Últimas noticias sobre Thomas Bernhard
«’Tres semanas con Thomas Bernhard en Torremolinos’, el relato de su hermana, Susanne Kuhn, sobre su estancia en Málaga a finales de 1988, es precioso»

El escritor Thomas Bernhard. | Wikimedia Commons
En el Día del Libro, hay que celebrar los traductores automáticos. Gracias al de Google, he podido añadir a mi bibliografía sobre Thomas Bernhard libros en alemán. A estas alturas yo sería un erudito bernhardiano si mi memoria no fuese un coladero. Pero solo puedo aspirar a erudiciones fugaces sobre lo más reciente que he leído. Al igual que aquel personaje de Borges que se había propuesto leer la Encyclopaedia Britannica por orden alfabético y una tarde, y solo esa tarde, lo supo todo de los druidas, de los drusos y de Dryden. Yo ahora, y solo ahora, lo sé todo de ciertos aspectos de la vida de Bernhard que actualizan o corrigen lo que sabía; en especial de su estancia última en Torremolinos.
Antes debo decir que también he leído estos días el mejor texto que se ha escrito en español sobre el autor austriaco: Bernhard: el exilio póstumo, de Juan Villoro, recogido en Efectos personales. Es una extraordinaria síntesis total de Bernhard, que culminaría la magnífica colección de escritos en nuestro idioma compuesta, entre otros, por los de Azúa, Marías, Savater, Sánchez-Andrade, Schifino, Espinosa, Baqués, Fortea y, por supuesto, Miguel Sáenz.
En cuanto al alemán, están los dos magnos libros del salzburgués Manfred Mittermayer, capo de los estudios bernhardianos: Thomas Bernhard (1995), análisis pormenorizado de su obra, y Thomas Bernhard. Eine Biografie (2015), la más completa biografía hasta hoy. Y los volúmenes espléndidos del dibujante Nicolas Mahler (que ya había adaptado a cómic la novela Maestros Antiguos y la obra de teatro El reformador del mundo): Thomas Bernhard. Die unkorrekte Biografie (2021) y Thomas Bernhards Salzburg (2022). Obsérvese que estos dos son ya libros pospandémicos, como si el imperio de la enfermedad hubiese reavivado el interés por Bernhard. También lo son los de sus hermanastros: Ein Leben an der Seite von Thomas Bernhard (2021), de Peter Fabjan; y Drei Wochen mit Thomas Bernhard in Torremolinos (2025), de Susanne Kuhn, este con ilustraciones de Mahler y entrevista de Mittermayer a la hermanastra. Finalmente, he conseguido el libro de viajes con Bernhard Seteais (1992), de su amiga Gerda Maleta; inmejorable apellido para una compañera de viaje.
En este último, se da la noticia de que en 1987 Bernhard se cruzó con el entonces príncipe Carlos y Diana de Gales en Sintra; lo que le dio la idea de su penúltima obra teatral (estrenada póstumamente), Isabel II. En ella, los curiosos que se apelotonan en un balcón para ver pasar a la reina de Inglaterra mueren al desplomarse el balcón. Otro cruce: con Brézhnev, nada menos, en Berlín Oriental, cuando Bernhard y Maleta pasaron el Muro en 1973 para ver una representación de El ignorante y el demente. El mandamás de la Unión Soviética estaba de visita en la ciudad y se encontraron entre la multitud que recibía su saludo desde el coche blindado.
En la biografía de Mittermayer están las cuatro cosas que supe por Adan Kovacsics en su excelente conferencia sobre El malogrado: que el padre de Bernhard no solo abandonó a la madre cuando la dejó embarazada, sino que esto fue por una violación; que la tía de Bernhard, Hedwig Stavianicek, era tacaña; que su director de orquesta favorito era Carl Schuricht; y cuál es el comienzo, lo único que tenía escrito, de la que iba a ser su nueva novela, Terranova. Hay algunos detalles más: que el joven Bernhard fue durante un tiempo, al volante de un camión, repartidor de cerveza Gösser (que desde este instante pasa a ser la cerveza bernhardiana). O el amor que por él tuvo Grete Hufnagl, quien dejó a su marido por Bernhard y, cuando entendió que este solo quería amistad, volvió con el marido, para sumirse en la depresión y el silencio cuando murió Bernhard, hasta su propia muerte.
