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Nutrición

Miguel Ducrós, nutricionista: «Culpar al calor de no dormir en verano es lo fácil, pero hay tres claves que dependen de ti: evitar excesos, una buena hidratación y una cena sencilla»

El problema no es una comida concreta, sino convertir la excepción en la rutina de todo el verano

Miguel Ducrós, nutricionista: «Culpar al calor de no dormir en verano es lo fácil, pero hay tres claves que dependen de ti: evitar excesos, una buena hidratación y una cena sencilla»

Ensalada saludable. | Pexels

Dormir en verano, al menos en España y sin aire acondicionado, siempre tiene tintes de tragedia estival. Las noches tropicales y las noches ecuatoriales se encargan de que los 25 ºC sean más habituales que nunca y, además, de que no corra ni la más mínima brisa. Una situación de la que hemos hablado a menudo en THE OBJECTIVE, pero que, realmente se puede intentar controlar en cierta medida.

Pautas sobre cómo dormir en verano hay muchas y varias de ellas pasan por comprender mejor nuestro propio hogar. Nada de ventanas abiertas ni persianas subidas en las horas de más calor; procurar ventilar cuando más fresco haga y utilizar una ropa de cama ligera, que permita la transpiración, están entre esos básicos de dormitorio para dormir bien.

Pero, ¿hacemos lo propio con nuestro termostato interno y procuramos llevar un ritmo de vida que facilite el descanso? La realidad, al menos según el nutricionista Miguel Ducrós, parte del staff de Monarka Clinic, centro especializado en medicina integrativa y neurolongevidad en Barcelona, es más tozuda.

Sobre todo por lo que ignoramos –o dejamos de prestar atención– cuando hablamos de la importancia de la dieta para dormir bien o, cuanto menos, lo mejor posible. Más aún cuando cambiamos nuestros hábitos a costa de las vacaciones y modificamos rutinas que hasta entonces llevamos bien instauradas.

Del ‘me cuido’ al ‘todo vale’: el problema de la dieta en verano

Las vacaciones se convierten con frecuencia en la patente de corso para alterar lo que hasta la fecha hacíamos bien. Si a la ecuación, además, le concedemos el beneficio de la duda con los cambios de temperatura y con nuevos horarios, el cóctel del desorden está servido.

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Conviene no dejar de lado en la cena las ensaladas, lo más completas posibles. ©Pexels

Miguel Ducrós considera, en declaraciones a THE OBJECTIVE, que «el principal error es pasar del “me cuido” al “todo vale”». Con la llegada de las vacaciones, además, aparecen enemigos habituales no solo de la dieta, sino del descanso. «Aumentan el alcohol, los picoteos, los helados y las comidas fuera de casa», alerta.

Al mismo tiempo, «disminuyen las verduras, la proteína y la regularidad de los horarios». En la opinión del nutricionista de Monarka Clinic, «el problema no es una comida concreta, sino convertir la excepción en la rutina de todo el verano». Ante este cambio de paradigma y sin caer en la restricción total, lo tiene claro: «Los caprichos pueden formar parte de las vacaciones, pero la clave es elegirlos y no enlazarlos durante todo el día».

Conservar los buenos hábitos, además, no es imposible, simplemente hay que prestar un poco más de atención. No obstante, advierte, «cuanto más rompemos la rutina, más cuesta retomarla». Por eso, en sus recomendaciones está el conservar unos mínimos que ayuden a sobrellevar los cambios. «Aunque comamos fuera, podemos conservar la estructura habitual del plato», recordando que «en casa funciona mejor compartir una base saludable que imponer menús distintos».

Comer, dormir y verano: el rompecabezas de las vacaciones

Que la alimentación influye de manera decisiva en nuestro descanso es evidente. Lo que comemos y lo que bebemos puede alterarnos a la hora de dormir es algo de sobra sabido. Sin embargo, en verano muchas veces le toca al calor pagar la factura de los malos hábitos alimenticios, haciendo ver que solo las altas temperaturas son las responsables de que no peguemos ojo.

Influyen, evidentemente, y de una forma más trascendental que cualquier otro elemento. Nuestro organismo concilia mejor el sueño cuando la temperatura ambiente está en torno a los 18 ºC o 20 ºC. Por eso, se complica la operativa si se superan esas cifras. Aun así, dormir bien está igualmente relacionado con nuestra relación con la comida. Sabemos que comer mucho, muy pesado o muy tarde afecta de forma decisiva al descanso nocturno. Lo hace en cualquier momento del año. Razón de más por la que, si ahora incluimos al verano y su calor en la rueda, las probabilidades de pasar una mala noche aumentan.

Miguel Ducrós tiene claro que el calor es, a menudo, el chivo expiatorio para justificar el mal sueño. «A veces culpamos únicamente al calor, pero también influyen el alcohol, el exceso de comida, los horarios tardíos y la cafeína por la tarde», identifica. Motivo por el que aconseja seguir algunas pautas elementales para que esto no suceda.

«Hay tres claves que dependen de ti: evitar excesos, una buena hidratación y una cena sencilla», cataloga como los elementos que pueden «marcar bastante diferencia». Esto, trasladado a la mesa, es evidente. «Agua, frutas y verduras de temporada, gazpacho, ensaladas completas, legumbres, pescado, huevos, carnes magras y yogur natural», sintetiza a modo de lista de la compra mientras recomienda que «conviene moderar el alcohol, los refrescos, los fritos y los productos ultraprocesados». Sin embargo, no se trata de la penalización completa, «pero tampoco convertirlos en algo diario».

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