The Objective
Santi González

Luzón, todo un fiscal

«Más relevante parece su falta de entusiasmo por seguir la orden dictada ayer por la fiscal general, prohibiendo que se rebaje la pena a Aldama por su colaboración»

Opinión
Luzón, todo un fiscal

Ilustración generada mediante IA.

El fiscal Anticorrupción, Alejandro Luzón, estuvo en su sitio al elevar a definitivas sus conclusiones en el juicio de las mascarillas, también llamado el juicio a la trama Koldo. Ha llamado la atención en los medios que Luzón no haya hecho propia la acusación formulada por Víctor de Aldama al asignar a Pedro Sánchez la condición de número uno de la trama, «con notable desahogo», ha valorado. No sé si es una valoración excesiva, pero resulta muy razonable que el fiscal de la causa no haya querido hacer suya semejante valoración sobre alguien que no está presente en la misma. Otra actitud sería incurrir en el mismo vicio que el juez José Ricardo de Prada, al preñar aquella sentencia sobre la Gürtel con una afirmación sobre la existencia de una caja B en la contabilidad del PP que no estaba en la causa y que el Supremo anuló después.

El representante del Ministerio Público ha dado pruebas sobradas de su buen oficio durante la vista. Más relevante a todos los efectos parece su falta de entusiasmo por seguir la orden dictada ayer por la fiscal general, prohibiendo que se rebaje la pena a Aldama por su colaboración con la Justicia. Ha sostenido Luzón que la colaboración del empresario ha sido clave para conocer aspectos que sin ella seguirían desconocidos y que, por lo tanto, es posible aplicarle la atenuante de confesión muy cualificada, que le evitaría volver a prisión. En la misma línea, el abogado Choclán afirmó que la dimensión de la organización criminal sometida a juicio «la ha proporcionado el señor Aldama». El abogado del PP se sumó a la petición y no sería fácil de entender que el Tribunal haga oídos de mercader ante tal muestra de unanimidad. El fiscal lo dijo muy claro, al admitir que se recompense su colaboración en la lucha contra la corrupción: «No hacerlo alienta la ley del silencio».

En vista de lo visto, uno cruza los dedos y contiene la respiración a la espera de la reacción de Teresa Peramato, la fiscal general que depende de Pedro Sánchez. El Ministerio Fiscal es una institución sometida a los principios de unidad de acción y dependencia jerárquica (art. 124.2 de la CE), y también está sometida en todo caso a los principios de legalidad e imparcialidad. Ella y su antecesor han demostrado hasta qué punto la jerarquía limita con la arbitrariedad en su universo. Recuerden su represalia contra Almudena Lastra y los viajes vertiginosos de ascenso por el escalafón que han sufrido Pilar Rodríguez, la Cianuro, y otra Pilar, Fernández, que es la mujer del delincuente Álvaro García Ortiz.

En esto llegó Félix Bolaños, que es un chute de kriptonita para la judicatura; se tomó por lo criminal el aspecto que estaban tomando los acontecimientos e hizo una declaración sobre el asunto en su mejor estilo. Hace ya tiempo que el ministro tres en uno parece empeñado en repetir la condena de los piratas de Astérix: ya no necesita a Cayetana para hacer el ridículo.

En la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros volvió a insistir en que el PSOE «adoptó medidas de inmediato» contra Ábalos (16 meses) y quiso hacer algo parecido a una ironía al expresar agradecimiento, acusando al PP de connivencia con el comisionista: «Gracias al PP y a Aldama por hacer tan evidente que colaboran los unos con los otros y los otros con los unos». Debería haber incluido en el lote al fiscal anticorrupción.

Él ya había brillado con una luz desconocida hasta ahora: es el primer ministro de Justicia que ha irrumpido en medio de un juicio del Tribunal Supremo con una demanda por vulnerar su derecho al honor contra uno de los procesados, Víctor de Aldama, por su acusación de que el ministro había intentado sobornarle.

Como se le ocurriría a cualquiera con dos dedos de frente, Aldama no colabora con el PP, sino con la Justicia, y el principal partido de la oposición pretende, en irreprochable ejercicio democrático, que esa colaboración siga dando frutos. Justo al revés de lo que quieren él y la fiscal general del Estado, que quieren impedir que siga aportando más información sobre este cáncer de nuestro tiempo. Justamente lo quieren en la cárcel por haber colaborado con la Justicia. Sin pruebas, decían. Es pertinente recordar que el Audi de Aldama recibió tres disparos en la ventanilla del conductor. ¿Están en condiciones Bolaños, Peramato y Grande-Marlaska de garantizar la vida de Aldama si consiguieran su deseo de meterlo en la cárcel?

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