The Objective
Jon Viar

Kubrick y la sombra de Epstein

«En el caso de Kubrick, las máscaras sirven a los personajes de la alta sociedad para ocultar sus rostros, pero también sus crímenes»

Opinión
Kubrick y la sombra de Epstein

Ilustración generada con IA.

En los últimos meses —con la desclasificación de los archivos del magnate financiero Jeffrey Epstein— han surgido diversas teorías conspirativas que ponen de actualidad el último film del cineasta Stanley Kubrick. Desde Atraco perfecto (1956), todas sus películas fueron adaptaciones de novelas. Eyes wide shut está inspirada en Traumnovelle, de Arthur Schnitzler, publicada en 1926. Kubrick mostró interés por esta novela desde que era joven: «Es un libro difícil de describir, ¿y qué buen libro no lo es? Explora la ambivalencia sexual de un matrimonio feliz y trata de equiparar la importancia de los sueños y de las hipotéticas relaciones sexuales con la realidad». Puede que Kubrick conociera detalles de los abusos de Epstein, pero no he encontrado pruebas de esto. Lo que sí sabemos es que en la novela de Schnitzler se habla de numerosos detalles, como la música sacra italiana para la escena del rito. La pregunta que ha surgido (al margen de bulos que proliferan en las redes sociales) es si Kubrick intentaba denunciar los abusos sexuales y violaciones del propio Epstein

En la década de los noventa, Epstein ya era consultor en empresas como Towers Financial Corporation. Por entonces era de sobra conocido por las personalidades más célebres del país. Tanto es así que se convirtió en cofundador de la Fundación Clinton. Es probable que Kubrick hubiese escuchado rumores sobre Epstein, pero antes de descartar o afirmar si el film trataba de denunciar los abusos de dicho magnate, conviene contextualizar. Como afirmaba Esteve Riambau, en 1990, tres años después del estreno de La chaqueta metálica, Kubrick «ya había rechazado un guion de Sylvester Stallone para dirigir una película sobre Edgar Allan Poe, interpretada por el propio protagonista de Rambo, y también ha descartado la inicialmente prevista adaptación de El perfume, una novela de Patrick Süskind centrada en la figura de un sensible perfumista a la vez que maníaco asesino de mujeres en el contexto de Francia durante el siglo XVIII». Entonces, ¿por qué Kubrick indagó de nuevo en Traumnovelle, un proyecto que había dejado aparcado más de tres décadas antes? ¿Tuvo Epstein algo que ver? 

El 7 de marzo de 1999, la muerte de Kubrick me produjo un gran impacto, pues no sabía que estaba enfermo, y recuerdo que ya entonces surgieron rumores que hablaban de un posible suicidio. Apenas un mes antes de su fallecimiento, logré convencer a mis compañeros del Colegio Francés de Bilbao para rodar con mi cámara analógica —y sin trípode— un remake de La chaqueta metálica. Y así lo hicimos en el patio del colegio un sábado, cuando no había nadie. Mi amigo Pablo Gutiérrez interpretaba magistralmente al recluta patoso, lo que suscitaba una gran mofa entre los compañeros de clase. En mayo de ese año me echaron del colegio.

Lo que se ha planteado en estas últimas semanas es la posibilidad de que el cineasta de origen húngaro habría sido silenciado, asesinado, y que una vez muerto su película habría sido convenientemente mutilada en la sala de montaje. En el podcast de Joe Rogan, el cineasta Roger Avary afirmó que Kubrick tenía pensado incluir una voz en off (del mismo modo que había hecho en La naranja mecánica o en La chaqueta metálica), y que la escena final en la juguetería permitía ver cómo la hija del matrimonio formado por Tom Cruise y Nicole Kidman era entregada a dos miembros de la secta. ¿Es realmente así? Confieso que jamás lo había percibido. Según el director de montaje Nigel Galt, la versión estrenada en 1999 es prácticamente idéntica a la última que Kubrick supervisó. Si hubo algunas mínimas alteraciones, fue para asegurar la calificación por edades. Por otra parte, es cierto que Larry Smith, director de fotografía de la película, afirmaba en el podcast It happened in Hollywood que «hay tantas teorías de conspiración hoy en día que es difícil saber cuáles se deben creer y cuáles no, pero creo que somos lo suficientemente inteligentes como para entender hasta qué punto las cartas están marcadas».

Es cierto que los rituales del film de Kubrick ocurren en una mansión, igual que hacía Epstein. Para entrar en dicha mansión, Bill —interpretado por Cruise— debe decir cuál es la contraseña a los guardias. Esa clave es la que su viejo colega, ahora pianista, le ha desvelado esa misma noche. Se trata de «Fidelio», como la ópera en dos actos que escribió Beethoven. Sin embargo, la música de la película es contemporánea. El tema principal es de Gÿogy Ligeti —quien ya había compuesto temas de 2001 y de El resplandor—. Hay también temas sugerentes de Jocelyn Pook y una pieza de Franz Liszt, pero lo más interesante es el Vals 2 de la Jazz Suite de Shostakóvich, que escuchamos al principio y al final del film. Como indica Christian Aguilera: «El vals funciona aquí como conector premonitorio de lo que va a ocurrir luego. Nos da una pista de cuál va a ser el leitmotiv dramático del film: el baile de máscaras». Y añade: «Otro ejemplo de la conexión diegética de la música con la imagen se halla en la secuencia del baile de máscaras en el que suena Strangers in the night mientras los invitados, escondiendo su identidad tras una máscara, bailan con otros desconocidos».

En efecto, una de las cuestiones más inquietantes del film es la utilización de las máscaras, algo muy presente en la filmografía del cineasta. Tanto los atracadores de Atraco perfecto como los descerebrados personajes de La naranja mecánica utilizaban caretas de goma o máscaras para cometer sus delitos. También los astronautas de 2001: A Space Odyssey se ponían su escafandra. Incluso podríamos comentar también las pelucas y exagerados maquillajes de los personajes de Barry Lyndon y hasta qué punto podrían ser considerados máscaras. Sin duda, Kubrick vio en su día el mediometraje de Orson Welles sobre El mercader de Venecia. De hecho, algunas de las máscaras que aparecen en Eyes wide shut son una copia exacta de las que aparecen en el film de Welles. En el caso de Kubrick, las máscaras sirven a los personajes de la alta sociedad para ocultar sus rostros, pero también sus crímenes. El personaje de Victor Ziegler —magníficamente interpretado por el cineasta Sydney Pollack— le explica la situación a Bill (Tom Cruise) en estos términos: «Esas no eran personas comunes y corrientes. Si te dijera sus nombres… no, no te los voy a decir… pero si lo hiciera, no creo que pudieras dormir tan bien por la noche». ¿Es pertinente hablar de una gran conspiración para matar a Kubrick? Probablemente todo sea más sencillo; la trama de la novela de Schnitzler y la película de Kubrick son, desgraciadamente, universales. Siempre habrá perversos que abusen de su poder.  

Publicidad