El Papa en España
«La afluencia masiva de fieles a los actos con el Papa demuestra que todavía en España quedan cristianos y con ganas de hacer público su cristianismo»

Ilustración de Alejandra Svriz
Para los españoles es un indiscutible honor que la primera gran visita que León XIV haga a un país europeo nos la haya ofrecido a nosotros. El hecho de ser el primer país occidental, democrático y desarrollado que visita y en el que sabíamos que iba a tomar la palabra en múltiples ocasiones hacía que todo el mundo tuviera especial interés por escuchar lo que el Papa diría sobre la situación política, social, cultural y religiosa de estos países y sobre su relación con el cristianismo.
Pero es que, además, por nuestra parte, los españoles estamos viviendo uno de los momentos políticos más tensos de los últimos cincuenta años. Lo que hacía que también nosotros quisiéramos escuchar su palabra y sus consejos, además de tener la oportunidad de acompañarle.
Este afán por verle, por estar cerca de él, por acompañarle y por escucharle, podemos decir, aunque aún no ha terminado su estancia en España, que se ha convertido en uno de los fenómenos más extraordinarios y llamativos de esta visita. Han sido multitudes ingentes las que han ido a participar en actos como la Vigilia del Corpus en la Plaza de Lima, como la Misa de Cibeles o como el concierto del Bernabéu.
Que masas de ciudadanos, con gran participación de jóvenes, hayan ido a rezar y a adorar al Santísimo y a celebrar la Eucaristía junto al Papa, es un dato enormemente positivo, en unos momentos en los que todos los que tienen como objetivo central acabar con la civilización occidental no paran de criticar e ignorar el cristianismo. No me resisto a citar al pensador francés, judío y ateo, Éric Zemmour, que, en su último libro, nos ha dejado dicho: «Francia sin el cristianismo ya no es Francia». Lo mismo se puede decir de España.
Pues bien, la afluencia masiva de fieles a esos actos con el Papa demuestra que, a pesar de todo lo que hacen los que quieren acabar con Occidente, de los que aquí tenemos unos cuantos y, además, gobernando, todavía en España quedan cristianos y con ganas de hacer público su cristianismo.
«Armengol espolvoreó en su panfleto todos los llamados principios del ‘wokismo’, que es la auténtica religión de los sanchistas»
Y, además, el Papa ha hablado. Y ha hablado como lo que es, la cabeza visible de la Iglesia Católica, es decir, ha expuesto con brillantez y valentía cuáles son los principios morales y religiosos que los católicos debemos respetar en nuestras actuaciones políticas, es decir, en la articulación de la vida en común de los ciudadanos dentro de los países, y de los países en sus relaciones internacionales.
Para mí ha sido especialmente importante el discurso que pronunció el pasado lunes en el Congreso de los Diputados. Curiosamente tomó la palabra después de la presidenta Armengol, que había aprovechado su oportunidad para soltar una especie de panfleto en el que espolvoreó todos los llamados principios del wokismo (del multilateralismo al cambio climático), que es la auténtica religión de los sanchistas, sin pronunciar ni una vez palabras como España, libertad, cristianismo o Jesucristo.
El Papa sí habló de España y, además, demostrando un profundo conocimiento de nuestra cultura. Ya me gustaría a mí que todos los diputados y senadores allí presentes supieran de verdad lo que nos tienen dicho autores como los que citó: Cervantes, Santa Teresa, Unamuno, Francisco de Vitoria o los de la Escuela de Salamanca. Y de nuestra historia, con los Reyes Católicos en primer lugar, una historia que, como la del resto de los países occidentales, no se puede entender sin el cristianismo. Entre otras razones, como allí dijo, porque las leyes y la política de nuestras democracias se basan en el reconocimiento de la dignidad y la libertad de las personas, y el reconocimiento de esa dignidad y de esa libertad es consecuencia del mensaje evangélico.
Los socios más cercanos a Sánchez, los podemitas, los que le dieron el gobierno en 2019 y ahora le sostienen en él, se ausentaron y, no sólo, le insultaron gravemente comparándolo con los ayatolás iraníes. Pues bien, Sánchez y los que todavía son suyos se agarran a la apuesta que León XIV hace en favor del Derecho Internacional para conseguir la paz, y a su defensa de la dignidad y los derechos de los inmigrantes para considerarle un compañero de viaje suyo. No quieren escuchar ni la denuncia que hizo de las mafias que manipulan a esos inmigrantes ni la llamada a protegerles en sus países de origen.
«No quieren darse por aludidos cuando el Papa defiende la vida, desde la concepción hasta el final natural»
También resulta cómico, si no fuera trágico, que consideren al Santo Padre un colega suyo porque habla de acabar con la polarización y los enfrentamientos, cuando ha sido el mismísimo Sánchez el que, sin un átomo de vergüenza, declaró solemnemente en su discurso de investidura que el objetivo central de su política es el de construir un muro que divida a los españoles en buenos y malos.
No quieren darse por aludidos cuando el Papa defiende la vida, desde la concepción hasta el final natural, porque a ellos que el aborto sea un derecho les parece una fiesta y la eutanasia, el espectáculo más atractivo. Como tampoco quieren saber que el Papa defiende que la memoria histórica tiene que ser siempre una vía para alcanzar la verdad y la reconciliación.
El Papa, al contrario que la Armengol, sí pronunció, y muchas veces, las palabras España y libertad.
De esta visita, que aún no ha terminado, creo que todos vamos a tener que extraer muchas enseñanzas. Para lo que será necesario dedicar tiempo y reflexión para analizar todo lo que ha dicho y todo lo que ha pasado. Pero que queden aquí unas primeras impresiones.