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Robles jubila a la primera general de las Fuerzas Armadas tras dejarla tres años en el ostracismo

La ministra firma su cese del puesto burocrático que tenía en Defensa antes de pasar a la reserva el próximo 12 de julio

Robles jubila a la primera general de las Fuerzas Armadas tras dejarla tres años en el ostracismo

Margarita Robles y Patricia Ortega el día de su ascenso a general de brigada. | Flickr M.Defensa

Triste final para la carrera militar de la general de división Patricia Ortega, que estuvo bajo los focos en 2019 al convertirse en la primera mujer en llegar al generalato dentro de las Fuerzas Armadas y que ha acabado pasando tres años y medio apartada en despachos del Ministerio de Defensa en puestos burocráticos creados ad hoc y sin atribuciones. Este miércoles, Margarita Robles firmó su cese como directora de la Oficina de Aplicación del Estatuto de Fuerzas de la UE y de la OTAN, un cargo inventado para ella, aunque la orden tendrá efecto el próximo 12 de julio, fecha de su pase a la reserva tras siete años con el fajín rojo.

El Boletín Oficial de Defensa (BOD) publicó este viernes la decisión de Robles con la coletilla habitual de «agradeciéndole los servicios prestados», según el texto al que tuvo acceso THE OBJECTIVE en exclusiva. Sin embargo, Ortega ha pasado los últimos años en el ostracismo. El vía crucis de la primera mujer general empezó en enero de 2023, cuando fue destituida por sorpresa como secretaria general del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA). Tras ello, fue recolocada como asesora en el gabinete de la secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, sin ningún cometido específico. Únicamente se la veía en actos oficiales sobre la presencia de la mujer en las Fuerzas Armadas «como si fuera un jarrón chino».

Allí pasó más de dos años sin hacer ruido y, en octubre del año pasado, Robles creó para ella el citado puesto de directora de la Oficina de Aplicación del Estatuto de Fuerzas de la UE y de la OTAN dentro de la Secretaría General de Política de Defensa, que se encarga de las relaciones internacionales del ministerio. Pero a Ortega no se la ha visto en público en todo este tiempo, ni en ninguna cita internacional de los europeos o aliados. Es más, apenas pisaba su despacho «vacío» en la sede central del Ministerio. Esto último lo reveló recientemente El Confidencial Digital.

Su salida del INTA, un organismo tecnológico adscrito a Defensa, provocó revuelo entre sus compañeros ante las dificultades para encontrar un puesto que se adaptase a su perfil como ingeniera politécnica. Tampoco ayudaba su condición de general de división, el más alto al que había llegado hasta ese momento una mujer dentro del escalafón de los ejércitos. De ahí que su paso a asesora en el gabinete de Valcarce no fuese visto como un premio o ascenso en su carrera, sino todo lo contrario: una penalidad, como se ha confirmado con el paso del tiempo.

Robles cese Patricia Ortega

Detrás del cese hubo una serie de encontronazos por asuntos de índole económica con su superior inmediato en el INTA, el entonces teniente general Julio Ayuso, que llevaron a la redacción de partes de queja cruzados entre ambos que llegaron a la mesa de la ministra y que supusieron la caída en desgracia de Ortega.

La general supo de inmediato que tendría que armarse de paciencia para lograr otro puesto que se adaptase a su currículo. Los ingenieros politécnicos son un cuerpo muy específico y reducido en número dentro de las Fuerzas Armadas. Al principio, se habló de alguna de las subdirecciones generales que dependían de la Dirección General de Armamento y Material, aunque no en el corto plazo.

Luego, surgió la posibilidad de ponerse al frente de la Dirección de Infraestructura del Ejército de Tierra, pero también se le pasó ese tren. En el fondo, pesaba el pacto que cerró el anterior jefe del Estado Mayor de Tierra, el teniente general Francisco José Varela, con la ministra en 2019 para que el ascenso de Ortega a general de brigada no implicase hacerle un hueco en dicho ejército, sino que tenía que quedarse en Defensa o en un organismo adscrito al ministerio, como era el caso del INTA. Un compromiso que Robles ha mantenido en todo este tiempo.

Las citadas fuentes hicieron hincapié, tras su salida del organismo tecnológico adscrito a Defensa, en que tanto el ascenso de Ortega a coronel como al generalato fueron «forzados» para romper los techos de cristal que tenían las militares en ambos escalafones. Para la imposición del fajín rojo, Robles recurrió a una convocatoria extraordinaria del curso de ascenso a general para incluirla junto a «dos comparsas», recuerda una de las personas que siguió aquel proceso interno.

Imposición del fajín rojo a Patricia Ortega en el histórico acto del 16 de julio de 2019. | Flickr M.Defensa

Defensa se encontraba en ese 2019 con la presión de ver que se habían cumplido los 40 años de la entrada de la mujer en las Fuerzas Armadas sin que ninguna hubiese llegado al generalato, por lo que Robles agilizó los trámites para que Ortega —y por extensión, la propia ministra— pasasen a la historia al calor de la efeméride.

Con fama de «generar problemas»

El posterior ascenso a general de división, en mayo de 2022, también se hizo con rapidez, antes de que se cumpliese el plazo mínimo. Y con su destitución del INTA resultó más difícil encontrarle un hueco dentro del organigrama de Defensa. «Robles se equivocó dos veces y no podía asumir una tercera», opinó un general en activo bajo condición de anonimato.

De izquierda a derecha, las generales María Teresa Gordillo, Patricia Ortega y Begoña Aramendía.

Ortega arrastró fama de «generar problemas» por donde pasó. Al poco de ascender a la cúpula militar y desembarcar en el INTA, provocó incomodidad en las Fuerzas Armadas con su propuesta de unificar en unos cuerpos comunes la escala de ingenieros politécnicos que hay en los tres ejércitos, un paso que obligaba a cambiar la ley de la Carrera Militar. «Sentó muy mal en la Armada», subrayó una de las fuentes consultadas por este periódico. «Y por más que se le avisó de que no siguiese por ese camino, ella insistió con sucesivos escritos» a sus superiores.

Robles percibió aquel pulso de la general como un desafío y se decantó por su cese. Su puesto de asesora de la secretaria de Estado de Defensa se interpretó primero como un «castigo» que, en la práctica, nunca se levantó. Una situación que se asemejó al caso del general de división de Intendencia Joaquín Pérez-Íñigo, cesado en mayo de 2021 como subdirector general de Servicios Económicos y Pagadurías tras casi siete años en el puesto. Tras desafiar a la ministra con un recurso, tuvo que pasar un año y medio en Defensa como asesor sin atribuciones específicas hasta su pase a la reserva. El mismo camino de espinas por el que ha transitado Ortega en los últimos tres años y medio por los pasillos de la sede central del ministerio. En un mes, la primera general de brigada y de división en la historia de los ejércitos también será la primera en pasar a la reserva.

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