partidos que podrían conseguir un acuerdo de Gobierno: el PP y Vox, aunque los dos partidos de la derecha son el segundo problema más grave para Andalucía después de los partidos de la izquierda. Y son un problema porque no parecen haber comprendido la magnitud del reto que tienen por delante: alcanzar un acuerdo de Gobierno sí o sí.
Moreno Bonilla debería bajarse del inane argumento de que sus resultados le dan «margen de maniobra para gobernar en solitario». Esto tendría sentido si el otro partido de la derecha, Vox, estuviera más empeñado en derrotar al PSOE y sacar a Pedro Sánchez de La Moncloa que en sustituir al PP como partido de referencia de la derecha. Que la contradicción principal sustituya en las preocupaciones de Santiago Abascal a la contradicción de primer plano, como tengo ya explicado por aquí.
Pero las cosas son como son y para gobernar en solitario hay que tener la mayoría de la cámara con los escaños propios o con los prestados. La gobernanza de Juanma Moreno depende del apoyo de Vox. Y si el precio de los votos de Vox es incluir en el Gobierno a algunos de sus dirigentes, pues se incluyen y ya está. El buen sentido de los negociantes les aconsejará no sacar los pies del tiesto y mantener las propias reivindicaciones dentro del campo de lo razonable.
Pedro Sánchez ha cosechado su cuarta derrota autonómica en el último medio año, tras Extremadura, Castilla y León y Aragón, pero él y esa eminencia gris marengo que se autotitula en sus memorias El Director y le explica las verdades verdaderas de la vida —qué memorias, madre mía, qué memorias— ya saben que Andalucía volverá a mandar en las elecciones municipales y legislativas. Sin embargo, y a pesar de su confianza y de las venturas que le prometen los sondeos de José Félix Tezanos, los resultados del domingo no le llevarán a una reflexión mínimamente profunda ni a una inevitable dimisión, como llevarían a cualquier gobernante decente. Ojalá lo fuera, pero no es el caso.