Hermarco de Mitilene, filósofo griego: «La verdadera seguridad no depende de la fortuna externa, sino de la estabilidad de las relaciones humanas»
Las amistades basadas en la confianza y el apoyo mutuo son fundamentales para vivir con tranquilidad

Hermarco de Mitilene | Inteligencia artificial
En una época marcada por la incertidumbre económica, la hiperconectividad digital y la sensación de vulnerabilidad permanente, una reflexión formulada hace más de dos mil años por el filósofo griego Hermarco de Mitilene conserva una sorprendente actualidad: «La verdadera seguridad no depende de la fortuna externa, sino de la estabilidad de las relaciones humanas».
Hermarco, discípulo directo de Epicuro y sucesor suyo al frente de la escuela epicúrea, desarrolló una idea fundamental para esta corriente filosófica: la felicidad no se alcanza mediante la acumulación de riqueza, poder o prestigio social, sino a través de la tranquilidad interior y de los lazos de confianza que se construyen con otras personas.
La seguridad más allá de la riqueza y el poder
Esta concepción encuentra su formulación más clara en una de las denominadas Máximas Capitales del epicureísmo. En concreto, la Máxima Capital XIV afirma: «Aunque se consiga la seguridad frente a los hombres hasta cierto punto por una sólida base de poder y riqueza, la seguridad más pura nace de la tranquilidad y del apartamiento de la muchedumbre, gracias a la estabilidad de las relaciones humanas (la amistad)».
La afirmación encierra una crítica profunda a la idea, tan extendida entonces como ahora, de que la protección frente a los riesgos de la vida depende principalmente de los bienes materiales. Para los epicúreos, la riqueza puede ofrecer ciertas garantías, pero nunca una seguridad completa. Las posesiones pueden perderse, el poder puede cambiar de manos y las circunstancias externas son, por definición, inestables.
Frente a ello, Hermarco y los seguidores de Epicuro defendían que la amistad constituía uno de los mayores bienes de la existencia. No se trataba únicamente de una relación afectiva, sino de una auténtica red de apoyo mutuo capaz de proporcionar confianza, protección y serenidad.
La amistad como refugio frente a la incertidumbre
Para la escuela epicúrea, los amigos eran mucho más que compañeros de vida. Representaban una comunidad capaz de ofrecer ayuda en momentos de dificultad y de contribuir al equilibrio emocional de cada individuo. En este sentido, la amistad era considerada una fuente de seguridad más sólida que cualquier riqueza material.

La idea resulta especialmente interesante porque rompe con una visión individualista del bienestar. Según Hermarco, una persona no alcanza la tranquilidad por sí sola, sino a través de relaciones estables basadas en la confianza mutua. En otras palabras, la verdadera seguridad no residía en lo que una persona posee, sino en las personas con las que puede contar.
Esta visión resulta especialmente relevante en el contexto contemporáneo. Numerosos expertos en bienestar y salud mental, como Marian Rojas, Patricia Ramírez o Mario Alonso Puig, coinciden en señalar que las relaciones sociales de calidad tienen un impacto directo sobre la satisfacción vital, la resiliencia emocional e incluso la esperanza de vida. La soledad, por el contrario, se ha convertido en uno de los grandes desafíos sociales del siglo XXI, especialmente en las sociedades urbanas y digitalizadas.
La reflexión de Hermarco también invita a reconsiderar la forma en que entendemos el éxito. En muchas ocasiones, la búsqueda de seguridad se asocia a la acumulación de recursos económicos o al reconocimiento profesional. Sin embargo, el pensamiento epicúreo recuerda que ninguna de estas metas garantiza por sí sola una vida tranquila.
El valor de alejarse de la «muchedumbre»
Además, la referencia al «apartamiento de la muchedumbre» no debe interpretarse como una invitación al aislamiento. Para los epicúreos, significaba más bien evitar las tensiones derivadas de la competición social, la ambición desmedida o la búsqueda constante de aprobación pública.
La tranquilidad, sostenían, surge cuando las relaciones humanas se construyen sobre la autenticidad y no sobre el interés o la apariencia. Desde esta perspectiva, alejarse de la muchedumbre implicaba liberarse de presiones externas para centrarse en aquello que realmente aporta bienestar duradero.
Más de veinte siglos después, la enseñanza de Hermarco de Mitilene sigue planteando una pregunta incómoda y necesaria: ¿dónde buscamos realmente nuestra seguridad? Mientras el mundo continúa ofreciendo respuestas basadas en la acumulación y el rendimiento, el filósofo griego proponía una alternativa mucho más sencilla y, quizá por ello, más difícil de alcanzar.
