The Objective
Santi González

Al hermano no le pinta bien

«El cargo de David Sánchez se creó en un ‘alto nivel político’ y el puesto había sido ‘predeterminado’ para el hermano de Pedro Sánchez»

Opinión
Al hermano no le pinta bien

Ilustración generada mediante IA.

El País advertía ayer de que «David Sánchez suma nuevos testimonios favorables en el juicio sobre su contratación». Luego ya, perdida en el texto de lo que en un rapto exagerado de optimismo podríamos llamar «información», se da cuenta de la declaración de la testigo de cargo, Cristina de Frutos, una directora de orquesta que había optado al cargo con el que se hizo el hermano del presidente. Detrás de ella, dice el periódico, vino la declaración de 14 testigos, la mayoría de los cuales eran «funcionarios o cargos de la Diputación». Otros medios cuantifican de manera más precisa: de los 14, 13 eran funcionarios que contradijeron sus primeras declaraciones ante la juez Biedma durante la instrucción y fueron ascendidos después, en su mayoría, a cargos relevantes en la Diputación pacense; el decimocuarto era el vicepresidente tercero de la Diputación, Ramón Díaz Farias.

A ella ya le habían advertido que la plaza estaba dada y que era para el hermano de Sánchez, razón que la llevó a replantearse concurrir, pero fue el propio tribunal quien la animó a presentarse. Ya en el encuentro dedujo que algo iba mal. No le preguntaron nada sobre su proyecto ni si hablaba idiomas (dominaba el inglés y el portugués), pese a lo cual le calcaron un cero en la casilla correspondiente. Se desconocen las cualidades políglotas de David Sánchez, aunque no descartaría que conozca alguna palabra en japonés. Ella había dirigido dos orquestas y el hermanísimo ninguna, pese a lo cual le pusieron cero en experiencia; ella trató de llamar a la fiscal del caso, Begoña García Boró, que no se puso al teléfono, por lo que denunció el caso por correo electrónico. Mintió la fiscal al decir que el correo de Cristina de Frutos se limitaba a señalar que se consideraba perjudicada, pero que en ningún momento hablaba de David Sánchez. La candidata leyó palabra por palabra su mensaje: la referencia al hermano, el dato de que el tribunal no le preguntó nada y que al seleccionado le dieron la plaza por sus respuestas en la entrevista personal.

El tribunal fue cortés: le deseó suerte en su vida profesional, una expresión que le hizo temer lo peor sobre el empleo que buscaba. Era una expresión sinónima de la que se empleaba cuando yo era niño y los mendigos que imploraban por las puertas de las casas «una limosna por amor de Dios» recibían a menudo como respuesta: «Dios le ampare, hermano».

Ayer le tocó a la UCO, con el teniente coronel Balas a la cabeza. «A Balas lo quiero muerto», dijo la fontanera Leire Díez, y a medida que pasa el tiempo y conocemos más sobre la trama, aumenta la inquietante posibilidad de que esta mujer no se expresara en términos estrictamente metafóricos. Por su testimonio hemos conocido el correo que el director de uno de los conservatorios coordinables, Evaristo Valentí, dirigió a la directora del otro, Yolanda Sánchez, diciendo que el puesto que había de ocupar Sánchez era «un despropósito». Los testigos de la UCO declararon que durante la investigación observaron que el cargo de David Sánchez se creó en un «alto nivel político» y que el puesto había sido «predeterminado» para el hermano de Pedro Sánchez. Según explicó uno de los agentes: «Entendemos que había un nivel superior, político, y lo relacionamos con Miguel Ángel Gallardo». Elemental, querido Watson: son obviedades para cualquier observador razonablemente atento y provisto de una inteligencia media.

Con la sesión de ayer concluyó la fase testifical del proceso, en la que militantes del PSOE, paniaguados de la Diputación, representaron su papel. Hoy vamos a tener ocasión de escuchar a los procesados y es de esperar que el artista de la familia Sánchez haya mejorado su nivel de conocimiento sobre el puesto de trabajo que le adjudicaron y el emplazamiento físico del mismo desde aquella respuesta que dio a la pregunta de la juez Biedma sobre qué era la Oficina de las Artes Escénicas: «Bueno, pues vamos a ver, yo creo que es la oficina que se encarga, no sé, de las artes escénicas». Estuvo el hombre entre Perogrullo y fray Gerundio de Campazas.

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