Isabel Belaustegui, médico: «Es mejor no tomar café después de las comidas; si lo haces, le estás mandando un mensaje contradictorio a tu estómago»
Es un gesto cotidiano pero no por ello significa que estemos favoreciendo a la digestión

Tazas de café. | Pexels
Pocos gestos hay más comunes que terminar de comer y tomar café. En casa o cuando salimos a restaurantes, rematar la faena con un café es habitual y socialmente aceptado, pero ¿es lo mejor que podemos hacer? Seguramente no. Así, al menos, lo considera la doctora Isabel Belaustegui, que advirtió en sus redes sociales sobre el error de tomar café después de comer.
De sobra sabemos que el café es un producto que, en determinadas dosis, puede ser beneficioso para nuestro organismo. Literatura científica sobre sus bondades hay en abundancia. De hecho, se sabe que tiene una función protectora de la salud cognitiva y que, además, mejora el tránsito intestinal, por citar dos ejemplos habituales.
No obstante, el café no es para todos los públicos ni para todos los momentos. Hay personas a las que les causa una gran alteración nerviosa, pues no deja de ser una bebida estimulante y ese peaje hay que tenerlo en cuenta. Especialmente si pretendemos tomarlo por la tarde o a última hora del día.
Sin embargo, la razón por la que no deberíamos tomar ese café después de comer no tiene que ver con quitarnos el sueño. Más bien, explicaba la doctora Belaustegui, con el mensaje de que el café no debería ser el rey de la sobremesa. Tampoco, como es lógico, deberíamos terminar de comer con el clásico chupito digestivo con alcohol, pues no ejerce esa función en ningún momento y, sobre todo, sigue siendo ingerir un tóxico. Pero volvamos al café.
Café después de comer: un contrasentido digestivo

Todos tenemos claro que el café es un estimulante. La cafeína, de hecho, es la que impulsa esa activación y la responsable de que nos pongamos en marcha tras tomarlo. Sin embargo, tomar café después de comer supone decirle a nuestro estómago que tiene que hacer frente a otra tarea.
Isabel Belaustegui lo resumió así: «Estás mandando una señal contradictoria a tu organismo». Parece duro, pero es una realidad si tenemos esa costumbre que, realmente, no está aportando demasiado a nivel digestivo. «El café es uno de los estímulos más potentes para activar la producción de adrenalina», explicó. Algo que también corroboró el nutricionista Pablo Ojeda: «El café después de comer no es lo más recomendable».
«Por un lado, le estás diciendo a tu organismo, a través de la adrenalina que se produce en la respuesta al café, que “cuidado, hay un peligro”», indicó, ya que la ingesta de café –o de otros estimulantes con cafeína– activa la rama simpática del sistema nervioso. Justo lo contrario de lo que nuestro cuerpo estaría pidiendo en ese instante.
«En ese momento debería predominar la rama parasimpática», matizó, que es la que le dice al organismo: «Calma, hay tiempo para esto». De esta manera, contó, nuestro cuerpo comprende que puede «digerir y absorber correctamente todos los alimentos». Es decir, cuando el cuerpo se prepara, de manera pausada, para procesar lo comido, de repente le decimos que espabile y que se ponga a correr. Una señal del todo equívoca.
Después de comer: ni café ni chupito
Tomar, de vez en cuando, un café después de comer más por costumbre que por hábito saludable no tiene por qué ser perjudicial. Sin embargo, hay que tener claro que este gesto no está teniendo ninguna ventaja digestiva de gran calado. Es cierto que el café puede estimular la motilidad intestinal, pero tampoco hace milagros.
Si quieres favorecer la digestión tras la comida, lo más recomendable es dar un pequeño paseo. Ponernos en marcha posibilita que los movimientos peristálticos del estómago sean más fluidos y, con ellos, también estimulemos nuestro sistema digestivo. Evidentemente, la posición sedente o tumbada de la siesta no va a contribuir a que la digestión sea más rápida. De hecho, en determinadas personas sensibles al reflujo gástrico o la gastritis, tumbarse después de comer puede ser una de las peores opciones.

Como también mencionábamos, hay que dejar atrás el mito del chupito digestivo. Ningún alcohol ejerce una virtud digestiva, por mucho que teóricamente se haya elaborado con hierbas naturales. Más bien al contrario. Lo que sucede es que el alcohol nos engaña. Tiene capacidad para relajar puntualmente el esfínter esofágico y eso, por ejemplo, permite que los eructos sean más fáciles de expulsar. Con ello creemos que estamos favoreciendo la digestión o haciendo hueco. Nada más lejos de la realidad. Ese alcohol que se consume pasa directamente al torrente sanguíneo, además de irritar la mucosa estomacal y de disminuir la motilidad intestinal.
Así que nada de chupito tras la comida. Sobre todo porque también interfiere con la microbiota intestinal, debilitándola. En el caso del café, si buscas el mejor momento del día para tomarlo, son muchos los nutricionistas que recomiendan su ingesta matutina, pero no nada más despertarse, sino una media hora después de haberlo hecho. De esta manera, nuestro cortisol natural tendrá cierto plazo para ir despertándonos y, cuando ya haya producido cierto efecto, podremos multiplicarlo con el café.
