The Objective
Lifestyle

Miguel Álvarez de Mon, psiquiatra: «Hay tres pilares diarios para la felicidad: ordenar tus propósitos, tener ratos sin móvil y crear tiempo de calidad en pareja»

Ideas que responden a un fenómeno cada vez más extendido, la dificultad para concentrarse, descansar y conectar

Miguel Álvarez de Mon, psiquiatra: «Hay tres pilares diarios para la felicidad: ordenar tus propósitos, tener ratos sin móvil y crear tiempo de calidad en pareja»

Miguel Álvarez de Mon | The Objective

El psiquiatra y autor de Desaprende, Miguel Álvarez de Mon ha sintetizado en una reciente entrevista en THE OBJECTIVE tres hábitos cotidianos que, según su experiencia clínica y su visión de la salud mental , funcionan como pilares de la felicidad: ordenar los propósitos personales, reducir la presencia del móvil en la vida diaria y proteger espacios de calidad en la pareja. Una propuesta que se enmarca en una tendencia creciente dentro de la psiquiatría actual, centrada en la regulación de hábitos, la higiene digital y la calidad de los vínculos afectivos.

Ordenar los propósitos como hoja de ruta vital

Álvarez de Mon parte de una idea central, las cosas importantes no suelen surgir de la improvisación. En su planteamiento, «cada persona necesita una especie de hoja de ruta vital que permita ordenar prioridades en distintas áreas, desde lo profesional hasta lo familiar o lo emocional». Esta organización no se entiende como rigidez, sino como un marco que ayuda a tomar decisiones más coherentes en el día a día. Y es que, en el mundo actual, marcado por la sobrecarga de estímulos y una sensación de urgencia permanente, esta perspectiva conecta con estudios de psicología positiva que asocian la claridad de los objetivos con mayores niveles de bienestar subjetivo y menores niveles de ansiedad.

Desaprende

Espacios libres de tecnología para recuperar atención y descanso

El segundo pilar que destaca es la necesidad de establecer espacios libres de tecnología. El psiquiatra insiste en algo muy concreto, «separar momentos físicos y temporales del teléfono móvil». Pone como ejemplo acciones cotidianas como sustituir el móvil por un despertador tradicional o evitar llevar dispositivos a la cama. Su argumento se apoya en una observación clínica frecuente, el uso nocturno del teléfono no solo reduce las horas de sueño, sino que también altera la calidad del descanso y dificulta la desconexión mental necesaria para dormir bien.

En este punto, su discurso conecta con una base científica cada vez más amplia. Diversas investigaciones han señalado la relación entre el uso intensivo de pantallas y la alteración de los ritmos circadianos, así como su impacto en la calidad del sueño. En concreto, el estudio de Anne-Marie Chang y colaboradores, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences en 2015, demostró que la lectura en dispositivos electrónicos antes de dormir retrasa la secreción de melatonina, altera el reloj biológico y reduce la calidad del descanso.

También existen estudios que relacionan la hiperconectividad en la pareja con una menor percepción de conexión emocional. Aunque la evidencia no siempre es uniforme en todos los aspectos, sí existe consenso en que la atención fragmentada por el uso constante del móvil puede interferir en la presencia emocional.

Tiempo de calidad en la pareja y vínculos conscientes

El tercer pilar que plantea es la creación de espacios de alta calidad en la pareja y en la vida familiar. »No se trata de acumular tiempo juntos de forma indiscriminada, sino de reservar momentos intencionados, protegidos de interrupciones externas, en los que la atención esté plenamente centrada en la relación». Este enfoque pone el acento en la calidad frente a la cantidad, una idea que también aparece en estudios sobre satisfacción relacional, donde el tiempo compartido con atención plena se asocia a una mayor percepción de intimidad y bienestar.

Álvarez de Mon incluso introduce una idea práctica que ilustra esta filosofía, la decisión consciente de desconectar en determinados momentos, como una excursión o una actividad compartida, evitando la disponibilidad permanente del teléfono. Esta desconexión no se plantea como aislamiento, sino como una forma de preservar la presencia y la atención mutua.

Su propuesta traza un mapa sencillo pero exigente, ordenar la vida para evitar la improvisación constante, reducir la interferencia tecnológica para recuperar descanso y atención, y proteger el vínculo afectivo como un espacio prioritario. Tres ideas que buscan responder a un fenómeno contemporáneo cada vez más extendido, la dificultad para sostener la concentración, el descanso y la conexión emocional en un entorno hiperconectado.

Publicidad