The Objective
Fotomatón

Retrato de familia

«Con Zapatero empezó todo: él descubrió a los españoles la cohesión que proporcionaba el odio a los de enfrente»

Retrato de familia

Ilustración de Alejandra Svriz.

En 2002, cuando Zapatero ya llevaba dos años de secretario general del PSOE y uno más con el pacto antiterrorista que firmó con el PP en el día de la Inmaculada, cuando Jesús Eguiguren ya lo estaba traicionando en sus conversaciones con Otegi, escribió un prólogo al libro de Jordi Sevilla, De nuevo socialismo, cuyo párrafo sustancial reprodujo Jesús Cacho en El Confidencial en enero de 2006 y en el que se coronaba como «ZP I, el epistemólogo»: «Ideología significa idea lógica y en política no hay ideas lógicas, hay ideas sujetas a debate que se aceptan en un proceso deliberativo, pero nunca por la evidencia de una deducción lógica. Si en política no sirve la lógica […] entonces todo es posible y aceptable, dado que carecemos de principios, de valores y de argumentos racionales que nos guíen en la resolución de los problemas».

Confundir el significado de las palabras no es un problema mayor en la izquierda. Su epígono y sucesor, Pedro Sánchez, confundía Soria con Sevilla y Almería con Cádiz. ¿Cómo sorprendernos porque ZP dijese «el terrorismo ha sesgado muchas vidas»?

Siempre he sostenido que con Zapatero empezó todo: él descubrió a los españoles la cohesión que proporcionaba el odio a los de enfrente. Por decirlo con acertada definición de Rosa Díez: Zapatero era el cáncer; Sánchez, su metástasis, la consecuencia inevitable de la enfermedad no tratada adecuadamente.

La metástasis engendró dos hijas, Ainhoa y Carlota, de 21 y 19 años respectivamente, pero apenas sabemos nada más de ellas. Bueno, algo sí que ambas estudian sus carreras universitarias: la mayor en una universidad suiza, la pequeña en Madrid. Ambas en sendas universidades privadas, ¡privadas!, «esas fábricas de títulos sin garantías», al decir de su padre.

No supimos nada de los hijos de Suárez, Felipe, Calvo-Sotelo, Aznar y Rajoy, mientras fueron menores… Bien es verdad que la boda de la hija de Aznar no fue un hecho admirable, pero era ya mayor.

Zapatero es otra cosa. Él invocaba a sus hijas como fuente de su reflexión y aun de conocimiento. En una entrevista que le hizo su par intelectual, el Follonero, en 2014, confesó: «Mis hijas me preguntaron un día: ‘Oye, papá, ¿cuál es la diferencia entre ser de izquierdas y ser de derechas?’. Y yo les dije: ‘Mirad: ser de izquierdas es preocuparse por los demás y ser de derechas, preocuparse por uno mismo’». En la misma línea: Ser socialista es tener poco y dar mucho, un imposible lógico (¿ideo-lógico?) se mire como se mire.

Un amigo mío, más listo que Zapatero, tuvo una conversación parecida con su hijo de ocho años, cuando un día le preguntó: «¿Nosotros, qué somos, de derechas o de izquierdas?» Su padre le respondió: «Mira, hijo, la verdad no está solo en una parte. Tu madre y yo somos de izquierdas en algunas cosas y de derechas o conservadores en otras. Pero mamá y yo ni siquiera estamos de acuerdo en todas esas cosas». Era una descripción perfecta. Aquel niño salió mejor que las hijas de Zapatero.

Pero a él le inspiran. Confesó que la creación de la Unidad Militar de Emergencias en 2004 se le ocurrió cuando su hija Alba (9 años) le preguntó por qué no existía un cuerpo militar dedicado exclusivamente a ayudar a la población civil en emergencias y catástrofes.

Luego está lo de la memoria histórica, el gran pretexto para poder imputar a la derecha (extrema) lo que hicieron sus abuelos. O los nuestros. Hizo cumbre al decir que la igualdad de sexos es más eficaz para combatir el terror que la fuerza militar. Sobre todo si las mujeres están embarazadas: He descubierto mi vinculación con las embarazadas. En Jerez, una mujer a la que faltan tres meses para dar a luz me dijo: «Gracias, en nombre de todas». Para que nos hagamos una idea, dejemos constancia de que a una de ellas la hizo ministra de Defensa para ver desfilar a uniformados ante un bombo de ocho meses.

Lo último ha sido engolfar a sus hijas en sus corrupciones, imponiendo su contratación a la empresa de su amigo Julio, Análisis Relevante, a Inteligencia Prospectiva y a Gate Center, 985.000 euros largos por la tarea de maquetar unos textos que escribía Sergio Sánchez y firmaba su padre, aunque algunos de ellos eran orales.

Es cuestión de días que las impute el juez Calama. Me parecería lógico —no ideológico—, aunque me gustaría que hiciera constar una circunstancia atenuante. Que una niña descubra al estrenar la pubertad que su padre le va contando a un camarero que ya tiene la regla, tiene que servir para rebajarle un grado la pena. Vamos, digo yo.

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