The Objective
Santi González

Sánchez escoge lo peor

«Con esta Aránzazu Figueroa se ha sobrado el presidente Sánchez. Estamos ante una tía forjada a su imagen y semejanza. A su edad ya es así de necia, sectaria y zafia»

Opinión
Sánchez escoge lo peor

Ilustración generada mediante IA.

Una de las características que luce con más garbo Pedro Sánchez en su condición de headhunter o cazatalentos es su habilidad para la selección negativa de la especie, es decir, para escoger siempre lo peor de lo peor. Este fin de semana hemos asistido al nacimiento de una nueva estrella en el firmamento socialista. Se llama Aránzazu Figueroa y es madrileña. Tiene 27 añitos y ha sido proclamada secretaria general de las Juventudes Socialistas en el 27.º Congreso de la organización. Ella es la demostración palpable de que el PSOE se ha tomado muy en serio la igualdad de la mujer. Por mucho que sigan siendo de admirar la burricie, el fanatismo y la capacidad de odiar a los de enfrente que nos enseñó el honesto Zapatero, y aunque hayan alcanzado cotas admirables Óscar Puente y Ángel Víctor Torres, es forzoso admitir que han tenido admirables homólogas en el campo femenino.

Como diría Herodes Agripa a Claudio en la novela de Robert Graves, hay tontos que se hacen los listos y listos que se hacen los tontos; vale decir que en la jarca del sanchismo hay tontos sin estudios, como la ministra de Educación, y tontos con estudios, como Bolaños, al que no le lucen nada cada vez que hace de cabritillo expiatorio frente a Cayetana. Quiero decir que Alegría ha sido ministra de Educación sin tener una carrera universitaria, como la hija de Sabiniano ha llegado a ser catedrática con un bachiller mal acabado y su yerno se ha hecho con el título de doctor sin haber escrito una tesis. En la familia todo está a juego: el hermano del presidente dice que se sacó el título de director de orquesta en Rusia. En la España de su hermano se le homologó en seis días, un plazo en el que el PNV pasó de socio de Rajoy a votarle una moción de censura, pero ahora resulta que no encuentra el título original: ¿dónde lo habré metido yo?

Piensen en María Jesús Montero, Ana Redondo, Pilar Alegría, pero también en Irene Montero, Sira Rego y Mónica García, que le nombraba Iglesias. Ellos deben verlo así por el adanismo que padecen, pero esta igualdad perversa viene de antiguo. Ya la habían conseguido la Pasionaria o Margarita Nelken, por citar solo dos casos.

Bueno, pues Aránzazu Figueroa es una preclara continuadora de tan nobles tradiciones y de guías tan eximias. Justo es reconocer que no hacía falta ser ministra para ser lazarillas o postillonas de esta chusma. Vale lo más tirado del género tertuliano. Nuestra heroína de hoy podría estar inspirada en mitad y mitad o fifty-fifty, al menos en su mitad tonta y sectaria; de la mitad tetas no tenemos constancia.

Hablábamos de la habilidad de Pedro Sánchez como cazatalentos. Nadie como él para formar equipo con lo más ignaro, patán y ruin de las existencias de la izquierda. Cumple en esto una limitación que suele afectar a los dirigentes mediocres en sus nombramientos: elegirlos de un nivel inferior al suyo, una manera de defender el puesto. Hay una excepción: su comodín Franco fue un gobernante mediocre, pero a la postre lo hizo bien, porque a la hora de escoger a sus colaboradores no dudaba en nombrar a los más capaces. No tenía miedo a que le disputasen el liderazgo. Se conformaba con que estuviese claro quién mandaba.

Con esta Aránzazu Figueroa se ha sobrado el presidente Sánchez. Estamos ante una tía forjada a su imagen y semejanza. A su edad ya es así de necia, sectaria y zafia: «Somos mejores que ellos, son mala gente, herederos del franquismo. Nos sentimos tremendamente orgullosos de no tener nada parecido a ellos. Nosotros somos quienes entendemos el mundo desde el cariño». Asumía tan pesadas afirmaciones Jorge San Miguel, responsable que fue de Comunicación en Ciudadanos, con una paráfrasis que aclaraba el sentido de sus palabras: «Nosotros entendemos el mundo desde el cariño, no como esos hijos de puta».

El día que los españoles aprobamos la Constitución en referéndum a esta criatura le faltaban 21 años para nacer. Al oírla se entiende algo que resultaba de difícil comprensión para los hijos de la Transición: cómo fue posible la Guerra Civil y tanta muerte a mano airada entre españoles. La respuesta es sencilla: había gentuza como esta chica en los dos bandos.

Publicidad