La República Francesa premia al rey Juan Carlos
«Se siente orgulloso de haber elegido la palabra ‘reconciliación’ como título del libro, porque eso, su afán por reconciliar a los españoles, ha sido el móvil de toda su vida»

Ilustración de Alejandra Svriz
El 5 de noviembre del año pasado, la editorial francesa Stock publicó la primera edición de Réconciliation, el libro de memorias que, con la colaboración de la escritora franco-venezolana Laurence Debray, había escrito en francés nuestro rey don Juan Carlos. Libro que, inmediatamente, tuvo un enorme éxito entre el público francés. Como también lo ha tenido en España desde que, en diciembre, apareció su traducción al español.
Pues bien, el pasado sábado 11 de abril, organizado por la asociación Lire la Societé y por la Asamblea Nacional Francesa, se celebró en los locales de esta Asamblea, que es el Parlamento de Francia, la 35.ª Jornada del Libro Político, correspondiente a este año, en la que se entregó a don Juan Carlos un Premio Especial por su libro, al haberlo considerado una obra que aumenta lo que conocemos de la historia política de España y, consiguientemente, de Europa. Se trataba de una decisión del Jurado del Premio del Libro Político, presidido este año por una prestigiosa historiadora, especialista en estudios sobre el Holocausto, Annette Wieviorka, de origen judío —sus abuelos fueron asesinados en Auschwitz— y que fue maoísta en su juventud.
Los organizadores de la jornada, presidida por la presidenta de la Asamblea Nacional, Yaël Braun-Pivet, invitaron al premiado a participar y a dirigir unas palabras a los asistentes, entre los que estaban dos ex primeros ministros franceses, Manuel Valls y Elisabeth Borne. Y don Juan Carlos estuvo allí y les habló en su impecable francés, que no hay que olvidar que fue la lengua en que aprendió a leer y a escribir cuando era un niño en el exilio de su familia en Lausanne.
En sus palabras, don Juan Carlos, además de agradecer el premio, no se escabulló y abordó algunas de las críticas que su libro ha provocado entre aquellos que consideran que debe seguir en su destierro de Abu Dabi y no volver a España.
Así, empezó señalando que «no es habitual que un rey escriba sus memorias». Pero que, como se han escrito miles de páginas sobre él y su trayectoria, pensó que no estaría mal que él escribiera algunos cientos de páginas para explicar en primera persona cómo ha vivido los importantísimos acontecimientos de la Historia en los que ha sido protagonista.
«Estaba muy contento de haber logrado esa reconciliación, después de una terrible guerra civil y una larga dictadura»
Dijo, de manera directa, que se siente orgulloso de haber elegido la palabra «reconciliación» como título del libro, porque eso, su afán por reconciliar a los españoles, ha sido el móvil de toda su vida, desde que, muy pequeño, comprendió que le estaba reservada una responsabilidad muy especial.
Y estaba muy contento de haber logrado esa reconciliación, después de una terrible guerra civil y una larga dictadura. Explicó cómo heredó de Franco todos los poderes y cómo dio todos los pasos necesarios para, en el menor tiempo posible, devolver esos poderes al pueblo español.
Para terminar, sus palabras proclamando que siempre ha estado al servicio de su patria, al tiempo que dejaba caer la lapidaria frase de que «nadie es profeta en su tierra», con la que resumía su tristeza y su nostalgia por tener que vivir fuera de esa Patria a la que ha dedicado su vida y a la que ha proporcionado el bien más preciado, su libertad.
Al terminar sus palabras, el público francés, puesto en pie, prorrumpió en una intensa y emocionante ovación, que confirmaba el acierto del Jurado al concederle ese Premio Especial, así como el enorme éxito que en Francia ha tenido el libro.
«Se han fijado en la importancia que para el resto de países europeos tuvo la incorporación de España a la democracia»
Que el establishment intelectual y político de esa república por excelencia que es Francia reconozca sin reservas no sólo la calidad de esas memorias, sino la labor que don Juan Carlos llevó a cabo como Rey de España, nos debería dar que pensar a los españoles, que vemos cómo pasan los días con el Rey fuera de España y sufriendo descalificaciones enormemente injustas.
Los que le han dado el premio, además de valorar su papel fundamental en la recuperación de la libertad en nuestra patria, se han fijado en la importancia que para el resto de países europeos tuvo la incorporación de España a la democracia, pues, no en vano, España es y ha sido siempre uno de los principales países de Europa.
Este de proyectar España y lo español en el resto del mundo es otro de los papeles fundamentales que ha representado don Juan Carlos y que, con nuestra legendaria ingratitud, no valoramos y agradecemos lo suficiente. Cuando ahora vemos al yerno de Sabiniano, que no para de inventarse viajes innecesarios por el mundo porque no puede pasear por las calles de España, deberíamos recordar la ingente labor de don Juan Carlos llevando el nombre de España por todos los rincones del mundo y, especialmente, por los más importantes. De esto nos ha dado una estupenda relación el historiador Charles Powell en un reciente y denso libro, El Rey Juan Carlos y la proyección exterior de España, que es un extraordinario inventario de argumentos para estar aún más agradecidos al Rey, que, además de conseguir la reconciliación de todos los españoles, nos devolvió la libertad y colocó a España donde tenía que estar en el mundo y de donde el sanchismo nos está sacando.