The Objective
José Antonio Montano

Caetano antes

«Ha sido tanto lo que me ha dado la música brasileña que sin ella mi vida habría sido más pobre, más triste. Facilita un esteticismo con pasión. Una mejora cotidiana»

Opinión
Caetano antes

Ilustración de Alejandra Svriz

Caetano Veloso canta en Madrid este jueves 4 de junio. Decidí no ir a verlo y así lo proclamé. Del concierto anterior salí algo decaído. Pero al cabo de diez días (¡otra de mis fluctuaciones!) me dio un ataque agudo de caetanovelosidad y saqué una entrada. Escribo antes de asistir.

Será la décima vez que lo vea en España. La primera fue en Málaga y en Madrid el resto. Lo vi una más en el carnaval de Bahía. Caetano iba en el trío eléctrico de Gilberto Gil, con este y con Ney Matogrosso. Bailábamos detrás del camión con bafles que los llevaba, con nuestra lata de cerveza, sudados de tanta noche por el trayecto Barra-Ondina, cuando Caetano empezó a cantar Chuva, suor e cerveja y justo entonces se puso a llover. Qué momento de plenitud: era una felicidad de la que formaba parte cierta guasa meteorológica.

El trío eléctrico se creó en los cincuenta, pero al cabo de un tiempo pasó de moda. Fue Caetano el que lo rescató con la canción Atrás do trio elétrico en 1969. Sucedió que, mientras los bahianos celebraban el reavivado invento en aquel carnaval, Caetano estaba preso junto a Gilberto Gil. Tras unos meses en la cárcel y otros cuantos confinados en Salvador, la dictadura militar los mandaría al exilio. Yo me aficioné a la música brasileña 20 años después, con los casetes de la colección Personalidade preparada por Roberto Menescal. El de Caetano Veloso empezaba, muy apropiadamente, con Beleza pura.

Eso lo desató todo, y desde ahí más casetes, discos, conciertos, el programa de radio de Carlos Galilea (y en menor medida el de Rodolfo Poveda), las partituras con letras traídas de Río de Janeiro y los libros, entre los cuales destaca Verdad tropical, de Caetano Veloso, uno de mis tres favoritos, junto con Bossa Nova. La historia y las historias, de Ruy Castro, que traduje para Turner, y Noites tropicais, de Nelson Motta. Y los viajes a Brasil. El último no lo hice porque lo impidió la pandemia. Y, por supuesto, desde hace dos décadas, la totalidad de internet, con su música, sus vídeos, sus entrevistas, su información absoluta.

«Incluso cuando remite la alegría, tan frecuente en ella, esta música proporciona una especie de ‘tristeza de calidad’»

Ha sido tanto lo que me ha dado la música brasileña que sin ella mi vida habría sido más pobre, más triste. Lo mejor es que, incluso cuando remite la alegría, tan frecuente en ella, esta música proporciona una especie de tristeza de calidad. Facilita un esteticismo con pasión. Una mejora general, cotidiana. Llevo dos tercios de mi edad escuchándola a diario. Me gusta recordar el aforismo de Nietzsche («Sin música la vida sería un error») y adaptármelo: «Sin música brasileña mi vida sería un error».

Es difícil que este no sea el último concierto de Caetano Veloso en España. Pronto cumplirá 84 y se reconoce cansado. Después de comprar mi entrada, y aún en pleno ataque de caetanovelosidad, hice la lista de reproducción Caetano Histórico, un recorrido por toda su obra. Se puede escuchar en Spotify (con 200 canciones) y en YouTube (ya perfecta, con 212). Es tal el nivel, la delicia, la emoción, la modernidad, la delicadeza, la (en efecto) belleza pura que creo que esta lista es lo mejor que he hecho en mi vida. Llevo un mes poniéndomela en todos los paseos de esta primavera que se va volviendo verano, con el mar en casi todas las ocasiones, o al menos la brisa y el sol, el calor cuasitropical también, o las luces nocturnas, y he experimentado una resurrección vitalista.

La vida no siempre ha estado en la vida, pero siempre ha estado en las canciones de Caetano Veloso.

Publicidad