The Objective
Santi González

Las reclamaciones legales

«A quién se le ocurre que se pueden establecer negocios ‘non sanctos’ con un mafioso y confiar en que no guardara pruebas de sus relaciones con él»

Opinión
Las reclamaciones legales

Ilustración de Alejandra Svriz

Siempre me llamó mucho la atención una advertencia que era cláusula constante en los desencuentros verbales entre las folclóricas y cualquier otro ser humano: «Lo pondré en conocimiento de mis abogados». Hecho uno a casi todo desde que tiene la habilidad de leer y una cierta capacidad de comprensión lectora que me hicieron admirar la sinceridad y lucidez de mi viejo director y eterno director de El Correo, Antxon Barrena Ballarín: «Yo no sé escribir, pero sí sé leer».

Lo que yo no comprendía era el plural, el porqué de «mis abogados» o qué tenían de especial las folclóricas para necesitar más de uno. Con el tiempo acabé deduciendo que era una variedad del plural mayestático. El inolvidable Luis Carandell contaba que un catedrático de la Universidad de Granada empleó el «nos» para hablar de una iniciativa próxima. Algunos alumnos que le escuchaban le preguntaron por el uso tan raro del pronombre, a lo que el profesor replicó: «He querido decir ‘nos, nos, la cátedra’».

Carandell se adelantó a su tiempo, porque tantos años después de su muerte, la mujer de un cierto presidente del Gobierno pudo decir con toda propiedad: «Nos, la cátedra». Ella no podría haber entrado como estudiante en la universidad en la que fue nombrada catedrática. Advertidas las autoridades universitarias del hecho, procedieron a nombrar catedrático a un profesor cualificado y «codirectora de cátedra» a la indocumentada. El profesor cualificado era «José Manuel Ruano de la Fuente, profesor titular del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid».

Ella, la hija de Sabiniano, que ya había mostrado alguna habilidad para los negocios, defendió el tema asegurando que «esta cátedra extraordinaria (de Transformación Social Competitiva) surge como demanda de la sociedad, para que la labor de las empresas no sea sólo una maximización de las cuentas de resultado, sino que busquen el incremento del estado del bienestar».

En el mundo de la alta política nacional, lo más parecido que hay a una folclórica es Félix Bolaños, ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, que había anunciado acciones legales contra Víctor de Aldama y una reclamación económica sustanciosa por las acusaciones que el comisionista había hecho públicamente sobre supuestos intentos del triministro para silenciarle. Él negaba, claro, vano empeño, porque El Debate contaba que había accedido al registro telefónico de una línea adscrita a Presidencia del Gobierno que reflejaba un total de 15 comunicaciones con el portavoz del empresario. Los contactos se produjeron entre junio y agosto de 2024. Es decir, meses después de que la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil desarticulara la trama y ocupando ya Aldama el centro geométrico de la cuestión. Entre las comunicaciones destacan varias conversaciones de larga duración, entre seis minutos y un cuarto de hora. Las acciones legales anunciadas por el sanchismo vienen a demostrar que la banda de Sánchez no solo está constituida por corruptos, sino que en el terreno del delito les falta un hervor.

A quién se le ocurre que se pueden establecer negocios non sanctos con un mafioso y confiar en que no guardara pruebas de sus relaciones con él: fotos, cartas, grabaciones. Solo a idiotas, claro. Algo debieron de maliciarse cuando el comisionista advirtió a Sánchez en el momento de salir de la cárcel tras su promesa de colaborar con la Justicia y el presidente negaba haberlo conocido: «No se preocupe, que si quiere pruebas las va a tener».

Después, Aldama hizo unas declaraciones a Telemadrid a raíz de las cuales Bolaños anunció una demanda contra él por vulneración del derecho al honor, reclamando una indemnización de 70.000 euros. Bolaños afirmó públicamente que no conocía «de nada» a Aldama, aseguró que jamás había hablado con él y calificó sus declaraciones de «difamaciones» y «mentiras burdas».

No es que a uno le parezca que Aldama es un tipo más decente que Ábalos o que Bolaños, pongamos por caso. Eso sí, no es tan putero como aquel y parece más listo que cualquiera de los dos, las cosas como son. Hay algo más: su abogado es José Antonio Choclán, no digo más. Él hundió la carrera (jurídica) de Baltasar Garzón y va a derrotar la pretensión de Bolaños, de igual manera que hundirá a Nacho Preescolar por la indemnización que le va a sacar a eldiario.es para Julio Iglesias.

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