The Objective
Esperanza Aguirre

Fachas y demócratas

«La Caída del Muro hizo que los seguidores del totalitarismo comunista encontraran en la doctrina del Frente Popular la vía para implantar sus regímenes totalitarios»

Opinión
Fachas y demócratas

Ilustración generada mediante IA.

Creo que todo el mundo hoy está de acuerdo en considerar al comunista Stalin como el dictador más cruel y sanguinario del siglo XX, aunque el también comunista Mao Zedong pueda estar cerca de arrebatarle ese título. Su brutalidad, asesinando a rivales e, incluso, a fieles seguidores, fue tan grande que hoy nadie, con un mínimo de sentido común, se atreve a presentarse como estalinista.

Sin embargo, ese terrorífico dictador, además de demostrar una crueldad sin límites, también demostró ser uno de los políticos más hábiles del siglo pasado, y no hay más que ver cómo, después de pactar con Hitler, colaboró en su derrota y consiguió quedarse con media Europa. Su capacidad maniobrera fue tal que hoy, aunque nadie reconozca explícitamente ser seguidor suyo, son muchos los políticos que siguen al pie de la letra sus instrucciones y consejos.

Veamos cómo articuló el asesino Stalin algunos de esos consejos que hoy hacen suyos políticos muy cercanos a nosotros. Resulta que en 1919 su predecesor, Lenin, nada más hacerse con el poder en la Unión Soviética, había creado la Internacional Comunista (Comintern), que era la unión de todos los partidos comunistas del resto del mundo, bajo su liderazgo. La creó con el objetivo de que todos los comunistas del mundo estuvieran unidos a la hora de ir implantando la dictadura del proletariado en cada uno de sus países, de la misma manera que el partido comunista ruso lo acababa de hacer en la URSS.

En los primeros años de la Comintern el modelo para hacerse con el poder que aceptaban los partidos comunistas de todo el mundo era el soviético, es decir, el de dar un golpe de Estado violento.

Pero poco tiempo después, Stalin, al comprobar que todos los partidos comunistas que habían intentado imitar a los soviéticos habían fracasado, decidió cambiar radicalmente la estrategia del comunismo internacional.

«La táctica del Frente Popular era lograr que a las elecciones se presentaran unidos todos los partidos que no fueran de derechas»

Para ello, en 1935, convocó en Moscú el VII Congreso de la Internacional Comunista y allí explicó a sus correligionarios de todo el mundo que para alcanzar el poder la herramienta ya no sería la de la violencia de una vanguardia minoritaria, sino el Frente Popular.

Y ¿qué quería decir Stalin con ese concepto que había inventado y que imponía a todos los comunistas? En primer lugar, hay que tener en cuenta que eso del Frente Popular lo predicaba, sobre todo, para los países occidentales, en los que ya había regímenes democráticos y en los que se alcanzaba el poder después de ganar unas elecciones. La táctica que encerraba el Frente Popular consistía en algo aparentemente muy simple: lograr que a las elecciones se presentaran unidos todos los partidos que no fueran de derechas, es decir, los comunistas, los socialistas (con los que los comunistas, hasta entonces, habían estado enfrentados porque no habían querido adherirse a la Comintern) y, muy importante, aquellos partidos burgueses, pero que podían considerarse de izquierdas. Una vez logrado el triunfo electoral sin disparar un solo tiro, el gobierno del Frente Popular, siguiendo las directrices de Stalin, iría, poco a poco, dando los pasos necesarios para implantar el comunismo, esto es, la dictadura del proletariado, como en la URSS.

Pero una de las instrucciones fundamentales que Stalin dio a sus esbirros de la Comintern fue la de que no se usara la palabra «comunismo», porque ya se había dado cuenta de que esa palabra suscitaba preocupación, cuando no rechazo, y que se sustituyera por la palabra «democracia», que es una palabra siempre con connotaciones muy positivas. Y esta instrucción la completó con la de ordenar a sus seguidores del Frente Popular que calificaran siempre a todos los que no se unieran a ese frente de «fascistas». Es verdad que entonces, en los años treinta, había fascismo en la Italia de Mussolini, pero los frentepopulistas no se cortaban un pelo a la hora de llamar «fascistas» a demócratas cristianos, a liberales, a conservadores o a cualquiera que no comulgara con su objetivo, que no era otro que implantar el comunismo.

«Sánchez lleva ya gobernando ocho años al frente de una coalición en la que hay grupos que no disimulan su condición totalitaria»

Como el triunfo de los aliados, entre los que estaba la URSS, en la II Guerra Mundial condujo al dominio soviético en media Europa, la táctica del Frente Popular cayó en desuso en los países occidentales y, en general, en todo el mundo, fundamentalmente porque los partidos socialdemócratas se hicieron radicalmente anticomunistas.

Sin embargo, la Caída en 1989 del Muro de Berlín, que demostró cumplidamente el fracaso del comunismo, hizo que los seguidores del totalitarismo comunista no se dieran por vencidos y encontraran en la doctrina estalinista del Frente Popular la vía por la que seguir maniobrando para implantar sus regímenes totalitarios. Lo hemos visto en el Foro de São Paulo y en el Grupo de Puebla. O, sin ir tan lejos, en la España de Sánchez, donde lleva ya gobernando ocho años al frente de una coalición en la que hay grupos que no disimulan lo más mínimo su condición totalitaria (comunistas de distintas familias o Bildu).

Y una de las señas de identidad de estos nuevos seguidores del Stalin que inventó el Frente Popular la tenemos en la soltura con que a sí mismos se califican de demócratas y a los demás de fascistas.

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