The Objective
Fotomatón

Sarah, retrato en sepia

«Ella ha planteado una cuestión que ha venido a revolucionar el panorama mediático español: ¿qué es un periodista?

Sarah, retrato en sepia

Ilustración generada con IA.

Sarah Pérez Santaolalla es una mujer que se autopercibe como analista y reparte sus saberes por varios programas de las televisiones públicas, principalmente en ‘Mañaneros 360’, que es el programa en el que la enchufó su novio. Esta semana tuvo una actuación estelar, cuando preguntó a otra tertuliana: «¿A ti te parece Cebrián un periodista?» ¿Cebrián? Preguntó atónita la interpelada. «Sí, Juan Luis Cebrián», especificó ella. «A mí me parece un periodista», respondió la otra con una risita. «Ayer llamó a Vito Quiles periodista», remató triunfal esta pobre mujer en demostración irrefutable de que la definición que le acuñó Rosa Belmonte de mitad y mitad estaba francamente descompensada en favor de las tetas.

Sin embargo, esta criatura se ha convertido en líder, al conseguir que nada menos que la mujer del presidente del Gobierno, la presidenta al decir de Patxi López, haya seguido sus pasos al denunciar una agresión de Vito Quiles. Quiero decir que al manejar estas categorías siempre habría que añadir: «depende de con quién la comparemos». Y resulta que ella ha planteado una cuestión que ha venido a revolucionar el panorama mediático español: ¿Qué es un periodista? 

Uno, llegado el caso, respondería que periodista, lejos de ser una cualidad moral, es solo quien ejerce el periodismo por cuenta propia o ajena, pero en un tiempo tan justiciero era inevitable la aparición de tribunales deontológicos, que expiden licencias para ejercer este oficio que es el más antiguo del mundo y no el de las putas como erróneamente se venía creyendo. (Esto ya lo argumentaré otro día). Pero estos tribunales ya existían desde antiguo para el arte del fornicio mercenario. En Sevilla en el siglo XVI había un tribunal que examinaba a las muchachas que pretendían ejercer la prostitución. Les echaba un sermón sobre la moral y las buenas costumbres y de la misma les extendía la licencia para ejercer.

Y han venido a negarle a Quiles la condición de periodista Antonio García Ferreras,  director de informativos de la cadena SER que dejó pasmada a su audiencia la noche de aquel 11 de marzo al revelar que: «La SER ha podido saber de tres fuentes distintas de la lucha antiterrorista que uno de los terroristas suicidas tenía el cuerpo afeitado y tres capas de calzoncillos». ¿Era periodista Ferreras? Sí, era un periodista que mentía. La información podía ser un error. Lo que la convertía en mentira era el blindaje, las tres fuentes distintas.

Otro que niega a Quiles el oficio es el sugar daddy de Sarah, Javier Ruiz, que le imputa, además, el delito de agresión. Para imputar delitos está él, a quien hemos visto huir de las preguntas de Quiles refugiándose en el coche del exfiscal general de Estado, condenado por el Tribunal Supremo.

También le niega la condición de periodista el Gran Wyoming que dirigía ‘Caiga quien caiga’, aquel programa en el que ¿acosaba? a miembros de la derecha española con preguntas tan ingeniosas y sutiles como la que le hicieron a Loyola de Palacio, ministra de Agricultura: «Ministra, ya que estamos en Canarias, ¿todos los días un plátano, por lo menos?». 

Era broma, dice David Mejía, con quien suelo tener alto grado de acuerdo y que también le negaba el fuego sagrado del periodismo, aunque hila algo más fino que los anteriores sobre el asunto principal, el de la demanda de Bego, basada en una denuncia probablemente falsa como la de Sarah con su cabestrillo. 

Cuenta la denuncia algo que no hemos visto: que Vito agrede a Bego en el interior de un restaurante en Las Rozas. No lo hemos visto, pero ya tengo escrito que la izquierda es una religión alternativa. ¿Qué es fe? Creer lo que no vimos. Agarra del brazo a Bego, ha contado Sarah, cosa que nadie ha visto. La denuncia dice que entró en el establecimiento y que impidió salir a Bego. Lo que se ve es a Quiles tratando de escapar trepando por unas mesas de la terraza y a una de las energúmenas agarrándolo por la pierna.

Es la misma que ya en la calle se encarama a su espalda y le agarra del cuello tratando de hacerle un mataleón mientras grita: «Quita esa mierda» (cuatro veces) «¿Eres tonto?»(dos veces) y «Eres un mierda» (otras dos). Habrá que ver si había cámaras en el interior del establecimiento y si hay imágenes grabadas que digan otra cosa, pero las que sí hemos visto solo muestran agresión, leve, por cierto, a Vito Quiles. ¿Está bien perseguir con el micro a personajes noticiosos? Por decirlo en términos taurinos, siempre que no se tape la salida al toro, respetando un cierto espacio vital.

Lo que sí es notable es que nunca hasta ahora se le haya hecho a la mujer de un presidente del Gobierno imputada por cuatro delitos una pregunta tan pertinente. Otra pregunta es si la mujer del presidente suele quedar a tomar café con sus amigas sin escolta, cuando para ir al juzgado, lugar más seguro a priori que un café de Las Rozas, la custodiaban siete coches. Claro que al ver en el video a la leona socialista de Torrelodones quizá no le hiciera falta. Y otra, en fin, es quién le dijo a este hombre en qué restaurante podía encontrar a Bego y a qué hora.

Mi entusiasmo por la praxis periodística de Quiles es prudente. Me parece bien que haga esas preguntas a Bego y a Patxi, que nunca le contestan como sería su obligación hasta que alguno de los, estos sí, llamados periodistas, interviene para preguntar sobre asuntos menos comprometidos. Pero no me parece que tenga un gran sentido de la oportunidad, al desviar la conversación hacia este incidente precisamente el día en que el Tribunal Supremo toma la temperatura a la troika de la trama: Aldama, Ábalos y Koldo.

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