El Papa y otras noticias
«Lo que se vio el otro día en la sede de la soberanía nacional fue una muestra de Plurinacional Catolicismo. Un ataque al laicismo, a las mujeres y a la inteligencia»

Ilustración generada mediante IA.
Como bien dice Anónimo García, la actualidad nos está matando. Cada noticia merece ser comentada hasta la extenuación. Estamos obligados a opinar, posicionarnos y enzarzarnos en discusiones estériles. El último ejemplo ha sido la visita de Robert Francis Prevost a España.
El jefe del Estado Vaticano acudió al Congreso de los Diputados de nuestro país para solemnizar obviedades y repetir lugares comunes. Lo más lamentable fue cuando afirmó que los que defendemos el derecho al aborto y a una muerte digna estamos contra la vida. Él está «a favor de la vida» y los demás, por lo visto, estamos en contra. Entiende este buen hombre que las mujeres que deciden voluntariamente interrumpir su embarazo han cometido un pecado, y le gustaría que se tipificara como delito. ¿Las mandamos a prisión? ¿Las obligamos a parir? ¿Las metemos en la cocina? Al acabar el discurso del Papa, pudimos contemplar una ovación de siete minutos.
Lo que se vio el otro día en la sede de la soberanía nacional fue una muestra de lo que yo llamaría Plurinacional Catolicismo. Un ataque al laicismo, un ataque a las mujeres y un insulto a la inteligencia. Para colmo, Prevost no quiso reunirse con diversas asociaciones de víctimas de la pederastia, pues tenía cosas mucho más importantes que hacer, como acudir al Estadio Santiago Bernabéu. Como no puede ser de otro modo en nuestra peculiar monarquía confederal pluriétnica, la gran polémica se produjo cuando los insufribles ultranacionalistas de Junts pidieron a Prevost que hablara catalán, pero no solo en la intimidad. También en público. Propongo que hable en aranés, euskera, gallego, bable y andalú.
La turra del Papa ha eclipsado algunas noticias importantes. Con apenas unos días de diferencia han fallecido dos mujeres relevantes en el panorama cultural: la cineasta española Josefina Molina y la pintora e historietista iraní Marjane Satrapi. Recuerdo el impacto que me produjo hace muchos años el visionado de Función de noche (1981). En aquel film, Molina puso a los actores Lola Herrera y a Daniel Dicenta a hablar sobre su vida, su matrimonio, su ruptura y su vida. Es imposible saber cuánto hay de ficción y de realidad en esa película. Tampoco nos importa. Ya lo decía Harold Pinter: «No hay distinciones absolutas entre lo que es real y lo que no lo es, ni entre lo que es verdadero y lo que es falso. Una cosa no es necesariamente o verdadera o falsa; puede ser a la vez verdadera y falsa». Me ha parecido lamentable el poco eco mediático que ha tenido la muerte de Molina. Así es España.
Distinto ha sido el caso de Satrapi, autora de Persépolis y valiente artista que denunció el fanatismo de la teocracia islámica de su país, pero también la incomprensible deriva de cierta izquierda francesa que ha ido abandonando los valores republicanos del laicismo hasta convertirse en eso que hoy conocemos como «islamo-gauchisme». En los últimos años, Satrapi fue acusada de «sionista» y de «islamófoba» por esos mismos sectores de una izquierda que en nada se parece a lo que fue. La artista iraní llegó a criticar la complicidad del líder de la France Insoumise con Putin e Irán. Nunca se lo perdonaron. A veces la única manera de no traicionarse a uno mismo es traicionar a los demás.
«En los últimos años, Satrapi fue acusada de ‘sionista’ y de ‘islamófoba’ por una izquierda que en nada se parece a lo que fue»
Por último, la otra noticia que me parece relevante y que ha sido eclipsada por el show de Prevost es la cancelación del cineasta israelí Nadav Lapid, quien anuló su presencia en el Festival Internacional de Cine de Marsella. Lapid tuvo que renunciar a formar parte del jurado del Festival de Cine de Marsella después de que una decena de directores que iban a proyectar sus películas en el certamen las retiraran como parte de un boicot cultural hacia Israel por su presencia.
No importa que el propio Lapid se haya mostrado crítico con el siniestro y corrupto Netanyahu, no importa que haya mostrado su solidaridad con los palestinos inocentes, no importa que su cine muestre la complejidad del ser humano. Para los antisemitas, la cancelación de Lapid es innegociable. En el thriller Policía en Israel (2011), disponible en Filmin, Lapid mostraba en toda su crudeza las cuitas de un joven miembro de la unidad de élite de la policía de Israel y su lucha contra «el enemigo árabe».
Un colectivo de artistas —entre ellos el oscarizado cineasta galo Michel Hazanavicius y la actriz norteamericana Natalie Portman— calificaron el martes de «fracaso intelectual» el llamado al boicot: «Que el mayor artista disidente israelí, que trabaja incansablemente para denunciar las derivas fascistas y colonialistas de su gobierno, sus fallas morales criminales, en películas premiadas en todo el mundo, se vea obligado a retirarse de un festival francés debe alertarnos y movilizarnos más allá de esta aberración», escribe en el diario Le Monde este grupo de artistas. El texto también lo firman otros cineastas franceses como Justine Triet y Jacques Audiard, ambos con una Palma de Oro de Cannes.
Cuando los matices desaparecen, solo queda la barbarie.