Zapatero se citó con la cúpula del Partido Comunista Chino en plena trama del petróleo
Su viaje a Pekín se produjo poco antes de las elecciones venezolanas en las que él mismo validó el pucherazo de Maduro

José Luis Rodríguez Zapatero reunido con un alto cargo del PCCh en Pekín.
El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, efectuó un viaje a China en 2024 en el que se reunió con diversos altos cargos del Partido Comunista (PCCh). La visita se produjo en un momento clave para uno de los frentes de negocio que había abierto previamente la trama del caso Plus Ultra: el del petróleo venezolano. A principios de ese año, dos de los empresarios venezolanos que pagaron a las sociedades vinculadas a Zapatero dieron orden a Julio Martínez, presunto testaferro del expresidente, para que aceleraran las gestiones encaminadas a vender crudo venezolano a China. «Los chinos listos para comprar barcos», señalaban. Las elecciones venezolanas de julio de ese 2024 amenazaban con desalojar al chavismo del poder en Caracas.
El viaje de Zapatero a China de ese año se produjo solo unos meses después de que la red ahora investigada por la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía (UDEF) diese luz verde a uno de sus negocios de petróleo venezolano. Crudo sobre el que en ese momento pesaba un embargo internacional y cuya única salida era su venta irregular en aguas internacionales a países como Rusia o China, principalmente esta última.
A principios de julio de ese 2024, Zapatero se desplazó a China para mantener una serie de encuentros con altos dirigentes del Estado. Allí se produjo un encuentro con Ma Hui, un viceministro de Xi Jinping al frente del Departamento Internacional del Comité Central del Partido Comunista de China, la sección del partido sobre la que recae la diplomacia y las relaciones internacionales y que representa el principal órgano de política exterior del país asiático.
«Ma afirmó que el expresidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, lleva mucho tiempo comprometido con el fomento de las relaciones entre China y España, y entre China y Europa», aseguraba entonces una nota oficial del PCCh. Zapatero también realizó declaraciones en esa cita, reflejadas en esa misma comunicación oficial: «Abogo por profundizar la cooperación económica y comercial mutuamente beneficiosa y me opongo al proteccionismo comercial. La situación internacional actual es turbulenta. España concede gran importancia al estatus e influencia internacional de China, y está dispuesta a ampliar aún más los canales de diálogo y las áreas de cooperación con la parte china». La reunión con Ma Hui no fue la única cita del expresidente con altos dirigentes comunistas chinos. También se vio con Yin Li, secretaria general del Comité del PCCh en Pekín.
Estos encuentros —tal y como se desprende ahora de la investigación en fase «embrionaria» que está llevando a cabo la Policía Nacional— se produjeron en un momento clave para la trama del caso Plus Ultra en su vertiente del petróleo. En enero de ese mismo año, dos de los empresarios venezolanos que pagaron tanto a Zapatero como a sus hijas dieron instrucciones para iniciar el trámite con el que esperaban vender toneladas de crudo a China.
Domingo Arnaldo y Guillermo Alfredo Amaro Chacón, propietarios de la sociedad fantasma Inteligencia Prospectiva, bien conectados en Caracas con el Gobierno de Nicolás Maduro y con PDVSA —tal y como adelantó TO—, reenviaron a Julio Martínez dos mensajes de texto que los investigadores consideran el pistoletazo de salida para este negocio.
«Coke. Preparen LOI». Hacían referencia a un derivado del petróleo y a la preparación de una letter of intent (carta de intención). «De los mensajes analizados se desprende que, para acceder a la operativa de compraventa de petróleo, los potenciales compradores deben canalizar necesariamente la gestión a través de la red de influencia articulada, quienes han de dirigirse a José Luis Rodríguez Zapatero mediante la preceptiva Letter of Intent (LOI)», explica la UDEF.
La cadena de mensajes entre los Amaro Chacón y el testaferro de Zapatero continúa apuntando que «los chinos [están] listos para comprar barcos. Listo para viajar a reunirse con la Dama y Ministro Petróleo». Hacen referencia a Delcy Rodríguez, entonces vicepresidenta venezolana. La propia UDEF asume que el alcance de esta operación va más allá de un negocio puramente económico: «Excede de forma manifiesta las capacidades y funciones propias de un empresario común, incidiendo en asuntos de Estado de primer nivel que nada tienen que ver con la operativa habitual de una sociedad mercantil».
De hecho, tal y como recoge el informe policial de la UDEF, fue Zapatero quien se convirtió en receptor final de las cartas de intención que enviaban empresas chinas para conseguir cupos de petróleo venezolano. Se adjunta, incluso, una carta enviada a la sede socialista de Ferraz por la China International Cultural Technology Resources, una empresa estatal bajo dominio del Partido Comunista, en la que muestran interés por el petróleo y «minerales preciosos».

Antes del pucherazo de Maduro
Apenas unas semanas después de ese viaje a China, Rodríguez Zapatero se desplazó al otro país involucrado en la operación del crudo. Voló a Venezuela el 26 de julio como observador en representación del Grupo de Puebla, organización creada en 2019 que reúne a exmandatarios y políticos de izquierda latinoamericanos y europeos, para presenciar los comicios que decidirían si Nicolás Maduro continuaba en el poder tras más de una década.
Su actuación durante la jornada electoral y los días posteriores fue muy polémica. Tras la celebración de los comicios y la proclamación de Maduro como ganador por parte del Consejo Electoral chavista, en medio de acusaciones generalizadas de fraude y sin respaldo documental de actas, Zapatero guardó silencio durante semanas.
Como se sabría más tarde, Zapatero habría presionado a diversos integrantes del Grupo de Puebla para que no mostrasen su oposición a los resultados electorales venezolanos, argumentando que poner en duda la victoria de Maduro favorecería una respuesta violenta en las calles. Poco después, el Centro Carter manifestó que no podía verificar ni corroborar la autenticidad de los resultados declarados por el Consejo Nacional Electoral venezolano.

