The Objective
José Antonio Montano

Vivir en el diario de Trapiello

«'De todo tiene', volumen 25 del 'Salón de pasos perdidos', propicia la dicha de volver adonde queríamos estar como lectores, con el sosiego que suscitan sus páginas»

Opinión
Vivir en el diario de Trapiello

Ilustración generada mediante IA.

Ahora cada año de Andrés Trapiello es especial, porque no sucede todos los años. Me refiero a sus años diarísticos, que son los que vivimos con él. En otros tiempos formaban parte de nuestra felicidad anual garantizada, pues no había año en que no se publicara un nuevo tomo del Salón de pasos perdidos. Félix Ovejero escribió en 2009 que todo 1 de enero sabíamos que nos aguardaban al menos tres alegrías antes de que llegase el 31 de diciembre: el Tour de Francia, la película de Woody Allen y el diario de Trapiello. El Tour se mantiene; a Woody se lo han cargado, aunque no del todo (actualmente prepara su prometedora película ambientada en Madrid); y Trapiello ha bajado el ritmo de publicación de su diario por el éxito que está teniendo con sus otros libros.

Algunos de estos libros son de encargo. Los editores son esos tipos que distraen al autor de lo que tiene que escribir. Tales libros son buenos, claro, y completan la novela de la vida. De hecho, al lector de los diarios le ha gustado leer El Rastro, Madrid y Próspero viento, además de la joyita que es La Fuente del Encanto, porque a su manera son extensiones del Salón de pasos perdidos. Pero es este, en sentido estricto, el que nos parece excepcional y del que quisiéramos leer más, al ritmo de antes. Querríamos ser la enfermera de Misery y encerrar al autor para que se pusiera al día con su obra. Aunque también entendemos que prefiera ocuparse de otros libros. Su diario, por otra parte, tiene una curiosa cualidad: podría haberse detenido ya, o hace un montón de tomos, sin que dejase de ser una obra maestra. Pero el que no lo haya hecho lo engrandece más aún: la extensión, como la de la Muralla China, ha pasado a ser un elemento de la obra. Al diario, en fin, le pasa como a la vida: queremos más, siempre más. Nietzscheanamente más.

«En estas páginas está la vida; o una representación de la vida que está viva»

La dilación con que ha salido el vigesimoquinto tomo del diario, De todo tiene (Ediciones del Arrabal), propicia por otro lado un placer extra: la percepción nítida del regreso a casa, al no tenerla fresca. Abrimos el libro y lo de siempre —la cita de Galdós («Por doquiera que el hombre vaya lleva consigo su novela»), el prólogo y la primera anotación del año, en su primer día— se ha intensificado como todo placer que se demora. Y enseguida, otra vez, lo dicho: la casa. La dicha de haber vuelto adonde queríamos estar como lectores, con sosiego en estas páginas que suscitan sosiego. La impaciencia cesa y nos echamos a vivir otra temporadita en la obra en marcha.

De todo tiene es el diario de 2011. El lector contemporáneo de unos diarios puede evocar también sus propias fechas. Al hacerlo en este con las mías, me he dado cuenta del mucho tiempo que hace ya. Un tiempo que sigue latiendo aquí. De hecho, esta es la clave particular del género: el tiempo y la vida de ese tiempo. Al principio hay unas disquisiciones sobre la verdad y la mentira, y sobre creer o descreer en lo que sean o no. Pero lo importante, hecha de verdad o de mentira, de creencia o descreencia, es la vida: cómo en estas páginas está la vida; o una representación de la vida que está viva. Por eso con la lectura se la vive.

Nunca falta el lector que quiere saber por qué tomo del Salón de pasos perdidos comenzar. La respuesta es fácil: por cualquiera de los 25. Por ejemplo, por De todo tiene.

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