The Objective
Fotomatón

Entre el 'ménage à trois' y el 'partouze'

«Pedro se parecía cada vez más a Pablo, menos en lo físico. Se le llevaba la escalera y lo dejaba colgado de la brocha»

Entre el ‘ménage à trois’ y el ‘partouze’

Ilustración de Alejandra Svriz.

Hace ya unos años que se popularizó un diagrama que representaba a los 16 principales líderes de Podemos con sus fotos y las relaciones que han tenido con todos los demás. Escribí entonces que la dirección de aquel partido no era una cúpula, sino una cópula. El partido fundado por Pablo Iglesias e Iñigo Errejón era un partouze, que es la fórmula francesa para decir educadamente «cama redonda».

Antes de descubrirse mutuamente el uno con la otra y viceversa, el par director: ella tenía tres matches en el organigrama y él, cuatro. Habría habido más si se hubiera incluido en el croquis a Monedero, investigado por la Complutense y apartado temporalmente de sus clases por la denuncia de una alumna. Finalmente, la Fiscalía, de quien depende, consideró que el comportamiento de Juan Carlos Monedero con varias alumnas pudo ser impropio, pero no delictivo, impecable demostración del arte de cogérsela con papel de fumar por parte del Ministerio Público.

Contaba Fernanda Freire, una alumna de Monedero, que en octubre de 2010 estaba con amigos en un bar llamado La huelga —vaya por Dios— y que entraron su profesor y Pablo Iglesias. Juan Carlos Monedero tenía fama de tocón, según le contaron después, y de primeras le echó mano a la cintura, la célebre mano tonta. «Tocas mi cintura, como la hiedra toca altura, agapimú», cantaba una insinuante Ana Belén hace unos años. Sin mayor provocación por su parte, Pablo Iglesias la invitó: «Voy al baño a refrescarme. Te espero allí». Y efectivamente se encaminó al baño, momento en el que la chica aprovechó para darle cinco euros a uno de sus amigos con el encargo de que pagara su cerveza y tomó el olivo. Fernanda describe a Iglesias como «un tipo feísimo con coleta, chepa y un piercing choni». Eso en lo que respecta al físico. Sobre sus prendas morales, remata: «El señor Iglesias es un machista, nepotista, hipócrita, incompetente y cobarde».

Luego está lo de su alumna Dina Bousselham, a quien le robaron el móvil con unas fotos que le intentaron vender al presidente de Zeta, Antonio Asensio, y que este devolvió a Pablo Iglesias, probablemente porque era el único de la pareja actuante que le resultaba conocido.

Habíamos visto que hasta ahora el sanchismo se iba incorporando a las políticas de la izquierda a medida que les achicaba su espacio político. Pedro se parecía cada vez más a Pablo, menos en lo físico, naturalmente. Se le llevaba la escalera y lo dejaba colgado de la brocha.

Bueno, pues también les han copiado en lo del sexo. Comentaba yo en esta columna que a Marichús la habían pillado en 2021 junto a un tal Vicente Fernández Guerrero, haciendo vida de pareja en el hotel La Salinas, ubicado en el Parque Natural del Cabo de Gata, en Almería.

Y no tendría nada de particular de no ser porque el tal Vicente había sido presidente de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) entre 2018 y 2020. Cargo que dependía del Ministerio de Hacienda, para el que fue nombrado por Marichús Montero. 

Aprovechaba el lance para llamar «mantis agnóstica» a la entonces vicepresidenta primera de Sánchez, una variante de la mantis religiosa que devora a su pareja después de la cópula. La vicepresidenta Montero le dio una vuelta al tema y se zampó (lo destituyó) a su futura pareja un año antes de la cópula.

Aclaremos que toda relación sexual entre personas adultas mantenida con pleno consentimiento por las partes es inobjetable, sujeto solo a una condición: que no se haga mediante una contraprestación abonada con dinero público. Decía Woody Allen que «el sexo entre dos personas que se aman es algo hermoso. Entre cinco es fantástico». Y ahora resulta que se apunta a que el susodicho Vicente Fernández mantenía (y parece que al mismo tiempo) relaciones con Maruchas Montero y con la fontanera Leire Díez. Otro ménage à trois, como el de Ábalos, con el varón haciendo de hipotenusa, aunque respecto a la calidad estética de las catetas hay que reconocerle al exministro mejor gusto que al presidente de la SEPI. El ménage à trois es la variedad más simple del partouze. Pero si no habíamos puesto reparos al género, tampoco sería adecuado que se los pusiéramos al número.

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