The Objective
Esperanza Aguirre

Largo Caballero, modelo de Sánchez

«Ha llegado al poder y se mantiene en él por la existencia de un frente popular no declarado, formado por socialistas y comunistas y todos los independentistas»

Opinión
Largo Caballero, modelo de Sánchez

Imagen creada con inteligencia artificial.

En un mitin en Alicante el 19 de enero de 1936, el secretario general de la UGT, Francisco Largo Caballero, proclamó: «Quiero decirles a las derechas que si triunfamos, colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas, nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la guerra civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros las realizamos».

Y al día siguiente en Linares decía: «La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución».

En aquellos días, España estaba en medio de la campaña para las elecciones de febrero. Unas elecciones que hoy sabemos que ganó, presuntamente haciendo trampas, el Frente Popular, del que Largo Caballero era uno de los más importantes líderes.

Esas palabras expresan con nitidez cuál era la actitud con que los socialistas, que formaban parte del Frente Popular, afrontaban las elecciones dentro de una república, a la que socialistas y comunistas consideraban «burguesa»: si ganaban, ganaban para implantar el socialismo, y si no ganaban, irían a una guerra civil para acabar implantando el socialismo, que consideraban incompatible con la democracia.

Pues bien, dado que Pedro Sánchez, en multitud de ocasiones, ha proclamado que Largo Caballero es su modelo, merece la pena analizar la trayectoria de Sánchez para comprobar hasta qué punto sigue las líneas que marcó, hace 90 años, su modelo.

«El Frente Popular fue un invento de Stalin para juntar a todas las fuerzas políticas de la izquierda»

Largo Caballero pretendía que los socialistas se hicieran con el poder gracias al Frente Popular que, no olvidemos, fue un invento de Stalin para juntar a todas las fuerzas políticas de la izquierda (comunistas, socialistas e, incluso, burgueses progres). Con la idea de, una vez alcanzado el poder, maniobrar para, paso a paso, implantar el comunismo, es decir, la dictadura del proletariado.

Ya hace mucho que los comunistas y sus compañeros de viaje no mencionan nunca eso de la «dictadura del proletariado», porque saben que es una expresión que está absolutamente desprestigiada, pero eso no quita para que, en sus objetivos, siga vivo el de implantar un régimen totalitario, en el que no exista separación de poderes, en el que haya control absoluto sobre la prensa, en el que se nacionalicen las empresas que a los jefes de ese régimen les apetezca y en el que la educación en todos sus niveles esté dedicada a insuflar en los alumnos una determinada ideología.

Lo estamos viendo en los países en los que los del Grupo de Puebla se hacen con el poder. Con la Venezuela de Chávez en primer lugar, que, a pesar de la detención de Maduro, no acaba de restaurar la democracia. Por no hablar de la Cuba de los Castro. En todos esos países está implantado un régimen totalitario con las características antes descritas.

Pues bien, Sánchez, que no para de presumir de ser ya el segundo presidente del Gobierno que más tiempo ha estado en La Moncloa, ha hecho y está haciendo muchas de las cosas que se parecen a las que predicaba Largo Caballero.

La primera es que ha llegado al poder y se mantiene en él por la existencia de un frente popular no declarado, pero formado por socialistas y comunistas, que, además, han incorporado a todos los independentistas, golpistas, racistas y filoterroristas, que tienen como objetivo fundamental el acabar con España. En esto, curiosamente, Sánchez se separa de Largo, para el que los nacionalistas eran unos carcas.

Y una vez que ese frente popular no declarado le ha colocado y le mantiene en el poder, Sánchez no ha parado de dar pasos para, sin pausa, ir implantando ese socialismo del siglo XXI, eufemismo detrás del que se esconde el totalitarismo comunista de toda la vida.

Podemos ver cómo no para de dar esos pasos, que intenta disimularlos, aunque no consiga engañarnos a todos los ciudadanos.

Acabar con el Estado de derecho

Que quiere acabar con la división de poderes y con la independencia del Poder Judicial es algo que se respira en cada declaración suya y de los suyos, entendiendo por suyos todos los que le deben el sueldo, tanto en el Gobierno como en los medios de comunicación que controla, con RTVE a la cabeza. Sin la menor vergüenza los esbirros de Sánchez no paran de descalificar a cualquier juez, fiscal, guardia civil o policía que, cumpliendo con su deber, actúa para destapar algún acto de corrupción de Sánchez y los suyos.

El control de los medios

El control sobre la prensa también se respira hoy, y no hay más que ver cómo esos suyos arremeten sin freno contra cualquiera de los medios que les critica, a los que inmediatamente califican de fachosfera.

Invasión de las empresas privadas

Sin atreverse a decir que nacionalizan empresas, estamos viendo cómo el sanchismo utiliza el dinero de todos los españoles para hacerse con empresas privadas, como Telefónica o Indra, en las que, por supuesto, coloca a sus amigos y a las que utiliza para su provecho.

Y para terminar la descripción de algunas de las maniobras que Sánchez está llevando a cabo desde hace ocho años para lograr que España sea un régimen totalitario más o menos encubierto, recordemos que desde 2020 tenemos una Ley de Educación, elaborada por la ministra Celaá, que ya dejó claro que «los niños no son de los padres», sino del régimen. Exactamente igual que en la Unión Soviética y que en China, dos modelos que, aunque lo disimulen, tienen presentes los que, desde hace ocho años, gobiernan España.

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