El presunto Zapatero, a punto
«El caso Zapatero es el caso Plus Ultra, tal como había revelado el equipo de Álvaro Nieto hace cinco años y como confirma la ciega adhesión mostrada por su partido»

Ilustración generada mediante IA.
El penúltimo presidente del Gobierno perteneciente al PSOE ha sido imputado por el juez Calama, de la Audiencia Nacional, a cuenta de tres posibles delitos: pertenencia a organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental en el rescate de Plus Ultra. Es uno menos de los que el juez Peinado imputa a Begoña Gómez, aunque uno de ellos, pertenencia a organización criminal, no casa con la hija catedrática de Sabiniano por no pertenecer a la cuadrilla. Ella figura ahí por estar casada con el número uno de la banda y por hacer negocios en su condición de tal.
Es inevitable preguntarse cuántos de los 947.713 votantes que apoyaron al PSOE el domingo habrían desistido si la noticia de la imputación de Zapatero se hubiera hecho pública el viernes, pongamos por caso. Me temo que un número estadísticamente irrelevante.
Uno conoció socialistas decentes, pero eran otros tiempos. Recuerdo a Paco Vázquez, alcalde de La Coruña durante cinco mandatos, Nicolás Redondo, José Luis Corcuera, un socialista que supo dimitir como ministro, y Joaquín Leguina. Ninguno de los cuatro sigue hoy en el PSOE. O han devuelto el carné del partido o se lo han quitado.
«No pararán», alertaba en plan Casandra la portavoz Montse Mínguez por la decisión de los jueces. Si pararán o no dependerá de cuántos delincuentes haya todavía en vuestras filas, criatura. Hay otro análisis posible: que la imputación hubiera sido acordada hace ya días y que no se haya hecho pública hasta después de las elecciones, para no perjudicar a la candidata de la Mínguez. Lo cierto es que la inminente imputación, por decirlo con expresión lorquiana, era un runrún creciente, un río que viene cantando por los dormitorios de los arrabales, y es plata, cemento o brisa, en el alba mentida de Madrid.
En su rueda de prensa habitual de los martes, la portavoz del Gobierno, Elma Sáiz, dijo: «Desde esta mesa, respeto a la Justicia». Desde otras plataformas, barra libre, debió haber aclarado. ¿Qué quiere decir respeto a la justicia? ¿La acusación a los jueces de acoso empecinado al socialismo con que Montse Mínguez ha parafraseado el ‘No pasarán’ de la Pasionaria?
«La noticia de que agentes de la UDEF estaban registrando ayer por la mañana el despacho de Zapatero y la oficina de las góticas fue como un aldabonazo para la opinión pública»
¿Qué quiere decir respecto a la justicia? Las palabras de Aznar, «el que pueda hacer que haga», citadas por la secretaria de Organización, Rebeca Torró, atribuyéndoles el carácter de una consigna seguida mansamente por los jueces de la Audiencia Nacional. O sea, acusando a la Audiencia de un delito de prevaricación. Que el Follonero se haya apuntado al tema solo prueba la afinidad intelectual entre ambos. Ya antes, un ministro de Sánchez, precisamente el de Justicia, había acusado de prevaricación a los jueces del Tribunal Supremo y el par principal, Pedro y Bego, habían mostrado su respeto negándose a responder al juez Peinado y planteando querellas por prevaricación contra él, rechazadas por el TSJM. Ese es el respeto a la justicia que reclama la portavoz del Gobierno.
Era un secreto a voces, pero la noticia de que agentes de la UDEF (¿qué coño es eso de la UDEF, que dijo el camarada Pujol?) estaban registrando ayer por la mañana el despacho de Zapatero y la oficina de las góticas, las hijas guiadas hacia el sendero del mal por un padre envilecido y envilecedor, fue como un aldabonazo para la opinión pública española. Parece haber una tradición socialista de que los secretarios de Organización caigan a pares y que con los secretarios generales vaya a pasar lo mismo. El caso Zapatero es el caso Plus Ultra, tal como había revelado el equipo de Álvaro Nieto hace ya cinco años y como confirma la ciega adhesión a Zapatero mostrada desde ayer por su partido. El sanchismo ha podrido todo lo que ha entrado en contacto con él: la familia del mando, el Gobierno y, por supuesto, el partido. No se pregunte el lector por un socialismo que albergue una parte decente. El PSOE es hoy un partido muerto desde el punto de vista intelectual, político y moral. Tengo una cierta curiosidad por saber si hoy repetirían aquel estúpido gesto de la ceja y el canto a coro de ‘Defender la alegría’ que con tanto ardor impulsaron los intelectuales, artistas y otras especies asimiladas agrupadas en la Plataforma de Apoyo a Zapatero (PAZ). Eran unos 2.000, encabezados como de costumbre por Almodóvar, Víctor Manuel, Ana Belén, Migue Ríos, Serrat y compañía. Que yo sepa, solo se han caído de aquel guindo José Sacristán y Joaquín Sabina; un respeto para ellos.