«Todas las informaciones sobre la estancia de Bernhard en Torremolinos lo sitúan en el hotel Barracuda, en la playa de La Carihuela»
Pero la joyita de mis lecturas en alemán es la de la hermana Susanne Kuhn, cuyo libro sobre la estancia de Bernhard en Torremolinos salió el verano pasado. Yo recopilé lo que se sabía hasta 2017 en el artículo El turista cero, publicado en el especial sobre Torremolinos de la revista Litoral (recogido en mi libro Inspiración para leer). Hay sustanciales modificaciones. La primera, que Bernhard no llegó a Torremolinos el 18 de diciembre de 1988, como escribe Sáenz en Thomas Bernhard. Una biografía, sino tres semanas antes, el 27 de noviembre. Lo que ocurrió fue que la hermana estuvo con Bernhard hasta el 18 de diciembre, y ese día vino a relevarla el hermano Peter Fabjan, quien, dado el mal estado de Bernhard, volvió con él a Austria el 30 de diciembre. La idea inicial de Bernhard era quedarse más tiempo. De hecho, tenía concertada una cita con Sáenz el 10 de enero de 1989.
En el libro de Kuhn se reproduce un documento sorprendente: la reserva del viaje que hizo Bernhard en la agencia Siesta Reisen de Viena, en la que justo el 18 de diciembre se trasladaba del hotel Barracuda al hotel Flamingo (hasta el 6 de enero). Todas las informaciones sobre la estancia de Bernhard en Torremolinos lo sitúan en el hotel Barracuda, que se encuentra en la playa de La Carihuela. El hotel Flamingo está arriba, en el centro. Actualmente se llama Costa Málaga. Fui a preguntar pero no sabían nada. Lo más seguro es que, cuando llegó Fabjan, que era médico, desaconsejara el cambio de hotel. En su propio libro, por cierto, añade otro dato sobre la estancia de Bernhard en Málaga: en un coche alquilado por Fabjan, hicieron una excursión a Ronda en compañía de la actriz Marianne Hoppe, amiga de Bernhard. Aparecen comiendo en una foto. También cuenta Fabjan que el encuentro con Max Frisch en el aeropuerto de Málaga fue en el regreso. Lo que tiene más delito y confirma mi tesis de que Frisch fue el asesino de Bernhard, por permitir que este, estando ya en las últimas, le llevara una maleta que resultó muy pesada: ¡contenía, no botellas de moscatel como nos maliciábamos los bernhardianos malagueños, sino «bolas de bolos»!
Volviendo a Tres semanas con Thomas Bernhard en Torremolinos, el relato de la hermana es precioso. Se alojan en el hotel La Barracuda, él en una habitación de la novena planta (la 912, según Sáenz) y ella, que tiene vértigo, en una de la segunda, con vistas a la piscina y el mar. Ella sabía un poco de español, porque de niña pasó un tiempo con una familia de acogida en Zaragoza. Está tensa, porque es la primera vez que pasa tanto tiempo a solas con su hermano, irritable, caprichoso y además enfermo. Él solo puede dormir medio sentado, porque se afixia. Ella le apaña la cama, que es desplegable, metiendo el cajón de un mueble bajo el colchón. Pero cada mañana las limpiadoras se lo deshacen y tiene que montarlo de nuevo.
Todos los días salen del hotel, buscando el sol porque a la sombra hace frío. Compran zapatos, una obsesión de Bernhard. Y compran montones de periódicos, que carga la hermana. Un día llega a recepción un paquete con la edición española de Tala en Alianza. Otro día cantan juntos In the Summertime, de Mungo Jerry. Bernhard le pide a la hermana que nade para él en la piscina, mientras la mira desde su balcón. El agua está helada.
«Es a la vuelta de Marbella, y no de Gibraltar como se pensaba, cuando se pasan de parada y se bajan del autobús en plena autopista»
El 6 de diciembre van de compras a Marbella, pero lo encuentran todo cerrado. Lo atribuyen a que es el día de San Nicolás. Es a la vuelta de Marbella, y no de Gibraltar como se pensaba (la excursión a Gibraltar la harían unos días después), cuando se pasan de parada y se bajan del autobús en plena autopista entre Torremolinos y Málaga. Para coger un taxi en la dirección opuesta, tienen que cruzar la autopista llena de tráfico, saltando la mediana. Es Bernhard el que asombrosamente anima a la arriesgada carrerita. Otra jornada va ella sola a la Alhambra en un viaje organizado por el hotel. Bernhard no la acompaña.
Un dato importante para el bernhardianismo malagueño: es en el Barracuda donde Bernhard firma con el editor de Residenz la edición de su primera novela (casi poema), escrita en 1956 y que permanecía inédita: En las alturas. Sería el último libro suyo que vería publicado en vida. El contrato, según otra fuente, se firmó el 13 de diciembre.
Una noche Bernhard se siente muy mal y le pide ayuda a la hermana, que sube corriendo al noveno piso. «Ya está, no tengo pulso», le dice él. Ella le aplica un espray de nitroglicerina para que respire mejor y logra recuperarlo. Al rato, Bernhard le pide que salga con él al balcón. «Quiero oír el sonido del mar una vez más». Es lo que quería, escribe con emoción la hermana, «justo después de creer que todo había terminado». El mar estaba tempestuoso aquella noche.