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Energía

Red Eléctrica gasta 366 millones en un aparato antiapagón que ya tenían las plantas de carbón

El desmantelamiento de estas centrales provocó la pérdida de compensadores síncronos para estabilizar la red

Red Eléctrica gasta 366 millones en un aparato antiapagón que ya tenían las plantas de carbón

Sara Aagesen en la reunión del Comité creado por el Gobierno.

El pasado 4 de mayo, el gestor de la red, Red Eléctrica, aprobó una modificación en su vigente plan de la red para añadir una inversión adicional de 607 millones de euros «para mejorar la estabilidad del sistema y garantizar un funcionamiento seguro». Más de la mitad de ese presupuesto, 366 millones, se destinará a cuatro compensadores síncronos (máquinas que sirven para controlar la tensión).

El problema que sufre hoy España —con una red al límite que sufre sobretensiones por su crecimiento— ya se debatió hace décadas en Estados Unidos. En ese momento, lo que se planteó allí fue convertir centrales de carbón en compensadores síncronos. Algo que también se puede hacer con otras tecnologías, como las centrales de ciclo combinado (gas). No obstante, en España se optó por un plan total de desmantelamiento del carbón.

Este movimiento del gestor de la red está alineado con los intereses del Gobierno, que el pasado 8 de julio promovió —a través del Ministerio de Transición Ecológica— un listado de actuaciones en la red de transportes tras el apagón y donde se incluyó la compra de compensadores síncronos por primera vez en la Península. Además, a Red Eléctrica, señalan fuentes del sector, le interesa apostar por compensadores síncronos porque así el sistema le reconoce como «inversiones del transportista» estos activos y recibe una retribución anual.

Red Eléctrica, por medio de sus modelos, buscará los lugares donde regular la tensión, previsiblemente allí donde predomine la energía solar (que es la fuente inestable que necesita refuerzo cuando hay sobretensiones en la red). El gestor de la red ha reconocido la sobreproducción de energía solar en su reciente informe: «La concentración de nueva generación fotovoltaica en Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha genera flujos sur-norte significativamente superiores a los considerados inicialmente en el escenario de Planificación de la Red de Transporte 2021-2026. Debido a ello, ha aumentado la necesidad de acoplamiento de grupos de ciclo combinado por restricciones técnicas para atender las necesidades del sistema ante variaciones de producción y de los programas por las interconexiones con Francia».

De esta forma, lo que el Gobierno y Red Eléctrica plantean es, en lugar de instalar una central síncrona (como la nuclear o los ciclos combinados), montar un compensador. Por otro lado, fuentes del sector remarcan que no se están aprovechando los lugares donde estaban o están las centrales de carbón, que tienen ya los puntos de conexión construidos. Un escenario clave porque lo más importante para regular la red es el sitio.

Cabe mencionar que los compensadores síncronos requieren un ecosistema alrededor porque se trata de un edificio industrial. Otra de las críticas que hacen en el sector es que Transición Ecológica apueste por comprar nuevos compensadores cuando se puede estudiar el desarrollo de estos en las centrales hidroeléctricas reversibles, que tienen un modo incorporado para regular solo la tensión sin aportar potencia activa al sistema. De hecho, estas centrales ayudan en los momentos en los que las centrales nucleares paran para recargar, ya que dejan la zona completamente sobretensionada.

España vs EEUU

El ecosistema del carbón se ha reducido a su mínima expresión en España y el campo de estudio se ha limitado ya a solo algunos organismos o departamentos reducidos, como el Instituto de Ciencia y Tecnología del Carbono (Incar) de Oviedo (Asturias) y el Instituto de Carboquímica de Zaragoza (Aragón), que investigan dicho ámbito de estudio. Ambos pertenecen al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Por otro lado, hay asociaciones —como el Grupo Español del Carbón (GEC)— cuyos profesionales investigan el desarrollo del material del carbón para aplicaciones catalíticas (industria química) o energéticas.

Un escenario muy distinto al de Estados Unidos, que sí está apostando por el carbón como tecnología clave para mantener el suministro eléctrico «asequible y fiable». El pasado 11 de febrero, el Departamento de Energía anunció una inversión de 175 millones de dólares para modernizar las centrales de carbón. La seguridad energética es una de las principales preocupaciones del Gobierno de Donald Trump. De hecho, se han emitido órdenes de emergencia para mantener abiertas las centrales de carbón de Indiana y Colorado. «Las políticas de restricción energética de la Administración anterior habrían llevado a Estados Unidos a sufrir muchos más apagones en los próximos años. Afortunadamente, el presidente Trump no permitirá que eso suceda», sentenció el secretario de Energía, Chris Wright.

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