Sánchez va a peor
«Su discurso alcanzó tintes surrealistas al acusar a Abascal de estar en política para forrarse y decirle a Feijóo que 'su partido es el partido más corrupto de Europa'»

Ilustración de Alejandra Svriz.
El presidente del Gobierno no está bien. Sus intervenciones públicas son cada vez más deslavazadas, inanes y reiterativas y bien podríamos decir que ayer hizo cumbre. Tuvo por eje argumental la idea de que él jamás conoció, ni hubiera tolerado, las prácticas corruptas ya innegables desde que el lunes conocimos la rotunda sentencia del Tribunal Supremo. El problema es que llueve sobre mojado y la disyuntiva que él mismo plantea no le deja una salida fácil. Por decirlo con palabras de Cayetana Álvarez de Toledo: «Si estaba al tanto de las trapacerías, habría incurrido en responsabilidad penal. Si no, en responsabilidad política».
No había razón para pensar que el presidente comparecía ayer para rendir cuentas de la corrupción que afecta a su Gobierno. Él fue al Congreso a pedir explicaciones. Los miércoles no son días para sesión de control al Gobierno, sino para que el Gobierno controle a la oposición. Esta es una habilidad en la que sobresalen el presidente y Félix Bolaños.
Tal como se había anunciado, Sánchez se empleó a fondo contra Feijóo y Abascal, que estuvieron muy bien en su papel de oposición. Tres veces sacó a relucir la foto de hace 35 años en la que se veía al presidente del PP con Marcial Dorado. Con alguna zumba exhibió el gallego dos fotos propias en compañía de dos tipos que podrían ser delincuentes el día de mañana: una con Zapatero y otra con el propio Sánchez.
Efectivamente, tiró del recurso de Ayuso en los mismos términos que lo hizo en noviembre de 2023, imputando a la presidenta madrileña corrupción a cuenta de su hermano, en un asunto dos veces archivado por la Fiscalía Anticorrupción en España y la Fiscalía Europea en Luxemburgo. Fue aquella una ocasión histórica en la que Ayuso masculló: «Qué hijo de puta».
No hubo minuto de su discurso en el que no mintiera una o dos veces. Lo hizo al reprochar a pseudomedios de extrema derecha lo que él debe considerar el bulo del enchufe a su hermano en Badajoz. El denunciante fue en realidad Podemos.
Alardeó de la integridad y de la tolerancia cero frente a la corrupción de su Gobierno. Sin embargo, el Índice de Percepción de la Corrupción ha registrado, por quinto año consecutivo, una caída de España en la clasificación. Este año se sitúa en el puesto 49, de 182 países, con 55 puntos y está por detrás de países como Arabia Saudí, Botsuana, Catar, Eslovenia o Ruanda.
Su discurso alcanzó tintes surrealistas al acusar a Abascal de estar en política para forrarse y decirle a Feijóo que «su partido es el partido más corrupto de Europa». Los dos líderes de la oposición debieron hacer esfuerzos para superar la perplejidad cuando el presidente le dijo a Feijóo: «Con usted en la Presidencia del Gobierno la corrupción no sería erradicada, sino que brotaría con más fuerza».
Menos mal que había un portavoz a la altura del líder. Patxi López superó las marcas a las que nos tenía acostumbrados, al decir que los socialistas, cada vez más alto, van a seguir a «millones de españoles que dicen en la calle: ‘Yo, con Begoña’». Citó Feijóo esta muestra de entusiasmo presidencial, añadiendo que su padre, represaliado en la dictadura, se avergonzaría mucho si le oyera la consigna.
Era una alusión respetuosa para con su padre, un viejo militante socialista en la España franquista, pero Patxi no estaba para sutilezas y en sus últimos cinco minutos le espetó: «Para que yo le acepte a Feijóo que hable de mi padre, tendría que nacer tres veces: una por las veces que le dieron de hostias [sic] en las comisarías de este país, otra por las veces que estuvo encarcelado y otra por el destierro que tuvo que soportar por defender la libertad. Mientras, el fundador de su partido formaba parte del Gobierno de la dictadura que le torturó y que fusilaba a la gente de este país». Guerracivilismo se llama la figura.
Yo tengo un amigo que compartió celda en la cárcel con Eduardo López Albizu, Lalo, el padre de Patxi. Hace ya muchos años me contó su desazón, porque mientras él se peleaba intelectualmente con los Grundrisse de Marx, Lalo solo leía tebeos. Pulgarcitos, creo que especificó.