The Objective
Santi González

El Follonero, cámara de revisión del Supremo

«En el fondo hay algo aún más turbador: el Follonero se equipara al Constitucional y se erige también en Tribunal Supremo del Tribunal Supremo»

Opinión
El Follonero, cámara de revisión del Supremo

El periodista Jordi Évole durante su entrevista al etarra Josu Ternera.

El procedimiento judicial en España se está convirtiendo en un asunto algo lioso por muchas circunstancias: Está la escasamente disimulada voluntad de confundir el título IX de la Constitución, Del Tribunal Constitucional, con el Título VI, Del Poder Judicial y aun de incrustar aquel en éste, poniéndolo por encima. Así, el artículo 123.1 que define al Tribunal Supremo como «el órgano jurisdiccional superior en todos los órdenes, salvo lo dispuesto en materia de garantías constitucionales», debe entenderse completado con la aclaración de que se entenderán vulneradas las garantías constitucionales de los justiciables siempre que el Constitucional así lo entienda, en cuyo caso dicho Tribunal de Garantías se convertirá en Tribunal de Apelación, un Tribunal Supremo del Tribunal Supremo.

Luego hay otro asunto que está interfiriendo en la aplicación de la Justicia, que es la intervención inadecuada de algunos sujetos en procedimientos judiciales cuando estos no son todavía firmes. El domingo tuvimos un caso con el ex fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, que intervino en su propia causa con una entrevista a ese raro espécimen del periodismo que responde al nombre de Jordi Évole en el prime time de La Sexta. Allí habló de todo lo relacionado con el proceso que lo ha condenado a inhabilitación por el Tribunal Supremo como autor de un delito de revelación de secretos, fallo que está recurrido por el condenado y que por tanto no es todavía firme.

El asunto ha sido completado por el dizque periodista con un primer reto a los autores de la condena, con un tuit probablemente irónico: «Un saludo a los jueces de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, que esta noche van a ver La Sexta», escribió el domingo y redoblaba poco antes de la medianoche, una vez emitido el despropósito con un poquito de recochineo: «Las puertas de Lo de Évole siguen abiertas a cualquiera de los protagonistas de Lo del Fiscal: Presidenta de la Comunidad de Madrid, su jefe de Gabinete, el señor González Amador o los magistrados de la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Gracias por acompañarnos una temporada más».

La equivalencia entre todos los citados que presupone la disyuntiva ‘o’ en lugar de la copulativa ‘y’, es, en primera instancia, una idiotez y una confesión paladina de ignorancia, pero en el fondo hay algo aún más turbador: el Follonero se equipara al Constitucional en la viciada interpretación descrita más arriba y se erige también en Tribunal Supremo del Tribunal Supremo. Alguien, quizá el ministro de Justicia, debería incrustar a Jordi Évole en el Título VI, por el procedimiento agravado que la Constitución prevé para sus enmiendas, con el preceptivo referéndum incluido.

Y ya que hablamos del ministro de Justicia, digamos que él ha incurrido en la misma interferencia que acabamos de señalar por parte del ex fiscal general del Estado, también en una causa que se está juzgando en el Supremo, el caso de las mascarillas, también llamado el caso Koldo.

 El ministro Bolaños ha demandado a uno de los procesados por haber vulnerado su derecho al honor tras acusarle «falsamente», según él, de intentar sobornarle y comprar su silencio en medios de comunicación y redes sociales, asunto por el que le reclama 70.000 euros en concepto de daños y perjuicios por la acusación, falsa, según Bolaños, de intentar sobornarlo.

No me tengo por experto en la tasación de bienes inmateriales como puede ser el derecho al honor, pero así, a ojo, juraría que Bolaños ha evaluado el suyo muy por encima de lo razonable, cuando a lo largo de toda la temporada viene a ponerlo en almoneda un miércoles tras otro, en sus respuestas inanes y extemporáneas a las preguntas que le formula Cayetana Álvarez de Toledo.

Por si a alguien le quedan dudas sobre el tema, ha salido a defender sus argumentos Óscar López, que en otro tiempo se afanaba en recoger pruebas de los prostíbulos de Sabiniano para usarlas contra su yerno. Y ha reaccionado la futura víctima de Isabel Díaz Ayuso con una entrevista en La 1, de que la demanda interpuesta por Bolaños es «un ejemplo maravilloso» y «perfecto» de que Víctor de Aldama habría lanzado «mentiras clarísimas y muy contundentes». Óscar López insistía: «Se han dicho cantidad de mentiras y barbaridades que son absolutamente falsas, por una persona que entiendo que su estrategia de defensa ha sido intentar acusar a todo el mundo de hacer cosas que no son verdad». La defensa de Aldama, el gran Choclán, acaba de pedir al Supremo que incorpore la grabación del 9 de abril de 2019 en la que Koldo y Ábalos involucraban a Begoña Gómez en la operación del complejo Velázquez que ella quería para el Instituto de Empresa, por lo que Aldama tuvo que retirar su oferta. Todo el sanchismo ha acusado a Aldama de mentiroso, pero es el único actor de esta comedia cuyas afirmaciones no han sido desmentidas por los hechos ni por la UCO.

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