Sánchez se aprovecha del hantavirus
«La maniobra de presentarse como el salvador de la humanidad le ha venido muy bien, porque ha sido una cortina para tapar sus auténticos problemas»

Ilustración de Alejandra Svriz
Desde hace una semana, todos los medios de comunicación, empezando por todas las televisiones, están dedicados a informar de manera exhaustiva de lo que está pasando con los pasajeros y los tripulantes del neerlandés crucero de lujo Hondius, entre los que se ha manifestado el peligroso y letal hantavirus, del que creo que casi nadie sabía de su existencia.
Cuando repasamos lo que hemos ido sabiendo de este asunto, es evidente que hay muchas cosas que no se entienden muy bien. ¿Cómo es posible que hasta el 10 de mayo en Tenerife no se haya actuado en ese barco para cuidar a sus pasajeros y tripulantes cuando ya el 11 de abril murió uno de ellos? O, ¿cómo se siguió sin actuar cuando, estando en la isla de Santa Elena, el 24 de abril, hubo 23 pasajeros que abandonaron el barco, entre ellos la mujer del fallecido, que, trasladada a Johannesburgo, morirá dos días después? O, ¿por qué no se actuó cuando el 2 de mayo muere otro pasajero y al día siguiente el barco llega a Cabo Verde y la OMS confirma que en ese barco está el hantavirus?
Y sobre todo, ¿por qué, ante la negativa de Cabo Verde y de Marruecos, aparece Sánchez aceptando la petición de la OMS y se ofrece a acoger el barco y sus pasajeros y tripulantes, sabiendo que llevaban ese virus dentro? ¿Por qué el barco no siguió hasta Rotterdam y Sánchez ofrece Tenerife? Porque me gustaría saber si hubiera hecho lo mismo en Barcelona o San Sebastián.
Esta aparición de Sánchez es la que tenemos que analizar y que entender porque es una manifestación más de su manera de ejercer el poder de forma cada vez más tiránica y, sobre todo, de su manera de maniobrar para seguir en el poder, dejando clara su absoluta falta de escrúpulos y de vergüenza.
Lo cierto es que la situación de Sánchez antes de que se ofreciera a hacerse cargo del problemón que supone la aceptación del barco estaba caracterizada por el espectáculo siniestro y disparatado que estaban dando en el Tribunal Supremo Aldama y sus íntimos colaboradores, Ábalos —su ministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE— y Koldo —que estamos viendo que era el hombre para todo de las extensas redes de corrupción socialista—. Un espectáculo en el que la prostitución ocupa un lugar central.
«Algo tenía que inventarse para que los andaluces dejaran de pensar en lo que de verdad representan Sánchez y su gente»
El escándalo de lo que los españoles estábamos viendo desde el Supremo era de tal magnitud que Sánchez se había retirado de la vida pública, aunque, como es costumbre suya, no de viajar al extranjero ni de publicar tiktoks.
A ese problema se le unía la campaña electoral de Andalucía, donde él, como el conducator que es, había mandado a su vicepresidenta Montero a que se estrellara. Pero todas las encuestas iban indicando que no se iba a estrellar, sino lo siguiente, y que su chica iba a conseguir los peores resultados de la historia del PSOE en Andalucía, que, durante casi cuarenta años —hasta la llegada de Sánchez— ha sido el mayor caladero de votos socialistas. Pero claro, ¿cómo van a votar los andaluces a la responsable penúltima del trato de favor a Cataluña y País Vasco frente a Andalucía y el resto de España? Algo tenía que inventarse para que los andaluces dejaran de pensar por un momento en lo que de verdad representan Sánchez y su gente.
Y por si esos fueran pocos problemas, al día siguiente se encuentra con la muerte de otros dos guardias civiles persiguiendo una narcolancha y su olfato le dicta que, si va él o su ministro Marlaska al sepelio de esas víctimas, van a ser abucheados porque sabe de sobra que, desde que Marlaska está en Interior, hizo desaparecer la unidad de élite contra el narcotráfico y han votado más de seis veces en contra de declarar a la Guardia Civil profesión de riesgo.
Todo pintaba muy mal para el autócrata de La Moncloa. Pero hay que saber que es un virtuoso de la mentira y de las maniobras torticeras. Una buena prueba de esto es que el próximo 1 de junio va a superar los ocho años en el Gobierno de España, y esos años los ha logrado a base de mentiras y chanchullos. Empezando por la moción de censura: la mayor mentira de todas, ¡con Ábalos pronunciando el discurso contra la corrupción!, cuando él ya estaba manchado por ella en la famosa votación del Comité Federal del PSOE en octubre de 2016.
«Su capacidad para manipular no tiene límites y los que queremos que España recupere la normalidad debemos tenerlo en cuenta»
Después, en las siguientes elecciones mintió cuando dijo que le quitaría el sueño que Podemos estuviera en el Gobierno de España para acabar abrazado a Iglesias. Y en la siguiente volvió a mentir, esta vez con referencia a Bildu («con Bildu, no»), que hoy es su socio más fiel, a la vez que él es el socio más fiel de los filoetarras. En definitiva, un virtuoso de la mentira para sacarle provecho.
Y ahora, maniobra de presentarse como el salvador de la humanidad —su ministra de Sanidad lo ha dicho— con esta operación, que, por otro lado, no sabemos cómo va a terminar realmente. Aunque por ahora a él le ha venido muy bien, porque ha sido una cortina para tapar sus auténticos problemas.
Su capacidad para manipularlo todo no tiene límites y los que queremos que España recupere la normalidad debemos tenerlo en cuenta para luchar contra esas trampas y manipulaciones. Una lucha en la que la calle tiene que ocupar un lugar importante. Y no digo más.