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Arturo Pérez-Reverte, escritor, sobre la felicidad: «Para tener una buena vida son necesarios tres pilares: la lealtad, la valentía y la dignidad»

El escritor ha construido una filosofía de vida basada en la propia integridad moral

Arturo Pérez-Reverte, escritor, sobre la felicidad: «Para tener una buena vida son necesarios tres pilares: la lealtad, la valentía y la dignidad»

Arturo Pérez-Reverte y su visión de la felicidad y la buena vida | Contacto

Fue reportero de guerra durante más de veinte años, ha recorrido algunos de los conflictos más sangrientos del siglo XX, es miembro de la Real Academia Española y uno de los novelistas españoles más leídos de las últimas décadas. Desde que abandonó el periodismo para dedicarse por completo a la literatura, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) ha construido una obra repleta de aventureros, soldados cansados, marinos, espías y personajes que sobreviven en un mundo sin apenas certezas.

A primera vista, el escritor no parece el más indicado para hablar de felicidad. De hecho, él mismo ha confesado que la vida misma le ha vuelto escéptico y que no siente especial agrado por el ser humano. No obstante, y a pesar de ello, tiene una particular filosofía sobre qué es la buena vida. Sus reflexiones recuerdan a autores clásicos como Homero, Jenofonte, Conrad o los filósofos estoicos, y giran siempre alrededor de las mismas ideas: la lealtad, los libros, el trabajo bien hecho, la amistad, el mar, la dignidad y la conciencia de que la vida es tan hermosa como frágil.

La propia ética personal de Arturo Pérez-Reverte que marca su felicidad

Quizá el mejor resumen de esa filosofía aparezca en una entrevista a Infobae, en la que enumera aquello en lo que todavía cree: «Mi mirada pesimista de la vida no me viene solo de mi trabajo como corresponsal de guerra. También de los libros leídos y la vida vivida. Tengo 65 años. Quieras que no, la vida te hace ver cosas que con 20, 30, 40 o incluso con 50 años no ves. La vida me ha despojado de muchas cosas y me ha dejado una forma escéptica de mirar. Necesito creer en cosas para vivir y, como no tengo fe, me invento las mías: mi fe son mis amigos, mis lealtades, mis libros, los perros, el mar, el respeto por el valor, la coherencia y la dignidad. Con eso me monto yo mi propia ética personal y se la presto a los personajes». Es probablemente la mejor síntesis de qué entiende por buena vida. No habla de éxito, riqueza o reconocimiento, sino de amistad, lealtad, cultura, naturaleza y coherencia moral.

Arturo Pérez Reverte. | Gtres

La patria, la bandera y la religión

«Cuando la vida te despoja de palabras como fe, patria, bandera o religión, no te deja nada. Entonces tienes que montártelo para sobrevivir, para mantenerte digno, mantenerte en pie», añade en la citada entrevista. Arturo Pérez-Reverte se refiere a la necesidad de construir una ética personal cuando las grandes certezas dejan de tener sentido. Vivir, equivocarse, sufrir o presenciar el sufrimiento ajeno hace que muchas convicciones se desvanezcan. Ante ese vacío, el escritor plantea que cada persona debe construir su propio código moral.

Ese código, en su caso, está formado por valores muy concretos, previamente mencionados. Son los principios que, según él, permiten «mantenerse en pie» cuando todo lo demás falla. Esta idea conecta con la tradición estoica, pues Pérez-Reverte tampoco cree que podamos controlar las circunstancias externas pero sí la manera en la que respondemos a ellas. La verdadera fortaleza, por tanto, nace de la propia integridad personal.

La importancia de la lealtad, la valentía, el valor y la dignidad

«Hace más daño la estupidez que la maldad. La maldad es negociable, pero con los estúpidos no hay manera. No sé si lo decía Kant o Hegel: el problema de discutir con un estúpido es que hay que bajar a su nivel, y en ese nivel los estúpidos son imbatibles. Luego, que la lealtad es necesaria. El peor pecado es la deslealtad. Que el valor es necesario. La palabra valentía tiene mala prensa, es casi fascista. Palabras como lealtad, valor, dignidad. Por eso me gustan tanto los perros, tienen casi todas esas características. El ser humano no me cae bien. Intento salvarlo en mis novelas, en mis relaciones, pero no me cae bien. No tengo buenos recuerdos», afirma el escritor.

Con esta reflexión, Arturo Pérez-Reverte no suaviza la maldad, sino que señalaa que quien actúa con malicia suele tener un objetivo, unos intereses o unos límites con los que, en ocasiones, es posible negociar. La estupidez, en cambio, es imprevisible y carece de conciencia sobre las consecuencias de sus actos. Por eso la considera más peligrosa, ya que actúa sin reflexión y resulta impermeable a los argumentos.

El autor Arturo Pérez-Reverte durante un evento| Europa Press

Asimismo, Pérez-Reverte habla de la lealtad como el valor supremo y afirma que «el peor pecado es la deslealtad». No se refiere únicamente a la fidelidad entre amigos, sino a la coherencia con la palabra dada, con los propios principios y con quienes han depositado su confianza en nosotros. En sus novelas, de hecho, los personajes admirables rara vez son perfectos, pero casi siempre son leales.

Junto a la lealtad sitúa el valor y la dignidad, dos conceptos que, según lamenta, han caído en desuso o incluso despiertan recelo. Para Pérez-Reverte, la valentía no consiste en gestos heroicos, sino en afrontar las dificultades sin renunciar a los propios principios. La dignidad, por tanto, implica mantener la integridad incluso cuando el entorno invita a lo contrario.

Contra la felicidad obligatoria

La visión de la felicidad para Arturo Pérez-Reverte está completamente alejada de la autoayuda. De hecho, en una de sus columnas de Patente de corso ironiza con el lema «si no eres feliz es porque no quieres», ridiculizando la idea de que basta con cambiar de actitud para superar cualquier desgracia.

Su crítica no va dirigida contra la felicidad, sino contra quienes la presentan como una obligación y una responsabilidad exclusivamente individual. Para el escritor, la enfermedad, la suerte, la pérdida o el sufrimiento forman parte inevitable de la existencia y nunca desaparecen con optimismo. Por eso, advierte, convertir la felicidad en un deber acaba produciendo frustración y culpa.

Para Pérez-Reverte, una buena vida pasa por construir una ética propia cuando las grandes certezas desaparecen; por ser leal, cultivar la amistad, leer, trabajar con honestidad, disfrutar del mar, amar a los perros y, sobre todo, mantenerse siempre fiel a los propios principios, incluso —o más, si cabe— cuando el mundo parece invitarnos a traicionarlos.

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