The Objective
Santi González

Las zapateras, camino de perfección

«José Luis Rodríguez Zapatero se encuentra en una tesitura complicada, cada vez más cercado por investigaciones judiciales y periodísticas»

Opinión
Las zapateras, camino de perfección

Ilustración de Alejandra Svriz

Uno, que ya va teniendo memoria, recuerda el desaliento que le proporcionaba la información de cada día en la última legislatura del felipismo, en la que estuvimos gobernados por un socialismo residual que agotaba sus 14 años de gobierno al ritmo de un escándalo diario, una acumulación de acontecimientos que agotaban a su vez las simpatías por la causa de quienes alguna vez nos aceptábamos como socialistas.

José Luis Rodríguez Zapatero se encuentra en una tesitura complicada, cada vez más cercado por investigaciones judiciales y periodísticas; baste citar el concierto que se ha establecido en torno a sus asuntos por periodistas de THE OBJECTIVE, El mundo, Abc, El debate, Libertad digital y El confidencial. ¡Caramba, qué coinsidensia!, dirían Les Luthiers, sabedores, como todo el mundo, de que una gran revelación publicada por un medio español es una vacuna infalible para que los demás desdeñen la noticia. Y la Justicia y todos los medios señalados han venido a coincidir en que el rescate de Plus Ultra acabó, presuntamente —que no se me olvide el presuntamente—, en un entramado internacional de blanqueo de capitales con conexiones en Venezuela, Panamá, Gibraltar y Suiza.

Parece indiscutible que el dinero de Plus Ultra iba a parar a una empresa instrumental del amigo del expresidente, Julio Martínez, Análisis Relevante, al consultor Zapatero, que ya, de paso, enchufó a la empresa de sus hijas. El machaca que hizo los trabajos se llama Sergio Sánchez y cobró 18.000 euros por los mismos en seis años, 36 veces menos de lo que facturó la familia Zapatero.

No hay más remedio que hablar de Zapatero y de sus niñas. No hablaré, sin embargo, de Sonsoles como habla el periodismo de Begoña Gómez a propósito de lo de Sánchez. Sonsoles es un ejemplo de que no todas las mujeres de presidentes aprovechaban su relación conyugal para desarrollar en la Moncloa negocios privados apoyándose en dinero público.

El caso es que a finales de agosto de 2004, Zapatero y su mujer montaron un belén por burofax a la directora de Diez Minutos por haber publicado un reportaje de cuatro páginas sobre las primeras vacaciones presidenciales, asunto al que también le dedicaba la portada con fotos de las niñas, Laura, de 10 años, y Alba, de 8: la invasión de la intimidad, etc. La revista pidió disculpas al momento, claro, pero con la perspectiva que da el tiempo transcurrido cabe deducir que el motivo de la protesta era que las niñas estaban gordas.

No parece que la intimidad de sus hijas preocupara mucho a un tipo que la compartía tres años más tarde con el camarero a la hora del aperitivo. En el bar del Congreso, preguntaba un camarero por las niñas con interés rutinario, y el presidente daba más explicaciones de las que le había pedido el camarero, según lo contó Raúl del Pozo, que era bastante partidario: «(Él) contesta con una frase hermética, tal vez de Gamoneda: la mayor, con 13 años, ya sabe que está convidada a la vida». «¿Gamoneda?», se preguntaba con justa perplejidad Arcadi Espada. «Quiá, Evax».

No hay dos sin tres. Durante el histórico viaje a Washington en el que Zapatero, Sonsoles y sus góticas posaron con Barack y Michelle Obama en una foto que la Moncloa ordenó que fuese retirada a la Agencia EFE, en petición análoga a la que formuló a la Casa Blanca. Basta echar un vistazo a la foto para comprender las razones, aunque el problema no es de las niñas, sino de unos padres incapaces de explicarles que con ese atuendo no se va a visitar al presidente de los Estados Unidos.

Es natural que con estos precedentes hayamos llegado al momento presente, en que este tío no solo ha incurrido en comportamientos que antes o después lo sentarán ante la Justicia; es que ha metido en el engranaje de la corrupción a sus propias hijas. Él reconoció durante su comparecencia en el Senado a comienzos del pasado mes de marzo que enchufó a sus hijas en Análisis Relevante, la consultora de su amigo, Julio Martínez, investigado por blanqueo de capitales por el rescate de Plus Ultra y detenido tres días después de haber quedado con él para trotar por el monte. Él reconoció haber cobrado 70.000 euros anuales durante seis años de la empresa de su amigo en calidad de consultor. Él mismo reconoció como parte del pacto que la agencia de sus hijas, Whathefav, se encargara de «marketing y comunicación». ¿Y qué pusieron papá y las niñas en el asunto? La firma y la factura, pero esto no debería extrañarles, salvo que ustedes no sepan lo que es el valor añadido.

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